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sábado, 2 de junio de 2018

El inicio de cualquier proceso de sanación


Autor: ShaniShaktiAnanda

Ya sabemos que existen diferencias entre sanar y curar.

Curar se entiende como erradicar alguna situación personal no deseada, utilizando métodos o intervenciones externas al propio organismo. Un individuo se puede curar de alguna condición y esto no implica que haya hecho cambios positivos en su interior; por lo tanto, a pesar de estar curado se mantienen las condiciones internas que una vez produjeron la situación no deseada, pudiendo esta reincidir de manera similar o diferente en futuro.

Por el contrario, sanar implica modificar las condiciones internas de individuo que presenta a situación no deseada, no solo para tratar de resolver la situación no deseada, sino para asegurar que esta no se vuelva a manifestar de cualquier forma en el futuro, o por lo menos para disminuir dicha probabilidad. Curar sí implica entonces promover cambios o fortalecimientos internos en el individuo.

En vista de estas dos definiciones, pareciera que sanar es más importante que curar; pero la realidad es que una vez manifestada alguna condición física/terrenal/metal/emocional no deseada, ambas figuras, curar y sanar, se deben llevar a cabo de forma paralela.

Los procesos de curación se aplican a algo ya manifiesto (correctivos); mientras que los procesos de sanación se deberían llevar de forma más preventiva.


Los pasos dentro del proceso de sanación

Como sanador me toca hablar de los pasos dentro de un proceso de sanación; los mismos que se mantienen sean el plano que sea donde se desee sanar: físico/biológico/terrenal, mental, emocional, energético, astral, kármico y espiritual.

Todo proceso de sanación debe cumplir con los siguientes pasos concatenados:

Paso 0: Reconocimiento de la situación no deseada (sin evasión y sin negación). Este reconocimiento puede ser claro y evidente para la persona, aunque a veces debe intervenir un tercero (un profesional de la salud, un sanador/terapeuta o un maestro espiritual) que le señale la situación.

Paso 1: Reconocimiento de la falla, debilidad o condición interna que pudo haber ocasionado la situación no deseada del Paso 0. Aquí se debe evitar buscar culpables externos. Si bien pueden existir “detonantes externos” que activen o manifiesten la condición no deseada, si no existiera dicha debilidad interna, no se hubiera producido la condición que se desea curar o sanar.

Paso 2: Intención sincera fortalecer o de cambiar la falla o la condición interna encontrada en el Paso 1. En este paso, no solo es decir “sí, lo que me produjo tal cosa es esto que hay en mí”, sino que se debe instaurar un convencimiento total de los orígenes personales de la condición no deseada para poder comenzar a sanar con toda la determinación que se requiera.

Paso 3: El proceso de sanación en sí; el asumir los esquemas o protocolos necesarios para llevar a cabo la erradicación o fortalecimiento de las condiciones internas o debilidades que causaron la situación no deseada. Este tercer paso generalmente se lleva a cabo junto a los esquemas o protocolos de curación.


El Paso 1 – el verdadero inicio de la sanación

Aunque suene redundante decirlo el verdadero inicio del proceso de sanación es el Paso 1 (primer paso luego de reconocer la situación no deseada).

Este paso plantea cosas vitales, como el reconocer que el origen de la situación no deseada no está fuera de nosotros, sino dentro.

Este reconocimiento es indispensable ya que las posibilidades de arreglar algo aumentan muchísimo si ese algo lo tenemos en nuestras manos, cerca de nosotros o en nuestro interior. Sería muy difícil sanar o virtualmente imposible hacerlo, si los “culpables” o responsables son los demás.

Este paso indispensable de reconocimiento de nuestras fallas tiene incluso soporte bíblico. Está representado por lo que suele conocer como “el proceso Juan el Bautista”. Este personaje bíblico tenía como misión particular la de “señalarle a la gente” (muchas veces de forma nada agradable) las fallas, las ligereza o los desatinos en las que estaban incurriendo como paso previo a un proceso de sanación espiritual (representado por las enseñanzas cristianas). No solo el señalarles las fallas, sino que les invitaba a reconocerlas.

De echo Juan el Bautista no era un personaje muy querido en nuestra historia sagrada, ya que a nadie le gusta, ni entonces ni ahora, que le señalen sus responsabilidades o fallas internas; y mucho menos si ya está sumergido en la situación no deseada.

Pero desafortunadamente este paso es indispensable para aumentar las posibilidades de sanación.


Nuestras sociedades modernas lo piensan diferente. Cuando una persona se enfrenta a una situación no deseada, se le envuelve en un aura de positivismo y sobre protección que lo aísla del paso de reconocer sus fallas o debilidades. La frase de “pobrecito, no le digas nada ahora que la está pasando mal”, nunca ha ayudado a nadie.

Si observamos el Proceso Juan Bautista desde el punto de vista energético el reconocer las debilidades personales prepara principalmente al chakra base (por molestia o por arrepentimiento) para comenzar a manejar una mayor energía para los procesos de sanación y de curación.

Si lo vemos desde el punto de vista kármico (a lo mejor el aspecto más interesante e impactante de este Paso 1) el dolor generado por el reconocimiento de nuestra responsabilidad en la situación que nos aqueja, comienza a sanar desde ese mismo instante el karma asociado a dicha situación. Claro, hablo del dolor manejado con arrepentimiento y propósito de enmienda, no del dolor lastimero de “que desgraciado y poca cosa soy”.

Si te encuentras a un verdadero sanador que te pretenda ayudar en una situación desagradable, lo primero que él va a ser es centrarse en este proceso.

Y aun más si tienes un maestro espiritual, en este caso lo vas a ver a él como al ser más cruel y sin corazón que se haya cruzado en tu camino.

Por eso, a los maestro, espirituales de verdad muchas veces y en algunos momentos pasan de ser seres angelicales a casi seres despiadados. El amor por sus discípulos así lo requiere, a pesar de arriesgarse a perder el cariño y el aprecio de ellos.

Claro está, hay formas de formas de decir las cosas; y a veces no lo hacemos de la forma más apropiada. Pido disculpas públicas por las veces que he sido yo
.
Dios te bendiga.

Namasté.
ShaniShaktiAnanda
Original: 884 AS. (02 de junio del 2018)http://www.shanishaktiananda.org
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Palabras-claves: Sanación, curación, maestro, karma, juan, bautista, jesucristo

jueves, 12 de abril de 2018

Los diferentes apelativos de Nuestro Señor

Autor: ShaniShaktiAnanda

Para cualquier cristiano que haya tenido una aceptable formación cristiana, ya encontrará que algunos “códigos secretos” en nuestra Santa Biblia, no son tan secretos.

Para los “no cristianos” (incluso aquellos que dicen serlo pero que nunca se han ocupado de serlo) dichos códigos no tienen sentido. Cuando uno los aprende de un Maestro Espiritual, la importancia de dichos códigos le da el sentido completo a las enseñanzas espirituales de la doctrina.

Uno de esos ex-códigos secretos es la forma en que se hace referencia a Nuestro Señor Jesucristo durante su vida en esta tierra.

La vida de Nuestro Señor tuvo tres etapas en su historia sagrada: su etapa de Jesús de Nazareth; su etapa de Jesucristo y su etapa de el Cristo. Cada etapa marca el apelativo con el cual es correcto referirse a Él.

La etapa de Jesús de Nazareth se puede enmarcar desde su nacimiento hasta su bautismo en el río Jordán por Juan el Bautista (Juan 1,29-34). En este tiempo, Jesús, a pesar de ser el elegido, se desempeñaba como una persona normal ante los ojos de terceros; amén, a sus momentos particulares de divinidad y a la formación que recibía.

La etapa de Jesucristo (o de Jesús el Cristo) es doble: la primera como Jesús de Nazareth con Escencia Crística Manifiesta (desde su bautismo hasta el final de los cuarenta días en el desierto - Mateo 4, 1-11) y como Jesús de Nazareth con Escencia Crística Manifiesta y Asumida (desde los cuarenta días en el desierto hasta su crucifixión - Lucas. 23, 44-46)

Y la última etapa de el Cristo se observa claramente cuando los apóstoles ya comienzan a estar de su cuenta, luego de la crucifixión; cuando Jesús de Nazareth ya había salido de escena y se debía seguir dando las enseñanzas pero bajo la figura del Cristo. Para esta etapa se comprende que las enseñanzas cristianas pertenecen a la Escencia Crística y estas trascienden momentos y personajes históricos; sin desmerecerlos.

Si se observan las Cartas de Pablo y otros documentos de otros apóstoles, vemos que se hace referencia “al Cristo” a la ora de dar la enseñanzas. Y si en alguna se hace referencia a Jesucristo, es para unir la narración a hechos puntuales de la historia sagrada.


Pero las diferencias anteriores son sencillas. ¿Qué tal si hablamos de otras definiciones más ocultas? Por ejemplo, los nombres que se le dan como: “Hijo del Hombre”, “Hijo de Dios”, “Cordero de Dios”, “El Nuevo Adán”...


Hijo del Hombre

Uno de los apelativos que más me gusta, porque el solo nombre viene a aclarar mucho del fundamente místico de cristianismo, es el de “Hijo del Hombre”.

Si buscan referencias cristianas eclesiásticas (no místicas), verán que muchas apuntan que este nombre tiene un sentido de humildad de Jesucristo... “que se iguala a cualquier ser humano...”

Jesucristo podía ser humilde en muchas cosas, sobre todo aceptando los designios de su Padre, pero nunca desconocía su divinidad. Él abiertamente hablada de “Su Padre que está en las Cielos”. Así que la explicación eclesiástica, por salir del paso, de humildad humana de Jesucristo no tiene fundamento.

El apelativo de “Hijo del Hombre” tiene que ver mucho con el Génesis.

Estamos claros que el Génesis relata metafóricamente el proceso de creación del universo perfecto, con la dualidad integrada (masculino+femenino; bien+mal), es decir, con “no-dualidad”. Luego presenta la pérdida de la “no dualidad” y las posteriores consecuencias de este hecho.

Pero pregunto ¿alguien aún cree que ese relato describe como nació la “raza humana”? Espero que no.

Creer que el Génesis habla de la raza humana, es creer que la Tierra es el único lugar del universo donde existe vida creada por Dios. La raza humana no es ni la única creada ni la primera en el universo. Eso ya se superó hace cientos de años.

Entonces, cuando en la Biblia se hace referencia a “Hombres” ¿a caso se refiere a “seres humanos”?

Hay un pasaje del Génesis que siempre presento:

Génesis 3:22 (TLA)

y dijo:
«Ahora el hombre y la mujer son como uno de nosotros, pues conocen el bien y el mal. Si llegaran a comer algún fruto del árbol de la vida, podrían vivir para siempre».

En este pasaje el “nosotros” no hace referencia a las tres Divinas personas como algunos apuntan. El “nosotros” se refiere a los creadores de Adán; por lo tanto a los Padres de Adan, o a “Dios Padre”. Algunos de ustedes que llevan tiempo conmigo ya saben que “Dios Padre” es un concepto diferente a “Dios”; y Jesucristo lo diferenciaba muy bien cuando los usaba de forma diferente refiriéndose a “Dios” o refiriéndose a “mi Padre”

A veces, a Jesucristo se le hace referencia como el “segundo Adán”; es decir, que fue creado por esos “nosotros” mismos.

Por lo tanto, esos “nosotros” son los “Hombres”

Cuando se hace referencia al “Hijo del Hombre”, se está indicando ese proceso promovido por “los Hombres” (no-seres humanos) que estando más cerca de Dios, “dan a luz” (así como un padre) a ese Ser Especial que encarnará a la Escencia Crísitica Manifiesta: al “Hijo del Hombre”.

El “Hijo del Hombre” es el que ha de venir las veces que fueran necesarias como el soporte necesario para que el misterio del “Dios hecho Hombre” se pueda producir.

Disculpen, sé que puede resultar confuso; pero he explicado más que la Bilia y que todas las iglesias juntas. Apara aquellos de ustedes que hayan estado por años conmigo, esto será solo un apunte de clases.


Los otros nombres para el Cristo quedarán para posteriores escritos.

Dios les bendiga.

Namasté.
ShaniShaktiAnanda
Original: 831AS. (11 de abril del 2018)http://www.shanishaktiananda.org
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Palabras-claves: Cristo, Hijo del Hombre, Jesús Nazareth, Jesucristo

martes, 3 de abril de 2018

La fortaleza del crucificado

Autor: ShaniShaktiAnanda

Y en los días previos de la crucifixión, cuando todo estaba asumido; más allá del dolor aceptado por Jesucristo en función de la voluntad de Dios Padre; El Dios hecho Hombre tenía una preocupación. Y es que “su fortaleza” le abandonara.

Este dolor lo acompañó durante todas las horas previas a su aprensión en el monte; en las horas de su encarcelamiento esperando juicio; en el juicio mismo, ante todo el pueblo; y en su preparación a la cruz luego de su condena.

La sensación de ausencia de su fuerza era un dolor mayor a la misma condena de muerte.

Pero fue al final de su condena donde el Maestro se dio cuenta de que su fortaleza aún estaba con Él; que no lo abandonó al final.

Esta idea no se entiende para el común de las personas; porque se cree que “la fortaleza de Jesucristo” era su fe en el Padre y en realidad no era eso; porque su fe y la confianza en su misión nunca la perdió.

Algunos creen que “la fortaleza de Jesucristo” era su valor, pero tampoco era eso; porque su amor a Dios era lo que le permitía comprometerse con lo que Dios necesitada.

El Maestro no temía que le faltara Fe en el Padre ni el valor para morir; sido que Él temía perder lo que había aprendido a amar aquí en la Tierra y lo que lo había amado a Él en esta dura etapa de su vida.

Jesucristo, en cada ruda escena narrada en la historia sagrada; perdía la mirada buscado a su alrededor a “su fortaleza”; y esta fuerza no era otra que
su amada.

Para muchos, esta idea de la amada del Maestro es blasfemia; pero es blasfemia para las iglesias que solo se atienen a lo eclesiástico y no plantean las enseñanzas espirituales desde lo místico. Cuando se entiende la espiritualidad de forma mística, en toda historia sagrada de cualquier religión se comprende que es imposible que una escencia álmica-espiritual masculina como Jesucristo anduviera solo por la vida.

La escencia femenina, esa que complementa a una escencia masculina, es “la fortaleza” de esta última. Es la fuerza no solo para vivir, sino para poder hacer las cosas que Dios necesitaba que fueran hechas.

La última obligación del Maestro para con Dios Padre era aceptar su crucifixión; y vaya que aquí necesitaba de esa escencia femenina que lo había amado para no flaquear

Y esa fortaleza de Jesucristo se conoce en la historia sagrada como “María Magdalena”.

Tanto fue el dolor del Maestro por sentir que su amada le había abandonado, que incluso clavado en la cruz, Él eleva un grito que se ha tergiversado desde siempre:

Mateo 27:46 (RVR1960)

46 Cerca de la hora novena, Jesús clamó a gran voz, diciendo: Elí, Elí, ¿lama sabactani? Esto es: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?

Sin invalidar la traducción del hebreo, la referencia verdadera es que Jesús, aún el Cristo, clamaba por su amada, por esa escencia femenina que le había permitido asumir tantas cosas hasta ese momento. El
grito ahogado de soledad del crucificado fue desgarrador.

Pero no fue hasta el último momento de la cruz cuando Jesucristo pudo aceptar su muerte con toda la fuerza del espíritu, ya que se dio cuenta de que allí estaba su amada, dándole la fuerza para asumir su último compromiso.

Juan 19:25-27 (RVR1960)

25 Estaban junto a la cruz de Jesús su madre, y la hermana de su madre, María mujer de Cleofas, y María Magdalena.

26 Cuando vio Jesús a su madre, y al discípulo a quien él amaba, que estaba presente, dijo a su madre: Mujer, he ahí tu hijo.

27 Después dijo al discípulo: He ahí tu madre. Y desde aquella hora el discípulo la recibió en su casa.


Y aquí, además, está muy claro que Jesucristo no solo esperaba ver a su amada; sino que iba a hacer lo necesario para que sus discípulos quedaran, en su ausencia, también “con la compañía de la fortaleza de su Señor” para que ellos pudieran hacer por Dios para llevar la Palabra a los demás.


¿La madre de los discípulos?

Cuando Jesucristo le dice a su discípulo Juan “he ahí tu madre”, ¿acaso aún creen que se refería a la Virgen María? ¿O sería a la escencia femenina que lo había acompañado como complemento en parte de su camino como Maestro?

Nuevamente, a las iglesias modernas no les convienen explicar mucho; y recordemos que las versiones de la Biblia que tenemos en la actualidad son adecuaciones y traducciones de y para dichas iglesias. Pero ante tales adecuaciones, la Verdad de Dios nunca quedará oculta; solo hay que abrir la consciencia y el corazón para ver más allá de lo que quieren que veamos.

Si recordamos en un pasaje anterior de la Santa Biblia, vemos que Jesucristo hizo una diferenciación especial sobre sus relaciones humanas y sus relaciones espirituales:

Lucas 8:19-21 (RVR1960)

19 Entonces su madre y sus hermanos vinieron a él; pero no podían llegar hasta él por causa de la multitud.
20 Y se le avisó, diciendo: Tu madre y tus hermanos están fuera y quieren verte.
21 Él entonces respondiendo (Jesús), les dijo: Mi madre y mis hermanos son los que oyen la palabra de Dios, y la hacen.

¿Por qué si en este pasaje Jesucristo hizo una separación clara de sus lazos familiares, al momento de su crucifixión Él iba a retomar la filiación?

En realidad la Madre asignada por Jesús a sus discípulos fue María Magdalena
; la mujer que sí había estado con Él, que le había amado, que había dejado atrás su antigua vida terrenal por el amor al Cristo, y que había estado oyendo la palabra y haciéndola.

Además, Jesucristo era un “Padre Espiritual” hacia sus discípulos; por lo tanto, la Virgen María debía ser la “abuela” espiritual, si esa figura existiera. ¿La Madre acaso no sería la “amada” de Jesucristo?

Que me disculpen los que creía otra cosa, entiendo que saber la verdad no siempre es agradable.

¿Pero “Madre de los discípulos” para qué? Precisamente para dejarles como compañía esa “fuerza” que tantas veces fue necesaria para que Jesús cumpliera con el Padre.

¿Pero solo eso? ¿O acaso fue “la madre” en el sentido literal de la palabra? ¿Una madre necesaria para que las cosas pudieran continuar luego de la crucifixión; en otros momentos y escenarios?

Este es otro tema que aquí no podré presentar.


La Piedad

¿Recuerdan la escultura de La Piedad de Miguel Ángel?

¿Acaso creen que la hermosa mujer que aparece allí con el cuerpo de Nuestro Señor Jesucristo en su regazo es la Virgen María?

¿Acaso esa es la imagen de una mujer por lo menos 15 años mayor que Jesús? ¿Acaso a Miguel Ángel le hubiera costado muchos plasmar en el mármol algunos detalles más convincentes de la edad madura?

¿O será que Jesús bajado de la cruz está en los brazos de su amada María, pero La Magadalena?

¿Blasfemia? ¿Qué hubiera dicho el mismo Miguel Ángel si hubiera podido hablar abiertamente?

¿Están seguros de que todas las imágenes marianas de las iglesias antiguas representan a la Virgen María?

¿Habría algún problema si esa mujer fuera María Magdalena?


El grito repetido

Pero el
grito ahogado de soledad del crucificado no fue una sola vez. El Cristo muchas veces se sintió abandonado por esa escencia femenina, si bien no físicamente.

En todos los pequeños o grandes compromisos del Cristo hacia el Padre, esa fuerza es indispensable; y muchas veces no la tuvo en los momentos necesarios. La historia sagrada tiene varias de esas referencias:

  • Los discípulos se dormían frecuentemente: Lucas 9:32 en la Trasfiguración; Lucas 22:45-47 antes del arresto de Jesús; sueño que no solo es literal sino metafórico.
  • Jesucristo pidiendo a extrañas que le dieran que beber; porque su amada no estaba por allí (Lucas 22:45-47 en La Samaritana en el pozo)
  • Jesucristo gestionando “su propia fuerza” azotando a los mercaderes del Templo (Juan 2:13-22); ya que su “fuerza de complemento” no lo asistía.
Y otras referencias más.

¿Que la historia se puede repetir? Dios quiera que no en totalidad; de seguro hay mejoras.

Dios les bendiga.

Namasté.
ShaniShaktiAnanda
Original: 820AS. (30 de marzo del 2018)
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Palabras-claves: la piedad, la crucifixión, Jesucristo, Virgen María, María Magdalena

domingo, 11 de marzo de 2018

Demostrando lealtad hacia Dios

Autor: ShaniShaktiAnanda

No solemos pensar en Dios como alguien que algunas veces debe probar nuestra lealtad hacia Él; pero esto es una realidad.

Debemos demostrar nuestra lealtad hacia Dios, sobre todo si Dios espera algo de nosotros. Si Él nos considera para cosas especiales, pues debemos esperar que Él nos exija demostrarle que Él es nuestra prioridad.

¿Acaso no es así en todas partes? ¿Acaso un gerente va a asignar un trabajo importante a alguien cuya lealtad no haya sido puesta a prueba y dicha prueba haya sido superada satisfactoriamente?

¿Pero cómo son las pruebas de Dios? ¿En qué y cómo podemos probarle a Dios nuestra lealtad?

Para contestar eso debemos saber cuáles son los dominios de Dios; cuál es Su reino; qué es lo que a Él le importa. Allí es donde debemos probarla lealtad.


Del mundo o de Dios

Si hablados de nuestra existencia, se extrae desde cualquier escritura sagrada, que nosotros podemos ser “del mundo” o podemos ser “de Dios”. Y si detallamos nuestros comportamientos, metas o prioridades; pues también estas pueden ser “hacia el mundo” o “hacia Dios”.

Basta revisar el capítulo 17 del Evangelio según San Juan, donde Jesucristo, poco antes de su crucifixión, hace una magistral diferenciación entre estos dos escenarios: “el mundo” (lo terrenal/humano/sensorial) y “Dios” (lo espiritual). A continuación, trascribo algunos versículos de dicho pasaje:


Juan 17: 1,3-6,8,9,11,12,14,16,18,25 (RVR1960)

1 Estas cosas habló Jesús, y levantando los ojos al cielo, dijo: Padre, la hora ha llegado; glorifica a tu Hijo, para que también tu Hijo te glorifique a ti;
3 Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado.
4 Yo te he glorificado en la tierra; he acabado la obra que me diste que hiciese.
5 Ahora pues, Padre, glorifícame tú al lado tuyo, con aquella gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese.
6 He manifestado tu nombre a los hombres que del mundo me diste; tuyos eran, y me los diste, y han guardado tu palabra.
8 porque las palabras que me diste, les he dado; y ellos las recibieron, y han conocido verdaderamente que salí de ti, y han creído que tú me enviaste.
9 Yo ruego por ellos; no ruego por el mundo, sino por los que me diste; porque tuyos son,
11 Y ya no estoy en el mundo; mas éstos están en el mundo, y yo voy a ti. Padre santo, a los que me has dado, guárdalos en tu nombre, para que sean uno, así como nosotros.
12 Cuando estaba con ellos en el mundo, yo los guardaba en tu nombre; a los que me diste, yo los guardé, y ninguno de ellos se perdió, sino el hijo de perdición, para que la Escritura se cumpliese.
14 Yo les he dado tu palabra; y el mundo los aborreció, porque no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo.
16 No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo.
18 Como tú me enviaste al mundo, así yo los he enviado al mundo.
25 Padre justo, el mundo no te ha conocido, pero yo te he conocido, y éstos han conocido que tú me enviaste.

La cita expuesta es compleja, pero no requiere de una explicación completa de mi parte dentro de este escrito. Lo útil aquí es observar la distinción que el mismo Jesucristo hace de su persona y de Dios como “no pertenecientes” a este mundo terrenal/humano/sensorial.

Otra cita útil es donde Jesucristo, como Hijo de Dios, se distancia del mundo terrenal y afirma que este no le pertenece:

Juan 18:36 (RVR1960)

36 Respondió Jesús: Mi reino no es de este mundo; si mi reino fuera de este mundo, mis servidores pelearían para que yo no fuera entregado a los judíos; pero mi reino no es de aquí.

Y en el siguiente pasaje, Jesucristo vuelve a distinguir entre Dios y este mundo; “el mundo” en la figura del Cesar:

Lucas 20:25 (RVR1960)

25 Entonces les dijo: Pues dad a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios.


Si bien se pudieran colocar otros pasajes bíblicos o incluso de otras escrituras sagradas, donde se diferencia Dios del mundo; con lo expuesto está más que claro que una cosa es Dios y otra diferente es nuestra experiencia terrenal.

Pero debemos recordar que nuestra experiencia terrenal se conforma con nuestra parte física, mental, emocional y de bienestar humano. Esto es importante recordarlo para saber si somos de Dios o del mundo.

Si lo más importante para nosotros, o lo que más nos ocupa el esfuerzo, o lo que más nos angustia, está enmarcado en nuestra parte física, mental, emocional o de bienestar humano; pues “somos del mundo”. Es decir, “no somos de Dios”.



Del lado de Dios.

Entonces resulta obvio que si alguien quiere Ser de Dios, se tiene que colocar de su lado; no del lado del mundo.

Pero colocarte del lado de Dios no significa denigrar de las cosas terrenales. Colocarte del lado de Dios significa que la prioridad de tu vida es comportarte como Él espera que lo hagas, no como te conviene para complacerte en el mundo. Colocarte del lado de Dios significa que tu esfuerzo está orientado a agradar a Dios, no solo a metas terrenales. Colocarte del lado de Dios significa que fallarle a Dios te genera más angustia que tus carencias o problemas terrenales.

Entendido esto, queda claro de cual lado te quiere Dios; y por lo tanto hacia donde va a probar tu lealtad.


Dios nos prepara para la lucha.

Es lógico que si Dios espera algo de nosotros, pues ponga a prueba nuestra lealtad.
¿O acaso no debe asegurarse antes de confiarle a alguien cosas importantes?

Muchas veces Dios no solo nos pode pruebas, sino que busca forjar nuestra materia prima espiritual para el trabajo que Él espera que hagamos.

Cuando Dios o la Divinidad o “los de arriba” quieren reforzar nuestra espiritualidad (inclusive la de un Maestro Espiritual) la forma más efectiva es obligarnos a definir si estamos de uno u otro lado: del lado de Dios o del lado del mundo.

Generalmente todos decimos que estamos de parte de Dios, pero a la hora de la verdad, no somos ni fríos ni calientes. Y esto lo sabe Dios. Y por esto mismo es que la mayoría de las veces se nos prueba de qué estamos hechos, se nos pide demostrar nuestra lealtad, dándonos duros golpes a nuestra parte terrenal (física, mental, emocional o de bienestar).

Allí es donde Dios nos prueba de qué estamos hechos; allí es donde Dios espera que nosotros honremos eso de "Amar a Dios por sobre todas las cosas"; lo que se pudiera traducir como: "Amar a Dios por sobre todas nuestras necesidades y expectativas humanas, a pesar de que nuestras partes física, mental, emocional y de bienestar se estén cayendo a pedazos.”

Es como si Dios probara nuestra lealtad hacia Él en contra de nuestras propias necesidades terrenales.
Nos da golpes fuertes a nuestra terrenalidad y nos dice: “Decídete, quédate en la queja y en el sufrimiento por tu terrenalidad golpeada o demuestra que Yo te soy suficiente”.


El probar la lealtad generalmente se consigue a través de situaciones terrenales (físicas, mentales, emocionales o de bienestar) duras; que pueden provenir de nuestros propios errores o de los errores de nuestros seres más queridos. Es decir, de cosas que realmente nos duelen humanamente.

Allí Dios se queda esperando para ver si nuestras acciones ante esos problemas se orientan hacia lo que hacemos por Él, o si se orientan hacia lo que somos o esperamos terrenalmente.


Pero utilicemos una metáfora que muestra lo que Dios hace cuando necesita forjar nuestro espíritu y ver de qué estamos hechos. ¿Ustedes saben cómo se forja una espada? Les cuento.
Una espada nace de un trozo de hierro, tal vez bonito pero débil (la debilidad en este metáfora es de la carencia de espíritu). Este trozo de hierro debe ser forjado y trabajado con mucho esfuerzo.

Esa barra de hierro es de un material apropiado para hacer una espada, pero por naturaleza no tiene la dureza suficiente para hacer nada útil (espiritualmente hablando).

Entonces, el herrero (Dios, la Divinidad o “los de arriba”) toma esa barra con unas pinzas rudas y pesadas y la meten directo al fuego; en un horno muy caliente. La deja allí hasta que quede al rojo vivo y luego la sacan y le caen a martillazos salvajes para comenzar a forjarla.

Este forjado puede incluso cambiar su estructura cristalina al material (su estructura del alma) para que así comience a tener la dureza (espiritual) necesaria para realizar el futuro trabajo.

Al irse enfriando, la espada en formación se mete al fuego de nuevo y la vuelven a sacar para nuevos martillazos. Además, la enfrían bruscamente en agua para darle choques de temperatura. Y todo esto las veces que sean necesarias hasta obtener lo que se quiere.

Para Dios, para la Divinidad o para “los de arriba”, ese fuego y esos martillazos son una metáfora de las situaciones difíciles de vida donde incluso preferiríamos morir. Situaciones que desde el punto de vista humano parecen incluso injustas, donde nosotros somos las víctimas; pero situaciones que a fin de cuentas son necesarias para Dios.

Al final de todo podremos salir fortalecidos para el ejército de Dios, siempre y cuando no nos resquebrajemos.
Si durante el forjado a fuego y golpes de nuestro ser, nos quedamos en el dolor y en los sentimientos difíciles y en la actitud lastimera y de víctima, pues estaremos diciéndole a Dios que somos del mundo; porque todas esas actitudes son del mundo.

Si por el contrario, ante cada situación que nos destroza utilizamos los dones espirituales de compasión/tolerancia para no juzgar; o el don de la humildad para no quejarnos; o del desapego para no esperar que las cosas sean como nosotros las necesitamos humanamente; entonces le estaremos diciendo a Dios que estamos de su lado; que logramos ver, asumir y vivir las situaciones terrenales con el espíritu. Allí habremos vencido.

Ante cada problema terrenal, deberíamos suponer que Dios está detrás de ellos y que Él tiene sus razones para que nosotros lo enfrentemos. La razón principal es para que salgamos fortalecidos espiritualmente. Dios quiera que todos lo recordemos siempre.

Dios les bendiga.

Namasté.
ShaniShaktiAnanda
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Palabras-claves: lealtad, Dios, espada, hierro, forjado, espíritu, alma, problemas situaciones terrenales, mundo, fuego, agua, martillazos