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miércoles, 6 de agosto de 2014

Hijos de Dios



Autor: Pedro A. Gómez Ruzzo

Hoy un amigo lector preguntaba por los medios sobre una afirmación que había oído de que no todos somos “Hijos de Dios”.

Si bien hace pocos meses escribí exactamente sobre este mismo tema, voy a explicarlo de nuevo de la forma más sencilla posible y desde el punto de vista espiritual

En nuestro cristianismo se conoce a Jesucristo como el Hijo de Dios; y si bien puede haber alusiones anteriores o posteriores, algunas no muy claras, donde se les da este calificativo de forma genérica a otras personas; limitémonos por ahora a Jesús para efectos de la explicación.

Se suele creer popularmente que todos somos Hijos de Dios; solo por el simple hecho de que hemos ido creados por Él. Oficialmente asumir esto es una ligereza de nuestra parte.

En enseñanza espiritual hay que diferenciar dos conceptos: “Criaturas de Dios” e “Hijos de Dios”

Una “Criatura de Dios” es todo aquel ser (o incluso cosa) que haya sido creado/formado por esa consciencia/proceso/concepto/Ser que reconocemos como Dios. Por definición, todos nosotros somos Criaturas de Dios.

Pero al referirnos a “Hijos de Dios” la cosa es diferente. Aquí debemos ver en las sagradas escrituras, las referencias de lo que significa ser “un hijo”.

Si bien no voy a colocar aquí dichas referencias de La Biblia, voy a apelar a la lógica.

El apelativo de “Hijo” se le da a alguien que tiene una relación apropiada con ese otro ser al que se le llama “Padre”:

  1. Un “Hijo” reconoce al Padre como autoridad sobre Él mismo.
  2. Un “Hijo” respeta las decisiones de su Padre.
  3. Un “Hijo” obedece los mandatos de su Padre.
  4. Un “Hijo” es alguien en quien el Padre puede confiar.
  5. Un “Hijo” defiende las pertenencias o el trabajo o el esfuerzo o los intereses de su Padre.
  6. Un “Hijo” es el que recibe la heredad del Padre como honra a su comportamiento apropiado.
Dentro de nuestros convencionalismos sociales actuales, el ser “hijo” no comprende responsabilidades -ni siquiera de respeto- con sus “padres”. Basta un registro de civil o una prueba de ADN para que sea el padre el que tenga todas las obligaciones con el hijo. Esta es nuestra triste terrenalidad, exenta de la necesaria espiritualidad.

Pero como aquí sí estamos hablando de espiritualidad (de Dios), no sólo es el padre quien tiene responsabilidades naturales con el hijo, sino que son los hijos los que deben comportarse como tales con los padres. Es entonces cuando alguien se puede llamar “hijo” de un “padre”.

Si alguien de verdad quiere ser llamado “Hijo de Dios” entonces deberá:
  1. Reconocer que “Dios” tiene más autoridad sobre él que él mismo. Autoconsciencia.
  2. Respetar las situaciones de vida entendiendo que “Dios Padre” las propone como aprendizajes que deben superarse. No quejarse. Humildad
  3. Seguir, de forma esforzada, todos los lineamientos que “Dios Padre” indicó. ¿Recuerdan?: amar a tus enemigos, poner la otra mejilla, adorar a Dios sobre todas las cosas, no juzgar, etc., etc., etc.
  4. Llevar una vida comprometida con las enseñanzas espirituales, aunque requiera mucho esfuerzo.
  5. Defender las correctas enseñanzas espirituales.
  6. Buscar cultivar su espíritu para alcanzar ese estado que se conoce como “el Cielo”

Y todo esto lo hizo Jesucristo. No solo fueron sus enseñanzas, sino frases de vida como la de “hágase tu voluntad y no la mía”, el mismo hecho de aceptar su destino, todo el esfuerzo que hizo predicando la palabra de Dios, lo que dijo al perderse de niño en el Templo, etc. Esto lo hizo ganarse el apelativo de “Hijo de Dios”

¿Que todos podemos convertirnos en Hijos de Dios? Pues claro que sí. El cristianismo como doctrina espiritual unida a la práctica religiosa de cualquiera de sus iglesias, nos guían en esa dirección; a que nos convirtamos en “hijos” para ganarnos su reino de los Cielos.

¿Y las otras religiones? Pues también. Si volvemos a ver lo que significa “ser hijos” pues veremos que no está limitado a ninguna doctrina particular.

Así que adelante; convirtámonos en “hijos” honrando al Padre.

Namasté.

Pedro A. Gómez Ruzzo.
Master Reiki Usui-Tibetano, Karuna Ki, Reiki Mineral
Original: 06 de agosto del 2014.
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Palabras claves: hijo, Dios, lineamientos, Jesucristo, cielo.

lunes, 4 de agosto de 2014

Primero lo primero



Autor: Pedro A. Gómez Ruzzo

En mis terapias de sanación, sea la que sea, lo primero que hago es dejar que la persona hable. Es necesario, no solo para saber el porqué viene a terapia; sino para entender su situación de vida en contexto.

Una de las cosas que busco es que me hable de su relación con Dios. ¿Cómo lo ve? ¿Cómo se lleva con Él? ¿Cuál es su práctica? ¿Cómo siente que Él le está ayudando?; entre otras cosas. Muchas veces la primera sesión simplemente se desarrolla como un “ajuste espiritual”.

Una vez una señora me preguntó sobre cómo lo que estábamos hablando sobre Dios le iba a ayudar con su problema físico de rodilla. Yo le pude dar la respuesta “energética”  que siempre brindo: “... la relación suya con Dios de alguna manera dibuja el estado de su séptimo chakra. Esto define la cantidad de energía que entra en su cuerpo y que tiene disponible para sanar. Yo como sanador debo saber con cuánta energía contamos.”

Si una persona tiene una buena relación con Dios, pues tendrá un  “buen séptimo chakra”. Entonces, a través de este chakra entrará un buen caudal de energía vital a su sistema energético; que no solo le permitirá gozar de un bienestar aceptable, sino que le será útil si tiene procesos de sanación que se deben reforzar.

Pero resulta que está señora había hecho referencia a una vida espiritual importante dentro de su fe cristiana; así que me aventuré a darle la siguiente explicación, más mística y profunda, que definitivamente no es para todo el mundo.

Si utilizamos argumentos espirituales para sanar, debemos hacer referencias a escrituras sagradas. Dentro de nuestro cristianismo, pues a La Santa Biblia.

Muchas personas cuando están en problemas, en enfermedad, en preocupación; acuden a Dios en busca de ayuda. Eso es lo normal. ¿Pero es lo que corresponde? ¿Hay algún requisito para que esto sea posible? Revisemos una enseñanza de nuestro libro de texto:

Mateo 6:25-33
Reina-Valera 1960 (RVR1960)

25 Por tanto os digo: No os afanéis por vuestra vida, qué habéis de comer o qué habéis de beber; ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir. ¿No es la vida más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido?
26 Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que ellas?
27 ¿Y quién de vosotros podrá, por mucho que se afane, añadir a su estatura un codo?
28 Y por el vestido, ¿por qué os afanáis? Considerad los lirios del campo, cómo crecen: no trabajan ni hilan;
29 pero os digo, que ni aun Salomón con toda su gloria se vistió así como uno de ellos.
30 Y si la hierba del campo que hoy es, y mañana se echa en el horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más a vosotros, hombres de poca fe?
31 No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos?
32 Porque los gentiles buscan todas estas cosas; pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas.
33 Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.
  
En este pasaje, Jesús nos habla tanto de las necesidades cotidianas como de las especiales; y plantea la idea de que Dios Padre puede, de alguna forma, proveerlas sin que nos “afanemos” por ellas.

Antes de seguir debo contextualizar bien el concepto de “no afanarse”. Este se refiere más a “no obsesionarse”, a “no angustiarse”; pero nunca se refiere a “no hacer nada”. De hecho, hay que procurar lo que queremos, pero aquí se plantea que el éxito de dicha procura se antecede por una condición; “buscar primero el reino de Dios y su justicia”. Luego debemos hacer por tenerlo.

Y la pregunta debería ser aquí: ¿qué significa el reino de Dios y su justicia? ¿Cómo se busca? o ¿cómo se entra en él?

En nuestro libro texto también está bien explicado. Debemos hacer referencia  a los capítulos 5, 6 y 7 del Evangelio de Mateo, en los cuales se narra lo que se conoce como “el Sermón del Monte”. En ellos, Jesús les dice a sus discípulos lo que deben hacer para entrar en el reino de los cielos (el reino de Dios). Y termina dichos pasajes con la afirmación que necesitamos:

Mateo 7:21
Reina-Valera 1960 (RVR1960)

21 No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos.

Precisamente para entrar en los cielos, debemos hacer la voluntad del Padre. Y la voluntad del Padre es lo que Jesús acababa de instruir en los versículos anteriores al citado. Les recuerdo solo algunas de esas cosas: no juzgar, poner la otra mejilla, amar a tus enemigos, no pecar, etc., etc., etc.

Recapitulo. Cuando necesitemos algo (bienestar, por ejemplo) y queremos que Dios nos ayude (lo provea) --> debemos primero hacer su voluntad (cumplir con los lineamientos del Sermón del Monte)

Generalmente lo hacemos al revés: Estamos mal -->  pedimos a Díos --> y si se cumple le agradeceremos y creeremos en Él.

Primer lo primero. Una buena relación con Dios, lo que es igual a una vida dentro de un crecimiento espiritual que nos permita enfrentar la situaciones que vivimos con nuestros dones espirituales; es lo que nos va a permitir recibir y disfrutar de la ayuda de Dios para satisfacer nuestras necesidades. Para un cristiano nunca es al revés.

Esta verdad espiritual es lo que define a un cristiano:

“Un verdadero cristiano no es pedigüeño; sino que con su comportamiento correcto se trasforma en un merecedor de las bendiciones de Dios.” #PAGR2014

Dios te siga bendiciendo.
Namasté.

Pedro A. Gómez Ruzzo.
Master Reiki Usui-Tibetano, Karuna Ki, Reiki Mineral
Original: 03 de agosto del 2014.
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Palabras claves: pedir, reino, Dios, justicia, añadidura, lineamientos, cristiano.

viernes, 1 de agosto de 2014

Pruebas irrefutables de que Dios te ama.



Autor: Pedro A. Gómez Ruzzo
Constantemente decimos que Dios nos ama; y eso parece que nos lleva a pedirle y pedirle cosas, como para que Él honre ese amor que nos tiene. 

Al Amor de Dios lo vemos como una promesa de auxilio presente y futuro; y no como algo ya demostrado que deberíamos haber entendido y estar actuando en consecuencia.

Dios supo lo que necesitaríamos de antemano, Él actúa antes de nosotros darnos cuenta de nuestras propias necesidades; y cada persona que pretenda tener una relación con “aceptable” con Él, debe tener muy claras las siguientes pruebas irrefutables de su amor.

  1. Creó al Universo de forma perfecta y sin cabos sueltos. – Uno poco de estudio de Leyes Universales convencen a cualquiera. Si no fuera de esa forma, el Dios en el que crees sería un “pobre improvisado” que haces las cosas a medias o se le escapan algunas.
  2. Te creó con capacidad de disfrutar de la vida en sus pequeñas cosas y de llegar al Cielo. – Basta llevar una vida espiritual real para comenzar a darse cuenta.
  3. Envió a una persona (o a lo mejor a varias) para que te enseñará, no solo con palabras, sino con su vida; a como recibir todas las bendiciones. – Llámese Jesús, o Buda, o Krishna o en quien tú creas. Le adoramos, lo nombramos nuestro Señor, pero al momento de vivir de acuerdo con lo que nos enseña, fruncimos el ceño, decimos que es muy difícil; y entonces confiamos en que Él va a comprender lo incapaces que somos honrando sus enseñanzas.
  4. Dejó muy en claro el porqué suceden ciertas cosas y si bien en un momento algunas no podrás evitarlas, te dijo como asumirlas para que salgas fortalecido y para que no tengan la necesidad de que se repitan situaciones similares. – La lectura intencionada y sincera de cualquier escritura sagrada, incluso de La Biblia que conocemos, te da los lineamientos completos.
  5. Te mandó a decir claramente cómo deben ser las relaciones humanas para que no se conviertan situaciones de sufrimiento. – Sin ninguna duda, lineamientos básicos que debemos seguir soportados de cabo a rabo en las leyes espirituales escenificadas en las parábolas de las sagradas escrituras.
  6. Te dio la capacidad de mantener un estado de paz a pesar de tus situaciones externas. – Depende de nosotros lo que consideremos importante en nuestra vida; Dios lo dijo muy claro.
  7. Blindó tu camino hacia su reencuentro. - Puede que te detengas y estanques en algunos momentos, pero nunca puedes retroceder. Eso es crecimiento espiritual.
  8. Él le confió a tus sentimientos el poder para comunicarse contigo: tanto la forma en que Él te escucha. como el medio para Él hablarte. – No importa lo que seas, no importa lo que sepas, no importa sus dificultados o minusvalías, ni tu inteligencia ni tu torpeza, siempre tendrás línea directa con Él desde tu corazón. Eso lo traes de nacimiento y nadie te lo puede quitar.
  9. Él jamás se aleja de ti, ni que tú lo quieras. - Las leyes de creación del universo nunca se excluyen, siempre se cumplen y en todas partes. Dichas leyes representan a Dios. Es necesario conocerlas.
  10. Te dio el libre albedrío con lo cual eres el único dueño de tu destino. - No para hacer lo que quieras, sino para que si decides ser feliz, no haya nadie y nada que te lo pueda evitar; lo contrario también es cierto.
  11. Dejó escrito por todas partes (en diferentes escrituras sagradas) de forma MUY clara los lineamientos que debes seguir para mejorar tu vida de forma incremental. - Y para nosotros los cristianos, Jesús lo dijo MUY claramente; sin ambigüedades y totalmente coherente.
  12. Hizo que tu verdadera paz no dependiera de cosas terrenales, sino de tu espíritu. - El espíritu es lo único que te pertenece y lo que tú puedes controlar. Depende de ti si te crees un ser terrenal o uno espiritual; depende de ti lo que te quite más el sueño, depende de ti a qué amas más; a Dios o a tu terrenalidad.
Muchos años de evolución de la humanidad se perdieron por el hecho de no aceptar cosas que no encajaban en una percepción limitada del momento; por ejemplo desacreditando el hecho de que la tierra era redonda. 

De igual forma, si algo de esto no te suena o no lo compartes o no lo entiendes; no tomes la salida fácil de desacreditarlo y dejarlo pasar. Simplemente busca, pregunta, investiga, involúcrate; te puedes llevar bonitas sorpresas.

A menos, claro que tengas real paz en Dios. En ese caso, bendito seas; nada de esto te habrá sonado extraño.

Namasté.

Pedro A. Gómez Ruzzo.
Master Reiki Usui-Tibetano, Karuna Ki, Reiki Mineral
Original: 01 de agosto del 2014.
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Palabras Dios, ama, amor, pruebas