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martes, 6 de junio de 2017

El hermano victorioso. Cuento

Autor: ShaniShaktiAnanda

Había una vez dos hermanos que vivían en la misma casa.

Si bien debían trabajar con su padre para mantener un mismo hogar, ambos tenían ideas diferentes, métodos diferentes y era más el tiempo que pasaban peleando entre ellos que trabajando juntos.

Llegó el día en que su padre tuvo que ausentarse por un tiempo; y como ambos hermanos ya eran mayores de edad, su padre les dejó encargados de sus negocios, de sus tierras y de su madre, que ya estaba mayor.

Ambos defendían sus ideas y trabajaban por ellas, pero un hermano no cabía en los planes del otro.

Ambos trataban de hacer lo suyo, pero cada quien alaba para su lado y el negocio comenzaba a deteriorarse; las tierras quedaban abandonadas; y la única que parecía sufrir era la madre.

Uno hacía negocios y el otro se los criticaba; pero tampoco aportaba mucho.

Uno se negaba a cuidar las tierras porque decía que era deber del otro, pero el otro tampoco lo hacia por no dar la razón al primero; así iban quedando abandonadas.

Se perdían cosechas; se desaprovechaban oportunidades; y ni de día ni de noche, no podían ni cruzarse en el camino.

De vez en cuando su madre, que cada vez estaba más deteriorada, los reunía juntos y trataba de que dialogaran; pero ambos gritaban y argumentaban sus razones como las únicas válidas.

Pasó algún tiempo y la situación del negocio fue tan mala, las tierras tan abandonadas y su madre tan deteriorada; que toda está desgracia comenzó a comentarse en los otros pueblos.

Algunos vecinos comenzaron a querer ayudar, pero algunos pocos se ponían de parte de uno de los hermanos, otros de parte del otro; y muchos no se querían involucrar, pues tenían sus propios problemas.

Entonces, llegó la noticia a oídos del padre, quien estaba lejos, y dijo:

Deberé emprender el viaje de vuelta. Les confié mis posesiones a ambos hijos y ninguno supo hacer el trabajo; tendrán que aprender la lección”

En los siguientes días, los hermanos arreciaron sus luchas; y uno de ellos, el mayor, utilizó toda su parte de la riqueza que debía administrar, simplemente para ganarle a su hermano.

Pero un “golpe de mala suerte” le llegó al mayor; o tal vez se le venció el plazo de gracia ante las consecuencias de sus actos.

La debilidad del hermano mayor hizo que el menor comenzara a sentirse con mayor fuerza; y a pesar de tener menos recursos, vio caer a su hermano mayor: enfermo y acabado.

Entonces llegó el padre a su casa. El hermano menor fue corriendo a recibirle y le dijo:

Padre, padre; merezco la recompensa de la victoria. Dios mismo se ha ocupado de demostrar que mi hermano ha obrado mal, dándole sufrimiento y haciéndole acabar mal. Esa es la señal de que él era el quien obraba mal.”

El padre le reclamó:

¿Cuál recompensa? ¿Qué victoria? ¿Acaso puede tener recompenza la lucha que ustedes mismos se inventaron por su inmadurez?”

Ustedes debieron haber trabajado juntos, debieron haber construido juntos. Pero hicieron todo lo contrario; lucharon contra ustedes, se destruyeron entre ustedes; y vuestra pobre madre, casi moribunda está en cama llorando.”

“¿Cuál recompensa quiere que te dé?”

Y el padre fue a ver al hermano mayor, quien estaba tirado en la puerta fuera de la casa. Y este le dijo:

Padre mío, tu hijo menor me ha engañado y me ha destruido. No creas nada de lo que te diga.”

El padre furioso le dijo al hijo mayor:

¿Tú me dices que tu hermano te ha destruido?”

Estás sufriendo la propia consecuencia de tus actos, pero simplemente porque a ti te han llegado primero. Tu hermano aún está de pié y se siente victorioso porque la Justicia Divina aún no sentencia sobre él. Pero lo hará; y lo hará tan duro como lo ha hecho contigo.”

El hermano menor, que estaba oyendo, reclama al padre, entre el miedo y la indignación:

¡Pero padre! Yo si quería lo mejor para los negocios, para las tierras y para mi madre, ¿por qué dices que he de sufrir?”

El padre, con un dolor inmenso de corazón le dice a ambos:

Porque ustedes ambos son mis hijos por igual; y mis negocios, mis tierras y vuestra madre no eran asunto individual de ninguno de los dos.”

“Ambos debían trabajar juntos entendiendo que trabajaban para mí, ninguno trabajaba para sí mismo, ninguno tenía las mejores ideas. Tanto yo como vuestra madre los necesitábamos a los dos y cada uno por su parte ha destruido todo.”

“Esto no es victoria para uno ni castigo para el otro. Esto será pena y oprobio para ambos hasta el fin de los tiempos.”

Ambos seguirán trabajado por su cuenta; y hasta sus bisnietos deberán pagar todo lo que ustedes destrozaron por querer hacer las cosas a sus maneras.”
Ambos hijos dijeron a la vez:

Pero padre, ¡perdónanos!”

Y el padre, con voz profunda pero justa dijo:

Aunque sientan que todo terminó, no pidan que les perdone; ya que ustedes en plena lucha no se perdonaron entre sí. No pueden pedir ahora lo que ustedes nunca intentaron entre ustedes.”


Y de esta forma, el padre trajo a otros trabajadores para volver a sacar sus negocios, sus tierras y su hogar adelante.

Con el tiempo, sus hijos retomaron el trabajo, pero ya como peones; alejados de la vista del padre.

Pero el hermano mayor, maltrecho y arruinado, desacreditado por todos, comenzó a trabajar humilde, a corregir sus acciones y a enseñar a su familia a no cometer los errores que él había cometido. Así, poco a poco, fue pagando su deuda con la vida.

En cambio, el hermano menor, que a pesar de las palabras de su padre aún se sentía victorioso, fue quien la pasó peor. Por creerse ganador, este nunca sintió las ganas de corregirse y siguió acumulando desatinos por su cuenta. Esto trajo consecuencias que se extendieron en sufrimientos a sus pobres descendientes.


Moraleja: “En una lucha entre hermanos, ninguno gana; a pesar de que uno parezca que sale victorioso.”

Fin.
(SSA 06junio2017)

Namasté.
ShaniShaktiAnanda
Master Reiki Usui-Tibetano, Karuna Ki, Reiki Mineral
Original: 523AS. (06 de junio del 2017)http://www.shanishaktiananda.com
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Palabras-claves cuento, padre hermanos, lucha, mayor, menor.

Qué esperar de Dios

Autor: ShaniShaktiAnanda

Veamos; “qué esperar de Dios” no es una pregunta que se hace el común de las personas cuando está en problemas y espera la ayuda de Dios. Y no se la hacen porque están convencidas de que Dios es todo poderoso y puede hacer lo que sea por ellas.

Están convencidas o por lo menos eso les han hecho creer.

Cuando asomo la idea bíblica de que Dios puede no hacer por nosotros lo que nosotros esperamos, la mayoría de las personas dejan de leerme o de escucharme o me sacan de sus redes sociales. Ojalá este no sea tu caso; ojalá termines de leer con el corazón abierto. Este escrito puede ser simplemente lo que Dios necesita darte como respuesta a tus peticiones.

Voy a remitirme a un solo fragmente de nuestra Santa Biblia (ya tratado ampliamente en mis enseñanzas) Jesús les decía a la gente:

Juan 14:21 (NVI)

21 ¿Quién es el que me ama? El que hace suyos mis mandamientos y los obedece. Y al que me ama, mi Padre lo amará, y yo también lo amaré y me manifestaré a él».

Este no es el único pasaje de la Santa Biblia donde Jesucristo enseña que el amor de Dios Padre no es gratuito.

Una simple comprensión de este pasaje expone la idea muy claramente: Dios Padre ama a las personas que aman a Jesucristo (su Hijo); y alguien ama a Jesucristo únicamente si cumple con sus mandamientos.

¡Dios mío! Espero que esta lógica básica no sea difícil de digerir y no traiga malestares para algunos. Si no, les invito a que lean lentamente las dos líneas y media del versículo.

Si aún tienen dudas y creen que puse la cita mal, les invito a que busquen cualquier otra versión de la Santa Biblia.


Pero ¿cuáles son los lineamientos de Jesucristo?

Pero si ya subimos el primer escalón de entender que el amor de Dios se debe merecer, la siguiente pregunta lógica pudiera ser: ¿Cuáles son los lineamientos que Jesucristo espera que cumplamos antes de asegurar que le amamos?

Aquí aparece la “ingenuidad cristiana” con las que muchas iglesias se han mantenido, con personas respondiendo como lineamientos de Jesucristo: ir a misa, confesarse, comulgar, no decir mentiras, rezar el rosario, ir al templo, darle un plato de comida a los hambrientos, ayudar a los enfermos; algunos citarían algunos de los Diez Mandamientos, pero muy pocos responderían correctamente que los mandamientos de Jesucristo están definidos en El Sermón del Monte (Mateo capítulos 5, 6 y 7).

En estos tres grandes capítulos, Jesucristo señala un poco más de quince actitudes de vida que debería seguir toda persona que se quiere decir “seguidor del Cristo” (cristiano).

No voy a repetir aquí lo descrito en el Sermón del Monte; ya que he hablado y escrito tanto sobre ello que corro el riesgo de ser fastidio. Pero lo que sí voy a recordar es que estos mandamientos, si bien son específicos, se basan en dos basamentos más generales.

Los dos mandamientos de base son: “el primero” y “el segundo”. No bromeo; digo esto porque el orden de ellos es indispensable. Si no se cumple el primero de los mandamientos, no se puede decir que el segundo sí se cumple. Y Jesucristo dijo:

Marcos 12:30-31 (RVR1960)

30 Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Este es el principal mandamiento.
31 Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay otro mandamiento mayor que estos.

Amarás a Dios SOBRE TODAS LAS COSAS; y a tu prójimo como a ti mismo. Cumplidos estos dos mandamientos se abre la posibilidad de cumplir los más específicos del Sermón del Monte. Quiere decir que si estos dos mandamientos no se vuelven una realidad en una persona; esa persona difícilmente puede intentar ser cristiana.

Pero ahora me quiero quedar solo con el primero de ellos; y plantear la enseñanza desde allí.


¿Acaso cumplimos con lo más básico?

Amar a Dios con todo nuestro corazón, con toda nuestra alma, con toda nuestra mente y con todas nuestras fuerzas, es muy, pero muy grande; muy exigente.

Desde aquella “ingenuidad cristiana” cualquiera puede decir: “¿Cuál es el problema? Yo amo a Dios así; Dios es lo más grande que hay en mi vida.”

Pero la ingenuidad se enfrenta con razonamiento; para aprender a pensar y no solo a repetir.


con todo nuestro corazón.

Amar a Dios con todo nuestro corazón significa que no deberíamos tener ningún otro amor más grande que Dios. Todo nuestro corazón debe llenarlo Dios.

En el mejor de los casos, pudiéramos demostrar que amamos a Dios con todo nuestro corazón, si nunca sufriéramos por “falta de amor”; si nunca nos sintiéramos heridos sentimental o emocionalmente, ya que Dios ocupa todo nuestro corazón. ¿Lo cumples?

con toda nuestra alma.

Amar a Dios con toda nuestra alma habla un poco de la importancia de nuestra alma, de la vida luego de la muerte, por encima de la importante de nuestra existencia terrenal.

Si nos preocupamos (o nos ocupamos) más por el bienestar en esta vida que por el bienestar luego de morir; pues no estamos amando, deseando, esperando a Dios desde nuestra alma.

A las pruebas me remito; para la mayoría de las personas, la muerte física es lo peor que le puede pasar a alguien. Eso no es amar a Dios con toda nuestra alma.

E irónicamente para poder llegar al Padre, todos debemos morir cuando nos toque la hora. ¿Será que la gente prefiere vivir biológicamente, más que encontrarse con Dios en el Cielo?


con toda nuestra mente.

Amar a Dios con toda nuestra mente refiere a tenerlo a Él como motivo de vida, como meta a cumplir, con foco de todas nuestras intenciones, como referente de nuestro comportamiento y de nuestras ideas, como “ideal máximo” de vida. ¿Acaso esto es una realidad para la mayoría de las personas?

¿En qué piensa la gente todo el día? ¿En Dios?

¿De qué habla la gente todo el día? ¿De Dios?

¿Qué guían las acciones e intenciones de la gente? ¿Cumplir con Dios?


Dios no es un concepto mental, Dios no se puede experimentar desde la mente. Por eso, la mente se debe saturar de Dios como intención de vida, para que por lo menos no fastidie al alma en el proceso de alcanzar el Cielo”.


con todas tus fuerzas.

Amar a Dios con todas nuestras fuerzas indica que nuestro esfuerzo de vida debe ir alineados, no solo a nuestros intereses humanos/terrenales, sino prioritariamente a cumplir con el comportamiento que Dios espera que mantengamos.

Muchas personas resaltan el “gran esfuerzo que hacen” consiguiendo logros externos, cumpliendo metas externas: personales, académicas, laborares, económicas, familiares, sociales, mundiales, etc.

Pero si se pudiera ver en su interior; encontraríamos un desorden de sentimientos, una incapacidad de controlarlos; muchas veces simplemente evadiéndolos.

La reactividad, la agresividad, los sufrimientos no superados, las frustraciones, los resentimientos, los rencores, las tristezas de años, la intolerancia, los miedos, las inseguridades, etc., demuestran que nunca se ha realizado ningún esfuerzo interior importante, a pesar de poder haber conquistado muchas metas externas.

Pero ¿qué exigirá mayor esfuerzo, lo externo o lo interno?

Bien dice el dicho: “nuestro peor enemigo está dentro de nosotros mismos”. No hay lucha más fuerte que la interior, que intentar cambiarnos desde dentro. Conseguir cosas externas es un juego de niños, en comparación con lo que debemos conseguir dentro de nosotros.

Y todos cambio interior está relacionado con Dios; ya que todo lo definido como correcto, comienza por asumir los mandamientos de Dios.

Es por esto por lo que amar a Dios con todas nuestras fuerzas, significa preferir hacer esfuerzos sostenidos de cambio interior, antes que conquistar el exterior.

¿Lo hacen las personas? Las luchas entre hermanos y conciudadanos y pobladores del mundo ¿es hacia el interior de cada uno; o entre ellos?

¿Hacia dónde damos nosotros nuestro mayor esfuerzo? ¿En cumplir metas personales, laborales, económicas, académicas? ¿O en cumplir con lo que Dios espera de nosotros?

Entonces ¿estamos amando a Dios con todas nuestras fuerzas? No.


¿Qué amamos más?

Antes de decir que amamos más a Dios que a cualquier cosa; siempre es bueno contrastarlo con un sencillo ejemplo que siempre coloco.

Cuando tienes un gran amor, ¿cómo te comportas? ¿Qué te sucede?:

  • muchas veces no puedes dormir pensando en él;
  • tu apetito disminuye cuando estas con él;
  • no puedes dejar de pensar en él;
  • vives hablando de él;
  • todas tus acciones van enfocadas a agradarle a él;
  • imaginas tu futuro en función de él;
  • le dedicas todo tu esfuerzo a él; a pesar incluso de ti mismo.

Esto es lo que deberíamos hacer hacia Dios, si decimos amarle mucho.

Pero la realidad es otra. Porque “por sus obras les conoceréis” (Mateo 7:20) y este comportamiento es exactamente igual cuando nuestro GRAN AMOR son los problemas.

Cuando tienes un problema, entonces:

  • muchas veces no puedes dormir pensando en el problema;
  • tu apetito disminuye cuando tienes el problema;
  • no puedes dejar de pensar en el problema;
  • vives hablando de el problema;
  • todas tus acciones van enfocadas a solucionar el problema;
  • imaginas tu futuro en función de el problema;
  • le dedicas todo tu esfuerzo a el problema; a pesar, incluso, de ti mismo.

En este caso, estarás AMANDO AL PROBLEMA con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas. ¿Y Dios? Bien, gracias.

Si tus problemas te ocupan más la vida que Dios, es porque no estás amando a Dios sobre todas las cosas. Dios pasa a un segundo plano, a pesar de que puedas esperar ansiosamente que te ayude. De hecho, muchas veces sientes que el problema es más grande que Dios; tanto que Dios no puede actuar de forma inmediata.


Entonces ¿qué esperar de Dios?

Y aquí concluyo con este escrito.

Si Jesucristo nos recordó que debemos merecernos el amor de Dios (Juan 14:21); y que el merecimiento comienza por Amar a Dios sobre todas las cosas; y comprobamos vivencialmente que los problemas “nos ocupan más la vida que Dios mismo”; entonces ¿qué podemos esperar de Dios?

Si no cumplimos con lo primero que Dios espera de nosotros, que es “preferirlo a Él”; ¿acaso esperamos que Él venga corriendo a ayudarnos al primer rosario que hagamos?

Espero que a estas alturas vayan comprendiendo lo de la “ingenuidad cristiana” con la que algunas iglesias nos alimentan nuestras zonas de confort.


Y esto es solo el principio

Pero amar a Dios sobre todas las cosas es solo el principio. Faltan cosas como “amar a tu prójimo como a ti mismo”, buscar ser perdonado, “amar a tus enemigos”, “poner la otra mejilla”, y otras verdaderas joyas de cumplimiento cristiano.

¿Que no imaginas cómo puede ser eso posible?
¿Que nunca te lo habían dicho de esta manera?

Pues busca cómo redefinir tu cristianismo; busca crecer espiritualmente. Probablemente te han tenido paseando en una cinta sin fin, sin tu moverte, sin llegar a ningún lado; y te han hecho creer que lo estabas haciendo bien.

Triste; realmente triste.

Dios les bendiga.

Namasté.
ShaniShaktiAnanda
Master Reiki Usui-Tibetano, Karuna Ki, Reiki Mineral
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Palabras-claves: Dios, iglesia, mandamientos, lineamientos, Jesucristo, amar, Sermón del Monte

martes, 30 de mayo de 2017

El Santo Rosario Crístico

Autor: ShaniShaktiAnanda

(Regalo del Maestro SSA para sus discípulos; en el nombre de Nuestra Santísima Madre, la Virgen María)
No busca sustituir al Santo Rosario Católico – Puede ser rezado con el mismo rosario de cuentas católico (o sin él) – Debe ser dirigido por un discípulo del Maestro SSA – Rezar con la máxima comprensión y convicción de lo que se recita.)

(Cada signo “-” representa una nueva cuenta del rosario. El sentido del rezo es igual al Santo Rosario Católico)

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En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén

- Líbranos, Señor Dios Nuestro, de nuestros enemigos; por el amor que le tenemos a la Santa Cruz.
En el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén

- Cristo, estoy aquí contigo (y con tu Madre); Jesús mi Señor y Redentor.
- Cristo, estoy aquí contigo (y con tu Madre); Jesús mi Señor y Redentor.
- Cristo, estoy aquí contigo (y con tu Madre); Jesús mi Señor y Redentor.

- Padre Nuestro que estás en el Cielo;
Santificado sea tu Nombre.
Que tu Reino se construya alrededor de nosotros;
para que se haga tu voluntad y no la nuestra.
Perdona las ofensas que hacemos contra ti;
en la misma medida que nosotros perdonamos a quienes nos hacen sentir mal.
Que en el afán de agradarte, evitemos toda tentación;
y así podernos librar de todo mal.
Amén.

- (x10) Dios te salve Madre elegida por El Creador;
llena eres de Gracia.
El Señor está contigo;
bendita tu eres entre todas las mujeres;
y modelo perfecto para todos los discípulos.
Bendita tu humildad en aceptar la voluntad de Dios;
para así engendrar a nuestro Señor el Cristo.
Santa María, Madre elegida por Dios;
ruega por nosotros pecadores,
para que no abandonemos nuestra devoción por Dios.
Para que así puedas cuidarnos
ahora y en la hora de nuestra Muerte.
Amén.

- Cristo, estoy aquí contigo (y con tu Madre); Jesús mi Señor y Redentor.
Cristo, estoy aquí contigo (y con tu Madre); Jesús mi Señor y Redentor.
Cristo, estoy aquí contigo (y con tu Madre); Jesús mi Señor y Redentor.


- (x10) Dios te salve Madre elegida por El Creador;
llena eres de Gracia.
El Señor está contigo;
bendita tu eres entre todas las mujeres;
y modelo perfecto para todos los discípulos.
Bendita tu humildad en aceptar la voluntad de Dios;
para así engendrar a nuestro Señor el Cristo.
Santa María, Madre elegida por Dios;
ruega por nosotros pecadores,
para que no abandonemos nuestra devoción por Dios.
Para que así puedas cuidarnos
ahora y en la hora de nuestra Muerte.
Amén.

- Cristo, estoy aquí contigo (y con tu Madre); Jesús mi Señor y Redentor.
Cristo, estoy aquí contigo (y con tu Madre); Jesús mi Señor y Redentor.
Cristo, estoy aquí contigo (y con tu Madre); Jesús mi Señor y Redentor.


- (x10) Dios te salve Madre elegida por El Creador;
llena eres de Gracia.
El Señor está contigo;
bendita tu eres entre todas las mujeres;
y modelo perfecto para todos los discípulos.
Bendita tu humildad en aceptar la voluntad de Dios;
para así engendrar a nuestro Señor el Cristo.
Santa María, Madre elegida por Dios;
ruega por nosotros pecadores,
para que no abandonemos nuestra devoción por Dios.
Para que así puedas cuidarnos
ahora y en la hora de nuestra Muerte.
Amén.

- Cristo, estoy aquí contigo (y con tu Madre); Jesús mi Señor y Redentor.
Cristo, estoy aquí contigo (y con tu Madre); Jesús mi Señor y Redentor.
Cristo, estoy aquí contigo (y con tu Madre); Jesús mi Señor y Redentor.

- (x10) Dios te salve Madre elegida por El Creador;
llena eres de Gracia.
El Señor está contigo;
bendita tu eres entre todas las mujeres;
y modelo perfecto para todos los discípulos.
Bendita tu humildad en aceptar la voluntad de Dios;
para así engendrar a nuestro Señor el Cristo.
Santa María, Madre elegida por Dios;
ruega por nosotros pecadores,
para que no abandonemos nuestra devoción por Dios.
Para que así puedas cuidarnos
ahora y en la hora de nuestra Muerte.
Amén.

- Cristo, estoy aquí contigo (y con tu Madre); Jesús mi Señor y Redentor.
Cristo, estoy aquí contigo (y con tu Madre); Jesús mi Señor y Redentor.
Cristo, estoy aquí contigo (y con tu Madre); Jesús mi Señor y Redentor.


- (x10) Dios te salve Madre elegida por El Creador;
llena eres de Gracia.
El Señor está contigo;
bendita tu eres entre todas las mujeres;
y modelo perfecto para todos los discípulos.
Bendita tu humildad en aceptar la voluntad de Dios;
para así engendrar a nuestro Señor el Cristo.
Santa María, Madre elegida por Dios;
ruega por nosotros pecadores,
para que no abandonemos nuestra devoción por Dios.
Para que así puedas cuidarnos
ahora y en la hora de nuestra Muerte.
Amén.

- Padre Nuestro que estás en el Cielo;
Santificado sea tu Nombre.
Que tu Reino se construya alrededor de nosotros;
para que se haga tu voluntad y no la nuestra.
Perdona las ofensas que hacemos contra ti;
en la misma medida que nosotros perdonamos a quienes nos hacen sentir mal.
Que en el afán de agradarte, evitemos toda tentación;
y así podernos librar de todo mal.
Amén.

- Madre elegida por Dios, Madre de Nuestro Señor JesuCristo, Madre mía; ampáranos y cuídanos.
- Madre elegida por Dios, Madre de Nuestro Señor JesuCristo, Madre mía; ampáranos y cuídanos.
- Madre elegida por Dios, Madre de Nuestro Señor JesuCristo, Madre mía; ampáranos y cuídanos.

- En el Nombre del Dios Altísimo; en el Nombre del Hijo Santísimo; y en el Nombre del Espíritu Santo.

Madre mía; que mi compromiso hacia tu Hijo sea lo que me de la Paz, para así poder llegar al Padre con la ayuda del Espíritu Santo. Amén.

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén

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Dios les bendiga.

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Original: 511AS. (25 de mayo del 2017)
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