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jueves, 22 de enero de 2015

Pensamientos y verdades inútiles

Autor: Pedro A. Gómez Ruzzo
No es difícil darnos cuenta de la forma en la que asumimos nuestra realidad. Uno de los deseos y satisfacciones más grandes que experimentamos es el sentirnos parte de algo, de alguien o de una idea.
Esta es una actitud general que se puede extrapolar en cualquier escenario de vida. Pero yo pido me permitan enfocarlo en algo sencillo: a los llamados “mensajitos motivadores”
Me refiero a las frases, pensamientos o “verdades” que pululan las redes sociales; incluso a aquellos mensajitos compartidos por telefonía móvil.
Cuando nos llegan y los leemos, sentimos un placer “quasi-micro-orgásmico”, porque de alguna manera refleja lo que sentimos, pensamos u opinamos.
Un mensajito (en cualquiera de sus presentaciones) que resuena con nosotros; lo primero que logra es “avalar nuestro propio pensar”. Este “aval” nos hace sentir parte de “un grupo de personas que rige el pensamiento espiritual”, o también nos ubica “a la altura de grandes pensadores y filósofos de la historia universal”.
De esta forma nos damos cuenta que nuestro pensamiento y sentir está al mismo nivel de dichos pensamientos y verdades; y por supuesto queremos que los demás también se den cuenta.
“Dios es amor”
“Dios es fuerte y poderoso”
“No exijas amor, da amor”
“Somos hijos de Dios, hijos del Amor”
“Vivir en plenitud es estar en el estado en que el Ser brilla”
“La felicidad está hecha de pequeños momentos”
“El mejor amigo te comprende mejor”
”Eres un Ser de Luz”
“No es más feliz el que más tiene, sino el que menos necesita”
y miles de millones de pensamientos por el estilo.
Pero hay que preguntarse con sinceridad: más allá de refrendarlos y sacarlos por nuestras ventanas para que el mundo los vea: ¿de verdad nos sirven de algo a nivel personal?
Más allá de alagar nuestro ego (“porque eso exactamente pienso yo”); ¿ese pensamiento nos sirve para vivir? ¿es suficiente saberlo para que sea una realidad en tu vida? ¿estoy refrendando algo que a mí me ha servido ya o en realidad estoy refrendando algo que no sé como se digiere?
Por ejemplo, la frase “Dios es amor, fuerte y poderoso” ¿te ayuda a no sentir que los demás te hacen daño?
Te ayuda saber que “la felicidad está hecha de pequeños momentos” cuando vives compulsivamente e inconscientemente quejándote de todo lo malo que ves a tu alrededor.
Debemos tener cuidado de no estar viviendo a costa de pensamientos y verdades inútiles; recibiendo satisfacciones espurias que nos distraen de asumir acciones ciertas y personales para enfrentar nuestros lados oscuros.
Hay muchos “seres de luz” que se la pasan viendo zonas oscuras a su alrededor.
Al recibir cada pensamiento motivador, si queremos dejar de ser ingenuos debemos preguntarnos si además de entenderlo, compartirlo y refrendarlo; también ¿es una verdad para mí? ¿me sirve de algo? ¿lo aplico? ¿soy coherente entre lo que entiendo y comparto y la forma cómo vivo?
Entonces ¿a quién engaño? Al único que me podría ayudar, a mí mismo.
Pero no es solo auto-engaño. Está la industria mundial de la “Nueva Era” que hace su negocio atrapando a personas que compran esas “verdades inútiles”. Las personas entonces se siente parte de algo especial y se distraen; aunque ese algo no les esté ni sanando ni fortaleciendo ni nada.
Y millones de personas van repitiendo pensamientos y frases sabias e iluminadas, pero con sus vidas un poco reventadas de adentro hacia afuera. Hay millones de personas citando “verdades celestiales”, y creyendo que con eso llegarán al Cielo.
¿Espiritualidad? La modernidad occidental enseña que es suficiente con leer libros y entender y refrendar las ideas de “maestros de papel” para crecer espiritualmente. Y el mundo en ruinas.
¿Han oído de la “comida basura” que no alimenta al cuerpo? Bueno, también hay el “pensamiento basura” que no alimenta al espíritu.
“Las frases de enseñanza de un maestro espiritual solo sirven para que sus discípulos directos enseñen a otros. No sirven para iluminar a cualquier persona que las repita o incluso crea en ellas” (PAGR)
Namasté
Pedro A. Gómez Ruzzo.
Master Reiki Usui-Tibetano, Karuna Ki
Original: 22 de enero del 2015
Twitters: @SanaCristica @eReiki @EvolConsc @pagr777 @AdamaConsc
Palabras-claves: mensaje, motivadores, nueva, era

miércoles, 21 de enero de 2015

Nuestro país: escenario kármico

Autor: Pedro A. Gómez Ruzzo
Nuestro escenario como país se complica cada vez más; y no es un asunto de gobierno, de oposición o de economía.
Estamos atravesando desde hace años un escenario kármico extremadamente profundo; y cuando se habla de karma no se pueden buscar culpables; sino que todo el grupo humano envuelto en la situación es el responsable kármico.
Muchos dirán que no han hecho nada para estar así, y otros dirán que han hecho todo para evitarlo; pero ambos estarán equivocados. Cuando se habla de karma no se habla "del hacer" sino "del sentir"
No hay peor condición en el ser humano que creer que se están haciendo bien las cosas según sus propias convicciones. Se deben seguir lineamientos espirituales correctos para vivir y para que las cosas comiencen a ir bien.
Pero tampoco vamos a salir con bien con lineamientos espirituales que ignoren o desechen de cuajo la "responsabilidad kármica" que cada uno tenemos en esta situación. Hay que redefinir nuestra fe para reconciliarnos con Dios. No se engañen; nuestro "esbozo a mano alzada” de lo que creemos nuestra fe, nos ha llevado a estar donde estamos, sin luces para salir adelante. Pareciera que con solo pedirle a Dios es suficiente; ¿y nuestra responsabilidad personal? ¿Esa misma que nos trajo hasta aquí y la misma que nos tiene sin saber qué hacer?

Un escenario kármico es un círculo vicioso; y como tal, se realimenta a si mismo. Cada vez puede ir peor.
Pero aún así, la solución es sencilla; aunque no fácil de asumir. No es cuestión de pedirle a Dios que “meta la mano”, no es cuestión de enviar energía, no es cuestión de oraciones por el país, no es cuestión de pedirle a la Virgen, no es cuestión de terapias, ni siquiera de buenas intenciones. Mejorar es cuestión de cambiar nosotros; pero haciéndolo de la forma correcta, no de la forma en que creemos. Porque lo que hemos creído es lo que nos ha traído hasta donde estamos hoy.

Lo he dicho muchas veces y los que me han escuchado me han catalogado de ingenuo en el mejor de los casos. Cuando estén listos para escuchar de nuevo o cuando estén desesperados, me avisan. Y si no me encuentran, busquen y lean; ya todo lo he dejado escrito.
No soy fatalista, ni soy pesimista. Muy por el contrario sé que la solución es sencilla y es directa; pero se necesitan Valientes.
Pero no de esos valientes que dicen serlo enfrentándose al supuesto bando opuesto; sino de aquellos que se enfrenten a sí mismos, a sus propios comportamientos. Eso sí es valentía.
Si olvidamos lo básico como lo es el considerarnos TODOS como hermanos ¿cómo esperamos estar mejor?

"Se buscan personas que se comprometan con su actitud a asumir el karma de nuestro país para que poco a poco vayamos saliendo con bien para todos."
Probablemente la mayoría de los lectores no entiendan o no sepan a que me refiero con la frase anterior. El hecho de no saber lo que implica, es parte del problema.
¿Queremos comenzar con algo? Dejemos de culparnos los unos a los otros. La actitud de víctima-victimario-salvador es el combustible perfecto para que el escenario kármico se realimente.
Y esto sería solo el principio. Si eso de entrada se argumenta como ilógico e irreal; pues no hay nada que hacer: Dios y la Madre Naturaleza se encargarán.
Namasté
Pedro A. Gómez Ruzzo.
Master Reiki Usui-Tibetano, Karuna Ki
Original: 21 de enero del 2015
Twitters: @SanaCristica @eReiki @EvolConsc @pagr777 @AdamaConsc
Palabras-claves: escenario, karmico

domingo, 18 de enero de 2015

En cuerpo y alma

Autor: Pedro A. Gómez Ruzzo
Dentro de nuestra fe cristiana (y si revisamos otras doctrinas nos damos cuenta de que no nació en el cristianismo); existe una fenomenología que les sucede a ciertas personas ligadas a la divinidad. Esta fenomenología comprende el dejar esta realidad física, no solo con su alma (como sucede en la muerte común), sino también con su cuerpo físico.
Se dice que nuestro Señor Jesús “ascendió (en cuerpo y alma)” al cielo; y como dogma religioso (Papa Pío XII, la Bula Munificentissimus Deus, del 1-XI-1950), a nuestra Virgen María le sucedió lo mismo (fue Asunta al Cielo).
La diferencia entre Ascender y ser Asunta, es que en esta última, es Dios el que decide conceder la entrada al Cielo en cuerpo y alma por los dones de la persona; mientras que la Ascensión lo realizó Jesús por méritos propios. Disculpen la ligereza de la explicación y a lo mejor lo incompleto.
Cuando se habla de que el cuerpo físico sube al Cielo, se maneja a veces la figura de “cuerpo glorioso”, y otras veces aparece la noción de la incorruptibilidad de dichos cuerpos.
Cuando se mezclan términos como Cielo y la incorruptibilidad del cuerpo físico, no puedo dejar de remontarme a la creencias egipcias, miles de años antes del cristianismo. En esta cultura (como en otras) el cuerpo físico no debía corromperse, para asegurar una buena vida en la morada de los dioses. Pero no les distraigo.
Además de estas dos figuras divinas de Jesús y María, algunos estudiosos particulares refieren que a Enoc (en el Génesis) y a Elías, les pudo haber pasado algo similar; ya que de repente desaparecieron y se asume que fueron llevados al Cielo, incluyendo a sus cuerpos físicos.
Yo acepto que esta idea sea parte de nuestros dogmas de fe; ya que se debe aceptar sin entender claramente qué significa o cómo se cumple. Pero ante la idea de que las iglesias deberían atraer cada vez a más personas; hay que afrontar el hecho de que aferrarse a dogmas como este, ha cerrado el círculo y han creado grupos cada vez más exclusivos y cerrados, donde no se puede entrar o de donde se prefiera salir.
A veces yo me pregunto si los dogmas se deben aceptar como ciertos, porque de verdad no se sabe la explicación; o porque no se quieren aceptar verdades básicas que los explicarían, con el afán de defender posturas separatistas.
El negarse verdades compartidas con otras religiones, simplemente para no dar el brazo a torcer, deja sin basamento a enseñanzas importantes; y es entonces cuando se deben aceptar los dogmas con los ojos cerrados.
En un escrito anterior, hablé de la resurrección y la reencarnación desde el punto de vista de un cristiano de a pie (no como un cristiano que idolatra más a las instituciones que al propio Cristo). Y este escrito me trajo críticas e insultos de algunos cristianos institucionales.
Traigo a colación ese escrito, porque si entendiéramos los conceptos de resurrección y reencarnación (como es lo normal en muchas otras religiones hermanas), el hecho de ascender en “cuerpo y alma” sería aceptado de forma clara y automática; y no fuera necesario ponerlo como dogma de fe.
Resumo:
  • Resurrección: entrada de nuestra alma al Cielo luego de una vida digna dedicada a Dios y habiendo cultivado aquí en la tierra todos los dones necesarios. “Nos ganamos el Cielo aquí en la tierra”. Entonces, una vez que llegamos a la presencia del Padre, estaremos en Vida Eterna con Él; por eso no tenemos que volver a nacer y por lo tanto no tendremos que morir: no moriremos jamás; le habremos ganado a la muerte.
  • Reencarnación: son los ciclos que debemos transitar antes de resucitar (poder llegar a la resurrección). La reencarnación implica que nuestra alma, aún no tan pura como para entrar en la presencia del Padre, se somete a múltiples nacimientos y muertes en cuerpo físico. En cada nacimiento físico, la dedicación y el esfuerzo por llegar a Dios nos va purificando; hasta que llegamos a romper dicho ciclo de muertes y nacimientos físico sucesivos y entonces sí resucitamos. Una vez resucitados y en presencia de Dios no volvemos a nacer, porque Viviremos Eternamente con Él.
Cada vez que lo explico estos dos conceptos me pregunto dónde está el problema para un cristiano en entender y creer en esto; me pregunto por qué me insultan tanto. Esta idea de reencarnar varias veces hasta resucitar, no le resta absolutamente nada a las enseñanzas de nuestro Señor Jesús. El único problema que puedo asumir es que si el cristianismo institucional lo acepta, se comenzaría a parecer aún más al hinduismo o al budismo; y a lo mejor sentiría que pierde protagonismo. Pero no, no debe ser eso.
Volviendo al tema del escrito, el hecho de ir al Cielo en “cuerpo y alma” se debe entender primero como algo metafórico; me refiero a lo referente al cuerpo físico. De no ser una metáfora, el Cielo debería ser un lugar físico para poder alojar a los cuerpos físicos que lleguen allí; y entonces saldrían las personas que dicen que Dios es un extraterrestre y el Cielo es una nave nodriza; y esto es más complicado aún de aceptar que la misma reencarnación y la resurrección. Ustedes eligen: ¿lo dejamos como una metáfora o con extraterrestres?
Yo me quedo con una metáfora, porque está demostrado que ellas permiten trasmitir enseñanzas espirituales de forma atemporal.
Así que cuando al morir se dice metafóricamente que no solo el alma se va al Cielo, sino que también el cuerpo; se hace una referencia clara de que el cuerpo se va también porque no lo va a necesitar más aquí en la tierra; porque ya no va a volver. Eureka, “resucitó”.
¿Pero ascender en cuerpo y alma es un “resucitar” igual al que todos pretendemos? No. En la Santa Biblia también se habla, por ejemplo, que los muertos (santos) salieron de sus sepulcros y resucitaron cuando murió Jesús (Mateo 27:52 .- “y los sepulcros se abrieron, y los cuerpos de muchos santos que habían dormido resucitaron;”). En este caso se habla solo de resucitar, no de ascender en cuerpo y alma.
La diferencia está en el “dormir” de los que habían muerto. El “estar dormido” es un estadio intermedio entre la vida terrenal y la vida eterna. Y por eso, al resucitar, “despertamos a la vida eterna”.
En el caso de ascender en cuerpo y alma, no parecer haber ese estado intermedio; sino que desde nuestro plano terrenal, se pasa directo al Cielo; se resucita directo. Esa parece ser la única diferencia operativa.
Por otro lado; la creencia mística de la incorruptibilidad del cuerpo, refiere a que un alma que no está preparada para llegar al Padre, tiene mucho apego a su cuerpo físico. Por lo tanto, lo que corresponde al morir es que su cuerpo físico se corrompa, para que ella decida nacer en otro cuerpo nuevo y útil, que le permita volver a intentar llegar a Dios.
Si un alma no está lista para llegar a la presencia de Dios; la noción de su parte física no se irá con ella ya que tendrá que utilizarla una y otra vez hasta que pueda mudarse completamente y sin retorno (en “cuerpo y alma”) con PapáDios. Allí sí se lleva todo.
Dios les siga bendiciendo.
Namasté
Pedro A. Gómez Ruzzo.
Master Reiki Usui-Tibetano, Karuna Ki
Original: 18 de enero del 2015
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Palabras-claves: resurreccion, reencarnación, asunta, asunción, ascender, Jesús, María, virgen, cuerpo, alma, Dios, Cielo