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jueves, 6 de junio de 2024

¿A qué se refiere la “terrenalidad”?

Autor: ShaniShaktiAnanda

Como almas encarnadas que somos, todos estamos revestidos de terrenalidad. Es como cuando despertamos en la mañana, que nos vestimos para comenzar a hacer nuestras cosas.

Esa vestimenta, exterior a nosotros mismos, es equivalente a nuestra terrenalidad. Y durante el día, se va ensuciando.

La terrenalidad pudiera definirse como: “el conjunto de experiencias, situaciones o acciones de vida que implican nuestros planos físico, mental, emocional y energético”. También podría entenderse como “toda vivencia que se produzca o que incluya o que parta de nuestros sentidos físicos procesados por nuestra parte fìsica, nuestra mente, nuestros sentimientos o nuestras energías.

Prácticamente, toda nuestra experiencia de vida que implique el bienestar o malestar de nuestra vida humana, se pude definir como terrenalidad.

Entendido esto, comenzamos a contextualizar el término “terrenalidad” dentro del ámbito de sanación espiritual. Dentro de este ámbito, “vivir terrenalmente” se plantea muchas veces como “vivir de la carne”, “de lo carnal”; que equivocadamente algunas personas identifica “lo carnal” con la parte física, con el sexo. Esta mala interpretación siempre a sido muy controversial.

Entonces, la terrenalidad se suele opone la espiritualidad: vivir de la carne o vivir del Espíritu (Romanos 8:1-8). Pero la terrenalidad no es intrínsecamente mala, ya que se necesitan experiencias terrenales para sanar o fortalecernos espiritualmente cuando las llevamos correctamente. Por eso nosotros, como almas, reencarnamos en este plano terrenal; para vivir dichas experiencias de forma espiritual y así fortalecer nuestra alma y hacerla más espiritual.

El problema surge cuando no sabemos vivir nuestra terrenalidad para que sea de provecho a nuestra alma. Porque sí, podemos tener aspectos de nuestra terrenalidad que atentan contra la espiritualidad de nuestra alma. Con esa terrenalidad, contra esos aspectos “de la carne” que no sabemos lidiar con argumentos espirituales, sí debemos luchar.

Pudiéramos decir que nacemos con una terrenalidad pura y esta se va modificando mientras crecemos, se va condicionando para bien o para mal desde la óptica de nuestro espíritu.

Los condicionamientos negativos no solo pueden no colaborar a que nuestra alma se eleve, sino que puede hacernos vivir experiencias muy negativas en nuestra misma vida terrenal.

Cuando nos referimos esos aspectos de la terrenalidad contra los cuales debemos luchar; muchas veces se toma el símil de “demonios internos”. La biblia está llena de referencias de endemoniados, que no se refieren a “seres del más allá que se meten en las personas”; sino a “condicionamiento patológicos” que salen del interior de las mismas personas, demonios internos.

Muchos de estos demonios no son percibidos por las personas como malos, sino como actitudes que se pueden llegar a justificar socialmente e incluso se pueden ver como “apropiados o lógicos” por personas que también tiene los mismos. Incluso, hay actitudes que se perciben como positivas, porque defienden a la terrenales, sin darse cuenta que atentan en contra del espíritu.

¿Por qué se usa el termino demonios? Pues porque son formas de ver la vida, formas de actuar y formas de reaccionar ente lo que te sucede que te alejan de Díos, o lo que es equivalente te anclan a lo terrenal (a lo carnal).

Veamos algunos de estos “demonios” y su manera de expresarse:

  • El demonio (general) de los condicionamientos: hablando de los condicionamientos negativos. Los condicionamientos negativos se forman en la personas en momentos o situaciones de vida en modo supervivencia, donde se han sentido en peligro de cualquier manera. Estos modos de supervivencia vienen posiblemente por no tener las destrezas para enfrentar dichas situaciones. Este en un demonio general porque puede contener a otros, como al demonio de los celos; al demonio de la venganza; al demonio de la manipulación: al demonio de la necesidad de ayudar (o de sentirse útil en el fondo nada incondicional); entre muchos otros. De hecho, algunos de los demonios que nombraré a continuación pueden caber es esta categoría general.

  • El demonio de las expectativas: donde las personas “esperan” que ocurran las cosas, no sólo las que ellas quieren, sino de la manera en las que ellas proponen. No consideran que aunque legítimamente puede desear algo y obtenerlo, sus maneras no necesariamente son las mas apropiadas, e incluso sus maneras pueden llegar a dañar lo que pretenden conseguir.

  • El demonio de la baja autoestima: que te lleva a dudar de algunas de tus capacidades (o todas) impidiéndote mejorar en muchas aspectos. Un demonio muy pasivo.

  • El demonio de la soberbia: el otro extremo del de la baja autoestima. Plantea tener siempre la razón o estar en lo cierto. Esto es diferente a estar seguros en algún aspecto de la vida; sino que llega a desacreditar a personas que piensan diferente. No es solo estar seguro de algo, sino que se molesta y arremeten ante aquellos que piensan diferente.

  • El demonio de la carencia: vive en personas que constantemente se manejan en la necesidad de ser satisfechos por los demás, pero que no hacen nada por suplir sus propias carencias. Hablamos no solo de carencias económicas sino de acción, afectivas o de bienestar.

  • El demonio del empoderamiento: un demonio que habita en personas que siente que se puede “comer al mundo”, que son perfectas o por lo menos suficientes; y por lo tanto no buscan mejorar más. Llega el momento que algunas situaciones del mundo se las “comen a ellas”. Aparecen mucho en personas que se creen autocontroladas sin haber hecho el esfuerzo para ello; y lo son mientras no les pasa nada malo. Se ve mucho en un visión pseudo-espiritual donde la persona argumenta que Dios le ama; sin condición. Entonces, llega el momento dificil y no siente la ayuda de Dios, lo que le puede llevar hasta a desilusionarse de Él. Se puede llegar a encarnar en las frases: “a mi no me va a pasar nada de eso”; “soy bendita y afortunada”; “soy hija/o de Dios”; “yo no necesito de eso”; y bajo la sensación “humilde” de que los demás no son tan buenos como ellas.

  • El demonio del protagonismo: asociado al demonio de la baja autoestima, pero nada pasivo. La persona puede hacer y hacer cada vez mas hacia los demás, con una legítima intención de ayudar, pero una oculta necesidad de convertirse en indispensable.

  • El demonio de la “victimización”: condiciona una actitud de indefensión donde la persona no hace nada para mejorar lo que le pasa en la vida. Lo deja en un estancamiento doliente pernicioso, estancado, sin posibilidad de mejora o fortalecimiento de ella misma. Es víctima de todos y de todo.

  • El demonio del juzgar/criticar: se implanta en una persona muy frustrada, condicionada por una percepción muy personal, o implantadas de terceros, de que ella no sirve para mucho. Esto le lleva, de forma compulsiva, a reivindicarse personalmente pisando, desacreditando o juzgando a los demás con la idea de sentir que hay peores personas que ella misma; más brutas, más incapaces, más ignorantes, más descuidadas, más inmorales, mas flojas, más desordenadas, etc. Es diferente al hecho de identificar las cosas que pudieran estar mejor. El demonio del juicio critica sin accionar hacia cambios positivos donde ella misma pudiera solventar lo criticado.

  • El demonio vengador: el demonio que poseen a la persona que defiende causas que no le corresponde o de la manera incorrecta. Esto mismo le lleva muy a menudo a salir “con las tablas en la cabeza”. Posiblemente este demonio se deba a la mucha injusticia que sintió o percibió en su propia vida.

  • El demonio del sedentarismo: demonio que plantea el mínimo esfuerzo en la vida; o también el desconocimiento de que las cosas buenas toman tiempo y esfuerzo en cristalizarse. Este demonio se puede asociar a “la zona de confort”, la misma que todos sabemos que debemos vencer para siempre estar mejor.

  • El demonio de la inmediatez: este demonio se alimenta de las gratificaciones instantáneas. Está relacionado con el demonio del sedentarismo. Es diferente al demonio de la impaciencia, donde sí hay un hacer.

  • El demonio de la impaciencia: promueve una incapacidad de esperar que lo realizado de frutos. Puede llevar a la procastrinación.

  • El demonio del bajo IQ: es uno de los demonio que pueden tener origen incluso en la alimentación desde niños. Se presenta en las personas con baja capacidad de análisis de las situaciones que vive, lo que les lleva a asumir u omitir cosas y a actuar sin el conocimiento suficiente de las situaciones; generándose muchos desaciertos y sufrimientos sin razón.

  • El demonio del perfeccionamiento: está ligado al demonio de las expectativas. El “ángel opuesto” es el de lo perfectible. Saberse perfectible no es un demonio, sino algo bueno. Una cosas es saber que las cosas siempre pueden estar mejor y enfocarse a ellos (perfeccionarse) y otra diferente es esperar que los demás sean perfectos (este es el demonio)

  • El demonio del miedo al fracaso: que puede marcar una parálisis ante una acción, o un accionar muy a la defensiva contra todo y todos que siente como enemigos. Puede estar a la vez condicionado por no ser juzgado.


La características principal de todos estos demonios, y de los que puedan faltar, es que siempre intentan pasar desapercibidos. Esta es la mejor manera de actuar para permanecer. De hecho, la persona que está viviendo con algunos de estos demonios tienen a negarlos o a argumentarlos a su favor.

Y todos esos se asocian metafóricamente a demonios porque secuestran nuestra energía vital y nos hacen vivir (mal-vivir) enfocados a nuestra parte terrenal o carnal, alejándonos de lo espiritual.

Ahora se debería entender la frase de “no vivir enfocado a tu terrenalidad”, o “dejar de lado tu terrenalidad”, o “no entregarse a la carne”; se refiere a no vivir enfocado en función de estos demonios.

Todos podemos tener diferentes demonios (condicionamientos) activos y desde allí estar viviendo una terrenalidad que NUNCA termina de complacernos, más que de a ratos. Asì que debemos buscar ayuda para identificarlos y superarlos.

Se sabe que para comenzar a mejorar se debe saber primero de qué se sufre; para poder exorcizar a un demonio primero se debe saber su nombre. Ojalá este escrito nos sirva para comenzar los exorcismos que nos sean necesarios y así dejar de vivir tan terrenalmente.

Dios les bendiga.

Namasté.

ShaniShaktiAnanda
Original: XXXX AS. (06 de junio del 2024)
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Palabras-claves: demonios, condicionamientos, sanaciòn, espiritual,

jueves, 11 de mayo de 2023

La liberación de Gajendra

Autor: ShaniShaktiAnanda

Las historias o fábulas hindúes están llenas de significado espiritual. Para quien las sepa leer y tenga el contexto necesario, son una forma inmejorable de recordar todo un cúmulo de enseñanzas espirituales con solo referencias del cuento.

Una de estas riquísimas historias es la de un elefante llamado Gajendra.

Coloco aquí el cuento que fue recogido de la Internet.


Gajendra moksana – La liberación de Gajendra


Había una vez un elefante llamado Gajendra que vivía en un jardín llamado Ṛtumat que fue creado por Varuna. Este jardín estaba ubicado en el Monte Trikuta, la "Montaña de los Tres Picos". Gajendra gobernaba sobre todos los demás elefantes de la manada.

Un día, como de costumbre, fue al lago cercano a recoger flores de loto para ofrecer una oración al Señor Vishnú. De repente, un cocodrilo que vivía en el lago atacó a Gajendra y lo agarró de la pierna. Gajendra intentó durante mucho tiempo escapar de las garras del cocodrilo.

Todos sus familiares, parientes y amigos se reunieron para ayudarlo, pero fue en vano. El cocodrilo simplemente no lo soltó. Cuando se dieron cuenta de que la "muerte" se había acercado a Gajendra, lo dejaron solo. Trompeó de dolor e impotencia hasta que quedó ronco. Como la lucha parecía interminable y cuando había gastado su última gota de energía, Gajendra llamó al dios Vishnú para que lo salvara, sosteniendo un loto en el aire como una ofrenda.

Al escuchar el llamado y la oración de su devoto, Vishnu corrió a la escena. Cuando Gajendra vio venir al dios, levantó un loto con su trompa. Al ver esto, Vishnu estaba complacido y con su Sudharshana Chakra, decapitó al cocodrilo.

Gajendra se postró ante el dios Vishnú; y este le informó a Gajendra que él, en uno de sus nacimientos anteriores, había sido el célebre rey Indradyumna, un devoto de Vishnú; pero debido a su falta de respeto al gran sabio Agastya, había sido maldecido para renacer como un elefante.

Fin.

Si recibes enseñanzas espiritual de mi parte, entenderás cada detalle.

Dios les bendiga.

Namasté.

ShaniShaktiAnanda
Original: XXXX AS. (11 de mayo del 2023)
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Palabras-claves: Gajendra, Vishnú, elefante, induista, caiman, cocodrilo

sábado, 18 de febrero de 2023

Preparación a la Presintonización Reiki Usui Tibetano. Maestro ShaniShaktiAnanda


Este procedimiento debe ser coordinado y aprobado con el Maestro ShaniShaktiAnanda.

Se utiliza como paso previo a los Talleres de Reiki de cualquier nivel que él dicte.


Preparación:

  • Silla
  • Vaso de vidrio con agua potable
  • Velón (vela, veladora, bujía) blanco pequeño.
  • Música de relajación escogida a voluntad o la que el Maestro SSA haya indicado.


Ejecución. El día indicado  por el Maestro SSA y dentro de las horas indicadas:

  1. Disponer de un espacio tranquilo donde se estará por 10 minutos. Temperatura agradable (no muy fría) y poca iluminación
  2. Colocar la silla en el centro de ese espacio, mirando hacia el norte (punto cardinal)
  3. Poner la música de relajación o la música indicada.
  4. Enviar un mensaje al grupo (chat) donde se está coordinando la presintonización diciendo: "Comenzando la presintonización del nivel X con el Maestro ShaniShaktiAnanda" (sustituir la X por el nivel pre-acordado)
  5. Colocar el vaso con agua potable sobre alguna superficie cerca de la silla. No colocar en el suelo.
  6. Encender el velón cerca de la silla sobre alguna superficie. Puede ser cerca del vaso de agua. Cuidado con un incendio. No colocar en el suelo.
  7. Quedarse descalzo y sentarse en la silla viendo al norte.
  8. Decir, en actitud de oración, la siguiente petición: (mentalmente o en voz baja)

     "Pido a mis Guías (y a Dios) que me asistan en esta presintonización de Reiki Usui Tibetano Tántrico Nivel X, realizada por el maestro ShaniShaktiAnanda a mi persona; y que de esta forma sea para mi bien mayor y el bien mayor de mis seres queridos y de todos a los que yo pueda ayudar."

  9. Soltar todo lo que se tenga en las manos y ponerlas en forma de oración delante del pecho.
  10. Cerrar los ojos, quedarse solo percibiendo las sensaciones que se presenten, por aproximadamente 10 minutos. Poner una alarma si lo cree necesario.
  11. Luego de los 10 minutos (aproximados), abrir los ojos y tomar todo el vaso de agua que se colocó.
  12. Enviar un nuevo mensaje al grupo (chat) donde se está coordinando la presintonización diciendo: "Terminada la presintonización del nivel X con el Maestro ShaniShaktiAnanda" (sustituir la X por el nivel pre-acordado)
  13. Compartir en el grupo lo que se sintió si lo desea.
  14. Apagar el velón y recordar llevarlo al taller.
Listo.

domingo, 18 de diciembre de 2022

Los beneficios de amarte

Autor: ShaniShaktiAnanda

El amar a algo o a alguien siempre se debe traducir en acciones. De lo contrario la frase “te amo” o “lo amo” es inconsistente.

Y es así porque el beneficiario de tu amor debe sentirlo, debe beneficiarse con ello.

No voy a discutir que muchas veces sentimos amar a alguien y no podemos demostrarlo, incluso porque esa persona puede no querer nuestro amor. Sucede. Pero ese amor que no se puede manifestar efectivamente, no ayuda a nadie, ni al que ama ni al ser amado. Por lo tanto aquí no me refiero a ese amor.

Cuando amas de verdad a alguien siempre buscas hacer cosas para que ese ser amado esté bien, se mantenga bien, esté sano, se alimente bien, no se enferme, descanse, esté tranquilo, no le das preocupaciones, lo ayudas a cumplir sus metas, lo apoyas para que tenga éxito y muchas cosas más.

Pero ese amor, el amor de verdad, no es alcahueta. Ese amor no debe pretender dar bienestar inmediato del ser amado a costa de un bienestar trascendente, de un bienestar futuro mayor. Me explico con dos ejemplos.

Si amas a tu hijo lo envías al colegio, le das educación (dentro de tus posibilidades); pero cuando quiera divertirse viendo televisión incumpliendo con alguna tarea, pues en nombre de ese amor no se lo permites. Cualquier bienestar mayor, futuro, trascendente, es más importante que bienestares “alcahuetas” instantáneos.

Si amas a una persona con diabetes, tu manifestación de amor no es cocinarles con azucares y carbohidratos refinados sino procurar que esté bien a futuro, a pesar de que tenga que suprimir gratificaciones inmediatas, como puede ser comer dulce.

Estoy seguro que hasta aquí estamos de acuerdo.

Resumiendo: cuando amas a alguien quieres y haces por el bienestar trascendente de esa persona; bienestar trascendente que a veces implica ayudarle a hacer sacrificios y elegir qué es lo mejor para ella.

Amar a los demás puede llegar a ser natural y fácil, créanme. Pero ¿es fácil amarse a uno mismo?

Uno puede descubrir que los criterios de vida más difíciles de llevar a cabo no son naturales, sino que se tienen que aprender con esfuerzo; con un esfuerzo espiritual.

Cito una referencia bíblica que establece dos de las conductas correctas para vivir con bienestar trascendente:

Mateo 22:36-40 (RV1960)

36 Maestro (le preguntaron a Jesucristo), ¿cuál es el gran mandamiento en la ley? 37 Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. 38 Este es el primero y grande mandamiento. 39 Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. 40 De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas.

En la cita anterior se leen dos de los mandamientos fundamentales dados por Jesucristo, los cuales son base de todas las enseñanzas sagradas, aplicable a cualquier doctrina espiritual/religiosa. Una personas espiritual tiene estos dos preceptos como basamento de todo lo que hace en la vida.

El mandamiento de “amar a Dios sobre todas las cosas” es parte de otros escritos. Es el mandamiento fundamental más importante y hay que entenderlo muy bien; pero no corresponde explicarlo en este escrito.

Lo que si vamos a tomas es el mandamiento de “amar a tu prójimo como a ti mismo”

Aquí cabe muy bien todo lo que hemos hablado anteriormente. Amar a tu prójimo es proveerle o ayudarle a que tenga el mayor bienestar trascendente (a pesar de sus gratificaciones instantáneas).

Pero ¿nos damos cuenta de que este mandamiento es reversible?

Amar a tu prójimo como a ti mismo = Amarte a ti mismo como amas a tu prójimo.

Si amando a tu prójimo buscas su bienestar, ¿porque no te procuras tu bienestar de la misma manera?


Vivir el aquí y el ahora

Esta frase puede ser tan correcta o incorrecta como la interpretación que “convenientemente” que se le dé. Destacaré solo la interpretación incorrecta desde el ámbito del bienestar.

Muchas personas interpretan el “vivir el aquí y el ahora” como una forma de enfocarse en el disfrute personal del momento, porque consideran que el futuro es incierto. Por eso viven buscando momentos de disfrute y placer, sin considerar muchas veces las consecuencias a futuro; consecuencias no necesariamente por lo que hacen, sino por lo que dejan de hacer.

Eso se llama: “Gratificación instantánea” (gracias Blanca) y es potencialmente peligroso e irreversible.

Las personas que viven buscando su bienestar en el aquí y en el ahora se parecen a los estudiantes que abandonan lo deberes por ver la televisión, por salir con los amigos, por los vídeo juegos, por distraerse, etc. Una inmadurez que no promete un bienestar futuro.

Esta mala interpretación de “vivir aquí y del ahora” anula el concepto del bienestar trascendente. No quiere decir que en la búsqueda del bienestar trascendente no puedas disfrutar el momento; pero debes estar consciente de que, cuando sea necesario, debes escoger tus acciones por un bienestar trascendente a pesar de que no disfrutes el momento.


Claridad para la calle y oscuridad para la casa

Y es una realidad que no se suele cumplir lo de “amarnos (cuidarnos) como amamos (cuidamos) a nuestro prójimo”.

  • Damos muchos consejos de bienestar a aquellos que amamos, los mismos que no seguimos.

  • Somos capaces de cuidar o preparar comidas saludables a los demás, pero somos descuidados con nuestra propia alimentación.

  • Damos consejos o procuramos que descansen aquellos que amamos, pero nosotros no tenemos el descanso suficiente.

  • Aconsejamos que los que amamos hagan ejercicios regularmente, pero nosotros no lo hacemos como deberíamos.

  • Trasmitimos a los que amamos que meditar es bueno, pero nosotros no le ponemos dedicación.

  • Acompañamos al médico a quienes amamos, pero nosotros no vamos para lo nuestro.

  • Recordamos hacer a nuestros amados sus controles de salud y no estamos pendientes de los nuestros.

  • Aconsejamos a los amigos que se calmen ente un problema pero nos alteramos sin control ante los nuestros.

  • Decimos a nuestro amados que confíe en Dios ante algún problema pero ese mismo Dios no nos sirve a nosotros en los nuestros.


Si no nos amamos a nosotros mismos (como amamos a nuestro prójimo) nunca vamos a estar realmente bien. Recordemos que cuando amas a alguien lo que buscas es que esté realmente bien, de forma trascendente.


Los beneficios de amarte... a ti mismo

A lo mejor el título de este escrito confundió a algunos; pero sigue siento coherente; porque si yo te amo, también me debo amar a mí mismo.

Y no es la idea que algunos repiten que debemos primero aprender a amarnos a nosotros mismos antes de amar a los demás; si fuera así nunca llegaríamos a amar a nadie.

Como el mandamiento citado es una igualdad y toda igualdad es bidireccional; el amar a otros y a la vez trabajar amándonos a nosotros mismos se puede hacer simultáneamente.

Si te esfuerzas porque alguien esté bien, debes esforzarte para que tú también estés bien.

Y a veces lo hacemos. Si conocemos una buena fuente de soda; pues la recomendamos a las personas que amamos. Solo que debemos hacerlo con cosas más serias, con las cosas que nos den beneficios trascendentes.

Como corolario final quiero dejar algo que debemos recordar siempre:

El primer paso para tener cada vez mayor bienestar es que aprendas a amarte a ti mismo. Esto implica que te ocupes de las cosas que te prometan bienestar trascendente, dejando de lado, de ser necesario, las gratificaciones instantáneas.” SSA 18dic2022

Ahora es fácil darse cuenta de que si nos cuidamos nosotros mismos, podremos tener mayor capacidad de cuidar a los que amamos.

¿Llamamos ta todo esto amor propio? Ya lo desarrollaré más en su momento.

¡Pero cuidado! Eso de amarse uno mismo no tiene nada que ver con quererse uno tal como es. Otras personas predican que te debes aceptar como eres; y ese es el tipo de amor alcahueta que nadie se puede permitir.

Si practicas el amarte como eres, estás aceptando y quedándote con esas cosas en ti que pudieran estar mejor. El amarte como eres puede eliminar cualquier posibilidad de ser mejor; de hecho te estarías amando así como eres, sin ser mejor.

El amarse a uno mismo de verdad, te debe llevar constantemente a superarte, a mejorar, a cambiar para mejor; eso es bienestar trascendental. Siempre buscando alcanzar la mejor versión de ti mismo.


Aclaratoria adicional: en párrafos anteriores coloqué una cita bíblica para argumentar el bienestar (incluso el terrenal), porque no existen acciones de mayor bienestar trascendental que las conductas que nos invita a adoptar las enseñanzas sagradas. Tenlo siempre en cuenta si de verdad quieres vivir muy bien.

Dios les bendiga.

Namasté.

ShaniShaktiAnanda
Original: XXXX AS. (18 de diciembre del 2022)
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Palabras-claves: bienestar trascendente gratificación instantánea amarte prójimo amor propio

viernes, 22 de julio de 2022

El estrés oculto

 Autor: ShaniShaktiAnanda

¿Sabías que tener estrés no solo significa estar preocupado por algo?

Asociamos, de forma muy limitada, el estar estresado con tener algún problema y estar preocupado. Por eso podemos estar enfermos y descartarnos inapropiadamente al estrés como origen.

El estrés siempre es una sobrecarga de algún sistema para intentar volver al equilibrio del cual se le sacó. Puede ser una enfermedad, un golpe, algo agudo (puntual, eventual) que se resuelve y listo (a este se le llama eustrés); o por el contrario puede ser un estrés crónico que tarda mucho en resolverse, muchas veces porque no lo identificamos. El crónico (a este se le llama distrés) es el que enferma. 

Pero este estrés que enferma puede estar ocurriendo más allá de tu mente, de tus emociones y realmente puede pasar desapercibido para ti.

Somos seres integrales, formados por varias partes (o cuerpos) que se integran entre sí. Si uno de ellos falla, pues podemos fallar integralmente. Si uno de ellos se estresa, va a afectar a otros.

Todo sanador integral debe reconocer que podemos sufrir varios tipos de estrés:

1. Estrés físico

2. Estrés orgánico/fisiológico

3. Estrés mental (el más conocido)

4. Estrés emocional (a veces confundido con el mental)

5. Estrés energético (energía vital, chakras)

6. Estrés álmico (a lo mejor aquí ya comenzaste a arrugar la cara) y

7. Estrés kármico.

 

No voy a describir en este escrito los tipos de estrés, primero porque pueden ser más complejos de lo que puedo aclarar en pocas líneas; y segundo porque no quiero dar la intención de que algo de esto se puede auto-tratar con el simple hecho de comprender el concepto.

Pero sí puedo decir que por acciones médicas y terapéuticas posiblemente se traten los cuatro primeros tipos de estrés. Los otros tres se deben abordar desde la Sanación Integral. De cualquier manera, debes buscar ayuda

Pero atención, muchas veces encontrarás a terapeutas y sanadores que se dicen holísticos o integrales únicamente porque saben varias técnicas. Ser holístico o integral no es cuestión de tener muchas herramientas, sino que es realmente entender la sinergia que hay entre todas nuestras partes, para saber dónde buscar, qué buscar y luego qué proponer con lo que se encontró.

Debe ser una prioridad para ti evaluar en tu vida los puntos de estrés de forma muy cuidadosa, ya que se puede afirmar que el estrés, en cualquiera de sus tipos, es el origen de cualquier malestar, enfermedad, dolencia, preocupación, frustración, como lo quieras llamar.

Si necesitas ayuda, contáctame.

Dios les bendiga.

Namasté.

ShaniShaktiAnanda
Original:  XXXX AS. (22 de julio del 2022)
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Palabras-claves: estrés, eustrés, distrés, enfermedad, malestar, integralidad, holístico, integral, sanación, medico, terapeuta, sanador

miércoles, 20 de julio de 2022

¿Por qué insisto con lo espiritual?

Autor: Pedro A. Gómez Ruzzo
 
Muchas personas que me conocieron y las que me conocen, pudieran asegurar que soy un hombre bastante normal.

Soy algo serio y formal. Difícil de abordar al comienzo, también. Pero una vez que me conocen, suelo ser amable y llevadero.

Una de las cosas malas que pudieran decir de mí, es que soy muy intenso cuando abordo algunos temas: tanto profesionales (tecnológicos) como humanos (espirituales).


Y en los temas espirituales, es donde me he desenvuelto en estos últimos años con más intensidad e insistencia que nunca. Y lo he hecho no porque haya descubierto un ámbito nuevo en mi vida. Muy por el contrario, he vivido en estos temas espirituales, religiosos, místicos y paranormales desde muy niño (antes de mis 10 años de edad). A la espiritualidad la abordo con intensidad e insistencia, porque “he visto mucha agua correr debajo del puente”; y esas cosas las suelo defender desde una amplia experiencia de vida.

Mucha gente que no conoce detalles de mi niñez y de mi juventud, supone que ahora estoy en la parte espiritual porque “me han pasado cosas difíciles en la vida” o porque “me cansé de la vida que llevaba y ahora cambié la forma de ver las cosas”.

Totalmente equivocados. Aunque si bien me han pasado cosas difíciles como le pudieron haber pasado a cualquiera; pude haberme quedado viviendo muy bien mi vida profesional; no me iba nada mal. Pero la vida me ha rescatado, haciendo valer con aquellos que me formé desde muy pequeño. Como para justificar su inversión; digo yo.

Y esa vehemencia en argumentar la necesidad de llevar una vida espiritual mientras vivimos, viene de algunas cosas particulares; una de ellas es la que quiero descubrir aquí.

Me ha ayudado mucho el conocer, con certeza, qué sucede luego de morir; y cómo se puede estar en el más allá si no se aprovechó la vida terrenal desde un punto de vista espiritual. Eso me autoriza para poder “advertir” (algunos dirían “asustar”) a los demás.

Y digo certeza, porque desde muy pequeño me comunico con seres de otros planos (incluyendo difuntos).

Los detalles de esta capacidad extrasensorial no los voy a exponer aquí. Pero puedo decirles que con esta capacidad, desde muy pequeño, pasé por períodos bien definidos. Primero sentí terror por esta capacidad. Luego me la negué y más tarde la ignoré.

Pero llegó el momento en el cual, enfrentándome a las pruebas de validación irrefutables a lo largo de toda mi vida, no pude más que aprender a vivir con esa capacidad. Llegó el punto donde seguir ignorando esta capacidad hubiera sido tonto.

Afortunadamente, fue un proceso de aceptación cabal; que me permitió no sentirme más ni mejor que nadie (a veces sí en franca desventaja); y nunca lo tomé como un “espectáculo de circo” del cual pude haber sacado mucho provecho.

Esto mismo me permitió aprender a vivir de forma bastante normal. Nadie imaginaría que el muchacho aquel, estudiante y luego profesional universitario, además de trabajador dedicado; tuviera "esas cosas”.

Pero sí, las tenía. Y por eso, cuando digo que "he visto” a seres que han muerto, desesperados por haber perdido su reencarnación, sintiéndose “desnudos y desamparados”; pues sé de lo que hablo.

La gente ha comprado a “vendedores deshonestos” la idea de que tanto la espiritualidad como la religiosidad hacen felices a las personas aquí en la Tierra. Pero yo les aseguro que vivir espiritualmente mientras estamos aquí, nos va a dar el máximo provecho en esta vida al morir. Si quieres simplemente vivir feliz, vive terrenalmente y listo.

Pero no solo trae problemas el no vivir espiritualmente. Sino que más de una persona ha vivido “creyendo llevar una vida espiritual” y al morir se da cuenta de que perdió el tiempo. Mejor hubiera sido no haber hecho nada. Su estado en el más allá resulta peor que si hubiera ignorado totalmente su espiritualidad.

¡Dios!; yo sí les puedo decir "con los pelos del burro en la mano", lo importante que es vivir espiritualmente.

Si bien me estoy confesando ahora con muchos de ustedes; este argumento de mi capacidad extrasensorial nunca lo he explotado. Yo pienso que vivir espiritualmente hay que hacerlo porque nace del alma, porque es una necesidad de nuestro espíritu y porque amamos a Dios y no queremos defraudarlo; no por el susto de una existencia luego de la muerte metafóricamente en el infierno.

Y digo metafóricamente, porque el estado en el que puede quedar un alma, puede ser peor de lo que podemos imaginar como infierno.

Pero si este miedo a la existencia después de la muerte le sirve a alguien, aquí lo dejo. Busquen crecer espiritualmente mientras sigan vivos; después de morir, no es mucho lo que se puede hacer.

En este punto, alguno pensará que eso no es así, que estoy equivocado o que estoy fanatizando. Luego de morir lo sabrás. Cerrar los ojos en la oscuridad no espanta a los fantasmas, solo te hacen creer que no existen. Si compraste la idea de que todo es hermoso luego de morir, te informo que no hay cambio ni devolución cuando te des cuenta.

Espero que los que me conocían antes, no comiencen a verme de forma extraña a partir de ahora; sigo siendo el mismo que conocieron alguna vez.

Por cierto, si esto inquieta sus pensamientos no se preocupen; la mente desaparece totalmente al morir.

Namasté

Pedro A. Gómez Ruzzo.
Master Reiki Usui-Tibetano, Karuna Ki
Original: 01 de abril del 2015
Modificado y publicado: 20 de julio del 2022
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Palabras-claves: muertos, desencarnados, extrasensorialidad, espiritualidad, religiosidad. mente, existencia después de la muerte

viernes, 15 de julio de 2022

Estrés: el enemigo aceptado

Autor: ShaniShaktiAnanda

Definamos, de entrada, que vamos a referirnos del estrés patológico. Sí, hay dos tipos de estrés: el que nos permite responder a exigencias puntuales de la vida (eustrés), necesario y útil; y el estrés que no nos sirve, que es generalmente crónico y que nos daña en silencio (distrés)

Los estados de estrés (bueno o malo) son generalmente eventos adicionales y repentinos al comportamiento estable de nuestro ser. Cuando estos se disparan, utilizan energía adicional a la que normalmente utilizamos para funcionar usualmente.

Si este estado o situación de estrés se resuelve dentro del tiempo y la forma establecida por el mismo proceso que lo generó, la energía adicional que se emplea se saca de nuestras reservas energéticas y listo. En el curso normal de nuestra vida, nuestras reservas se llenan de nuevo.

Pero si esta situación de estrés tarda más de lo normal en resolverse, el consumo de energía adicional puede agotar nuestra energía de reserva y entonces se comienza a utilizar nuestra “energía de funcionamiento sano”. Es allí cuando algunos de nuestros sistemas empiezan a quedarse sin energía y, por lo tanto, comienzan a fallar (todo proceso necesita energía suficiente para llevar a cabo correctamente). Llegamos entonces al nivel donde el estrés se comienza a manifestar en una enfermedad, malestar, sensación, cansancio, agotamiento, mal carácter, insomnio, etc. Simplemente, esos estados de estrés no resueltos gastan la energía que necesitaríamos para funcionar correctamente. En un estrés sostenido entramos en déficit energético, ya que se gasta energía de forma constante sin que se resuelva la situación.

Como nota mental, podemos asumir que si tuviéramos energía de reserva muy alta o infinita; pues el estrés, como proceso que consume energía adicional, no nos afectaría o lo haría mucho menos.


Tipos de energía

Aquí entro, como sanador, a considerar nuestra integralidad, más allá del cuerpo físico.

Desde esta Integralidad del Ser, donde somos: cuerpo físico/biológico, cuerpo mental, cuerpo emocional, cuerpo energético, cuerpo álmico, cuerpo kármico y cuerpo espiritual; tenemos tres tipos de energía.

Estos tipos de energías se usan indistintamente en todo nuestro Ser; aunque cada una tiene pertinencia especial en sistemas particulares, echando mano de las otras de ser necesario.

Dejo una tabla de referencia:

Tipo de energía

Nombre

Origen asociado

Pertinencia especial (no exclusiva)

Posible optimización de la energía

 

Algunas fuentes de estrés

Energía biológica

Molécula de Adenosín Trifosfato (ATP)

Cuerpo biológico: células – mitocondrias

Funciones orgánicas y mentales

Mejorar del ambiente alrededor de las células.

Aumentar de la densidad mitocondrial.

Asegurar los elementos utilizados en la producción del ATP.

Asegurar el suficiente descanso.

Otras.

Inflamación crónica de bajo grado.

Acidez metabólica.

Sedentarismo,

Nutrición deficiente.

Otras.

Energía vital

Ki/Chi/Prana

Cuerpo energético:

chakras/nadis

Funciones energéticas; conductuales; emociones; sentimientos; sistema endocrino

Adoptar conductas menos demandantes energéticamente.

Controlar nuestras emociones.

Ampliar conciencia del porqué nos suceden las cosas.

Practicar de rutinas/terapias energéticas.

Asegurar el suficiente descanso.

Otras.

Conductas reactivas.

Conductas evasivas.

“Perfeccionismo” más allá de querer hacer las cosas correctas y bien.

Emociones poco armónicas hacia situaciones y personas, sostenidas en el tiempo.

Otras.

Energía espiritual

Espíritu

Cuerpo espiritual

Funciones álmicas y kármicas

Adoptar conductas espirituales, que impliquen un estilo de vida realmente espiritual; más allá del “Dios me ama, yo lo amo”, “Dios ayúdame” y del “Agradecer a Dios”.

Ajustar de nuestra relación con Dios.

Practicar religiones de forma real, personal y comprometida (no me refiero a la práctica cultura/social)

Otras.

Estilos de vida enfocados principalmente a metas terrenales (físicas, económicas, mentales, emocionales y de bienestar)

Conductas kármicas negativas (en generación y/o en contagio)

Expectativas/apegos.

Otras.

Tabla 1. Referencias de los tipos de energía en nuestro Ser Integral. v.1.1 (©PAGR –SSA)

 Y estos tres tipos de energías son las que se agotan o las que no tenemos suficiente.

El estrés, que se puede dar en cualquier parte de nuestro Ser, agota las energías y eso produce mal funcionamiento en nosotros.

Conocíamos el estrés mental, recientemente el estrés biológico; pero el estrés puede ser también emocional, energético, álmico y kármico.


Fuentes de estrés

En la tabla anterior se destacan algunas de las fuentes de estrés que desgastan nuestras energías, por los menos las fuentes de estrés más comunes en la actualidad:

  • Inflamación crónica de bajo grado.
  • Acidez metabólica.
  • Sedentarismo.
  • Nutrición deficiente.
  • Conductas reactivas.
  • Conductas evasivas.
  • “Perfeccionismo” más allá de querer hacer las cosas correctas y bien.
  • Emociones poco armónicas hacia situaciones o personas, sostenidas en el tiempo.
  • Estilo de vida enfocado principalmente a metas terrenales (físicas, económicas, mentales, emocionales y de bienestar)
  • Conductas kármicas negativas (en generación y/o en contagio)
  • Expectativas/apegos.

Estas son solo algunas fuentes de estrés; pero el problema real no es la cantidad, sino que muchas de ellas pasan desapercibidas o justificadas dentro del “ideal” (si bien patológico) de una conducta exitosa humana.

Es impresionante como nosotros, quienes nos decimos espirituales, gastamos todas nuestras energías siendo tan terrenales; porque si echamos otra mirada a las fuentes de estrés, todas son actitudes muy humanas.

Actuamos inclusive humanamente bien y nos estamos desgastando en contra absoluta de nuestro Ser.

Y el problema es que una sola fuente de estrés que descuidamos puede hacer mella en cualquier parte de nuestro Ser. Por eso no resulta sencillo encontrar el origen del porqué estoy sintiendo esto o aquello. Esta es la razón por la cual el diagnóstico de estrés suele ser tan general y su tratamiento tan al azar para algunos profesionales de la salud.

Peor aún, es muy probable que no tengamos una única fuente de estrés.

Por ejemplo, podemos cuidar bastante bien de nuestra parte física/biológica con ejercicios, alimentación y nutrición; pero si no nos percatamos del estrés mental o emocional en alcanzar a toda costa metas terrenales, podemos terminar enfermos.

Podemos ser unas hermosas y bellas personas en nuestras vidas, viendo al mundo color de rosa; pero si no nos cuidamos del estrés de nuestra biología o de nuestra alma, todo se puede derrumbar en cualquier momento.

Podemos ser buenas personas, pero si no controlamos el deseo de justicia ante lo que consideramos injusto (estrés mental y emocional), todo se puede ir al foso.

 

El estrés aceptado

El problema de base a la hora de luchar en contra del estrés, es la normalidad patológica aceptada cultural y socialmente.

  • Es normal y hasta comprensible preocuparnos, ya que vivimos en nodo supervivencia y tenemos que sobrevivir.
  • Es normal y hasta comprensible dejar de descansar para intentar resolver problemas.
  • Es normal y hasta comprensible sentirnos mal con las situaciones o personas que sentimos que nos dañan.
  • Es normal y hasta comprensible no tener tiempo para hacer ejercicios.
  • Es normal y hasta comprensible no poder alimentarnos bien porque siempre estamos apurados.
  • Es normal y hasta comprensible no tomar suplementos alimenticios por lo caros que son.
  • Es normal y hasta comprensible la necesidad de ser mejor que cualquiera consiguiendo metas terrenales, incluso a costa de nuestra salud.
  • Es normal y hasta comprensible no meditar, por falta de recursos o tiempo.
  • Es normal y hasta comprensible no asumir terapias complementarias porque la ciencia no lo avala.
  • Es normal y hasta comprensible no aceptar propuestas de sanación simplemente porque no creo en ellas o nunca me las enseñaron antes.
  • Es normal y hasta comprensible no comprometernos con cosas que sí sabemos que pueden ayudarnos porque tenemos la vida complicada.
  • Es normal y hasta comprensible no creer es escenarios espirituales diferentes a las iglesias establecidas, aunque estas no nos propongas bienestar, sino convertirnos en pedigüeños hacia Dios.

En nuestra sociedad son normales y hasta comprensible muchas cosas patológicas. Por eso es válido decir que vivimos en sociedades enfermas.

¿Cómo vamos a salir adelante si la normalidad que aceptamos es lo que nos enferma o no nos deja mejorar?

 

¿Qué hacer?

Tienen razón muchos profesionales de la salud ante algunos diagnósticos: “Cualquier cosa puede ser estrés; y el estrés puede producir cualquier cosa.”

Pero está muy claro que para paliar el estrés de forma general debemos hacer dos cosas: 

  1. Controlar nuestro desgaste o el mal uso de nuestras energías, para lo cual primero debemos identificarlos.
  2. Aumentar nuestras reservas de energía (de los tres tipos).

Pero aquí no hay recomendaciones generales. Cada persona puede ser un caso particular. Cada sanador, luego de un análisis concienzudo, deberá proponer acciones donde corresponda. Pero hay que buscarse un verdadero sanador integral, que conozca todos los planos de existencia.

Estas acciones siempre van a proponer cambios del estilo de vida de la persona; porque si hemos entendido los factores de estrés, observamos que estos son parte de los estilos de vida.

Eso de cambiar para mejor nuestro estilo de vida es lo que se denomina “sanar”. No hay sanación si seguimos siendo y haciendo lo mismo que nos trajo al malestar.

Como regla general, cambiar un estilo de vida implica:

  1. Cambiar o mejorar la forma en la que ves la existencia, tu vida, lo que eres y lo que te sucede.  Esto lo llamo “ampliación de consciencia”. Pero ampliar consciencia de la forma correcta y objetiva, no a la forma ingenua y positivista.
  2. Cambiar o ajustar en mucho la motivación y la forma en la que haces las cosas (todo lo que haces).
  3. Cambiar o ajustar en mucho tu reacción ante todo lo que te sucede.

 

Si pudiéramos dar un solo nombre a estos tres aspectos, pudiéramos decir: cambiar o ajustar tus conductas de vida.

Aquí el verdadero problema. Estamos tan acostumbrados a vivir tal como lo hacemos que, aunque no estemos también como desearíamos, defendemos nuestro estilo de vida y desestimamos cualquier propuesta cambio o a cualquiera que te lo proponga. Simplemente lo dejamos de lado o incluso lo desprestigiamos.

Es por esto por lo que digo que el estrés (producido por nuestro estilo de vida) es el enemigo aceptado. Sabemos que estamos mal, pero no tenemos la entereza ni la determinación suficiente de hacer los cambios necesarios para mejorar.

Muchas veces buscamos “a alguien que nos haga algo” para nosotros sanar, pero ¿cambiar nosotros? No lo creemos necesario o simplemente no tenemos tiempo.

Y ¿sabemos cuál es la forma más integral de cambiar nuestras conductas para vivir con menor desgaste energético? Las adoptadas en los escenarios de Crecimiento Espiritual. Pero eso sería tópico de otro escrito.

Tomemos consciencia que depende de nosotros estar mejor.

Dios les bendiga.

Namasté.

ShaniShaktiAnanda

Original:  XXXX AS. (15 de julio del 2022)
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Palabras-claves: estrés, meditar, enfermedad, sanar, sanador