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domingo, 27 de abril de 2014

Compartir el pan y el vino

Autor: Pedro A. Gómez Ruzzo

Lo que se conoce como la Eucaristía, es un sacramento adoptado por la Iglesia Católica; y viene siendo lo que se conoce como compartir alimentos con una connotación espiritual/religiosa entre un grupo de personas que comparten una misma fe.

Este artículo no lo quise llamar La Eucaristía porque no pretende ser una referencia de la religión católica; pero mi intención sí va a ser dar una visión de lo que representa y del porqué de su importancia.

La Eucaristía más famosa conocida fue la “Última cena de Jesús con los apóstoles”, horas antes de su muerte. Pero si no se habían dado cuenta fue la “última cena” que se realizó; así que ya se habían venido realizando muchas cenas antes. Era una costumbre de Jesús celebrar este acto con sus apóstoles, compartiendo el pan y el vino. Si hubiera sido esa única ocasión la ocurrida, la hubiéramos llamado solamente “la cena” o “la primera y última cena de Jesús con sus apóstoles”, nunca la “última”.

¿Pero fue esta una ceremonia inventada por Jesús con lo cual se hizo dueño de la patente de la eucaristía? Pues no.

Jesús realizaba este compartir porque era lo usual dentro de un grupo de personas que estaban compartiendo juntos un crecimiento espiritual. Este tipo de práctica es mucho más antigua que Jesús, y se practicaba en civilizaciones muy lejanas tribales hasta en las más elevadas e intelectuales. ¿Acaso hoy no compartimos con semejantes una cena para hablar de “asuntos importantes”?

Una cena era una actividad que venía a dar sustento a nuestro cuerpo físico gracias a los alimentos consumidos. Y en estas ceremonias se trataba de recordar que no solo somos cuerpo físico, sino que somos espíritu y que este también debe ser alimentado para que pueda crecer en nosotros. De allí que los alimentos se sometían a la bendición por parte del Maestro, sacerdote, etc., para “convertirlos” también en el alimento de nuestro espíritu.

Pero aunque la eucaristía haya sido muy común entre muchos practicantes, en nuestro cristianismo retoma un significado muy importante para nosotros. Veamos.

Si bien posiblemente en las cenas mencionadas había más que pan y vino (posiblemente frutas, quesos, agua, etc.); el pan y el vino se destacan y son los protagonistas por la simbología que tienen y que se mantiene hasta el día de hoy en nuestras ceremonias religiosas.

El vino, por su “eter” (alcohol); por esa parte sutil, volátil; se considera un elemento espiritual consumible capaz de llegar a planos sutiles como ningún otro puede hacerlo. No hay que dejar de acotar que el alcohol en cantidades inapropiadas puede llegar a ser perjudicial, para cualquier ser vivo; sea humano o sea bacteria.

Esta característica sutil del vino, junto a su origen natural (directo de la naturaleza), lo hacen representar esa parte sutil de la enseñanza espiritual que el ser humano debe considerar pero que le puede costar “ver físicamente”. Este puede ser el conocimiento espiritual teórico, el entendimiento de ciertas cosas, la “palabra”.

El pan, por el contrario, es mucho más terrenal, más físico; hay más trabajo con las manos para fabricarlo, es cocido al fuego, hecho de trigo que debe sembrarse y cultivarse. Es la referencia de la acción (no de la parte sutil); de la espiritualidad que hay que ejercer con hechos y que se aprende a través del ejemplo de vida terrenal y de la experiencia.

Esa “acción acompañada de la palabra”, esa “vivencia sustentada con conocimiento”, “esa experiencia terrenal vivida con el espíritu” es el fundamento real de todo crecimiento espiritual; de allí nuestro “pan y vino”.

Pero los cristianos no nos podemos quedar en la simple simbología; porque la Eucaristía es una de las ceremonias más importantes para nuestra práctica religiosa. Se dice que cuando “comulgamos” (recibimos la Eucaristía), estamos recibiendo en nosotros al mismo Jesús.

La ostia (el pan) se convierte “simbólicamente” en el cuerpo de cristo. Esto no significa que la ostia se transfigure en la “carne o piel” física de Jesús; sino que esta pasa a representar para nosotros el ejemplo que Jesús dio con sus acciones y su comportamiento cuando estuvo en “carne y hueso” entre nosotros.

Muchos cristianos no terminan de entender que Jesús no es solo alguien a quien debemos querer y oír; sino que es una figura a imitar. Jesús como buen maestro enseñaba con su propia forma de ser, con su actitud ante las adversidades, con su comportamiento; y nosotros debemos comer de ese pan.

El vino, sigue representando las “enseñanzas de palabra” de Jesús; sus metáforas, parábolas, mandamientos, lineamientos, etc. Debemos, por tanto, también beber de ese vino.

Pero para un cristiano verdadero no es solo cosa de ir a misa, hacer la cola frente al altar para que nos den la comunión, luego devolvernos cabeza gacha a nuestro puesto, e ir rezando y pidiendo alguna gracia. ¡Nooooooo!.

Recibir la comunión, recibir la eucaristía, recibir a Jesús, significa comprometerse con Él; hacer el compromiso de imitar su actitud, su vida, el cómo la asumió y reflejarla en nuestra propia vida (el pan); además de seguir las enseñanzas que dio con su palabra (el vino).

Cada comunión con Jesús es un compromiso de cada cristiano en ser aún más cristiano; es decirle al Maestro Jesús: “sí mi Señor, aquí estoy por ti y para ti”

Por Dios, piénsalo; estás sentado en la mesa con Jesús. No te pueden sentar en la mesa del Señor y no comprometerte a hacer tu mejor esfuerzo en honrarlo.

Y esta es la interpretación básica, más allá de la creencia (que no ayuda mucho) en que si la ostia se convierte de verdad en “carne humana” o el vino en “sangre”. Interpretar la simbología religiosa y espiritual de esa forma tan fenomenológica, más que ayudar, le hace un flaco favor a Dios.

Namasté.

Pedro A. Gómez Ruzzo.
Master Reiki Usui-Tibetano, Karuna Ki, Reiki Mineral
Original: 27 de abril del 2014.
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Palabras claves: pan, vino, última, cena, eucaristía, Jesús, comunión, misa, enseñanza, sutil, terrenal

miércoles, 23 de abril de 2014

¿Qué combustible usas para tu motor?

Autor: Pedro A. Gómez Ruzzo

Los seres humanos somos como un mecanismo que a través de engranajes, correas, brazos mecánicos; llevamos a cabo muchas tareas de diferentes índoles. Todo ese trabajo se consigue gracias a un motor que llamamos “vida” y ese motor, por supuesto, necesita de combustible para mantenerse operando.

Si nos comparamos con un vehículo, vemos que en él el combustible es la gasolina; y que gracias a esta, todos los subsistemas mecánicos y eléctricos funcionan, desde los cauchos que dan vuelta, hasta los vidrios eléctricos que suben y bajan, pasando por los sistemas de enfriamiento, lubricación, iluminación, etc. Si, la electricidad del vehículo es también generada gracias a la gasolina, no a la batería. Esta última solo se utiliza para arrancar el vehículo y para cosas menores como la alarma y tal vez la corneta.

Nosotros también, como seres humanos, nuestra “vida”, como motor, nos ayuda a: crecer, sanar, aprender, amar, trabajar, disfrutar de situaciones, resolver problemas, ver, escuchar, hablar, entender, etc. Todo lo que hacemos como seres vivos lo hacemos movidos por esa “vida”.

Pero si el motor de un vehículo tiene como combustible la gasolina ¿cuál es el combustible para nosotros como seres humanos?

Nuestra interpretación de “combustible de vida” puede ser variada. Al tener varios subsistemas, el combustible se puede interpretar de diferentes formas: el alimento puede ser el combustible para nuestro sistema digestivo; el aire para el respiratorio. Pero hay un combustible de vida más genérico que se conoce como Energía Vital (Ki o Chi) y es el que incluso permite que esos subsistemas puedan utilizar sus combustibles particulares.

Esta energía vital la tienen todos los seres vivos mientras “están vivos”. Está relacionada con absolutamente todos los procesos que se ejecutan mientras estamos vivos, mientras somos seres humanos: procesos físicos, mentales, emocionales y hasta energéticos vitales.


Otro combustible extra...

Nosotros estamos naturalmente adaptados “o construidos” para que utilicemos esa energía vital como combustible. Pero sabemos que a veces nuestra humanidad no parece ser suficiente para enfrentar a nuestra realidad.

Hay situaciones de vida en las cuales nuestras fuerzas humanas no son suficientes para enfrentarlas o asumirlas; y es allí donde tratamos de acudir a instancias mayores, a procesos más elevados que nos ayuden. Son en esos casos donde acudimos a lo que conocemos como Dios.

Dios enmarca toda una serie de procesos y mecanismos “sobrehumanos” (por eso acudimos a ellos) que como subsistema de vida, requiere ponerse en marcha con un combustible apropiado (no humano).

Los procesos espirituales no utilizan esa “energía vital” de los seres humanos, sino que utilizan “energía espiritual”, con un octanaje mucho mayor si lo comparamos con la gasolina.

Nota importante: por favor, no confundir “procesos espirituales” o “energía espiritual” con el trabajo con muertos, espiritismo, brujerías, cartas, tarot, astrología, ni nada de eso. Muchas veces lo realmente espiritual es diametralmente opuesto a esas prácticas.

¿Pero podemos nosotros, seres humanos, utilizar esa energía de mayor octanaje para ayudarnos a vivir? La respuesta es sí, pero esta condicionada a si  poseemos el sistema de combustión apropiado para que ese combustible haga su trabajo.

Por ejemplo. Nosotros los seres humanos, a diferencia de las vacas, no podemos comer pasto (celulosa) porque nuestro “sistema digestivo” no está preparado para procesarlo. Comer pasto puede hacernos daño, o en el mejor de los casos puede no hacer nada en nosotros.

De la misma forma, si como seres humanos nos tenemos el “sistema espiritual” necesario en nuestro ser para utilizar esa energía espiritual... pues ese “Dios” será cual “gamelote” que no va a poder hacer nada en nosotros.

¿Cuál es entonces el proceso necesario y completo para que Dios pueda hacer algo en nosotros?

La respuesta es más que conocida: “a Dios rogando y con el mazo dando”. Esta frase si bien se puede enmarcar en diferentes escenarios, en todos tiene la misma explicación. Voy a ejemplificarla en lo que nos concierne aquí.

Los seres humanos tenemos una forma de “recibir” esa energía espiritual necesaria para ayudarnos en asuntos que se escapan de nuestras manos y que por lo tanto queremos que Dios intervenga. Esa forma se llama “oración”. Cuando nos ponemos en oración (o también en “ruego de corazón” o en Adoración) nos convertimos en una fuente de esa energía espiritual de magnitud equivalente a nuestra entrega a Dios en esos de oración.

Pero tener esa energía o combustible allí, no sirve absolutamente de nada. Tenemos que introducirla en un sistema que la utilice como combustible. ¿Cuál es ese sistema espiritual? ¿Dónde está? ¿Cómo lo reconocemos en nosotros? Muy sencillo; sigo con el ejemplo.

Si por ejemplo rezamos el Santo Rosario (católico), ese “combustible Mariano” de altísimo octanaje que se está generando, viene con especificaciones muy claras que debe tener el “sistema humano” que lo quiera aprovechar.

Las especificaciones vienen del fabricante: “de la Virgen María”. La virgen María no fue solo la Madre de Jesús, sino que es un modelo de pensamiento, de comportamiento, de actitud hacia la vida; que definen las especificaciones claras que debe imitar un ser humano para poder aprovechar esa energía espiritual Mariana.

Entonces, la persona que quiera que el Santo Rosario le sirva de algo, debe no solo rogarle a María, sino que debe comenzar a imitarla ante las situaciones que le aquejan. “Comportarse como lo haría la Virgen María” son las recomendaciones de uso que dio el fabricante para ese combustible.

Si una persona que reza el Santo Rosario, luego de hacerlo sale a lanzar piedras y a pegar gritos y a quejarse de todo ¿le servirá el rezo de cualquier cantidad de rosarios? ¿La Virgen María lanzaba piedras, pegaba gritos, o se quejaba de todo lo que pasaba? ¿Alguien la vio así alguna vez?

Generalmente queremos utilizar combustible de aviones en vehículos terrestres; ¿funcionará? Pudiera inclusive hasta ser contraproducente.

Otro ejemplo, las personas cantando mantras, una y otra vez, para ayudar a resolver situaciones. Si no se ajustan los mecanismos de nuestro sistema de vida a lo que se requiere para que el mantra surta efecto, pues estaremos solo perdiendo el tiempo y frustrándonos. Algunos ajustes necesarios pueden ser el de aumentar la humildad, suprimir el egocentrismo, etc.

Para una cultura religiosa occidental “inmadura”, todo esto parece una locura; pero aquí solo describo la actitud real y necesaria para una espiritualidad correcta; conocida desde varios miles de años. Esto es lo que hace un verdadero seguidor de La Virgen María, de Jesús, de Buda, de Ganesha, de cualquier manifestación de Dios.

Entonces “a Dios rogando y con el mazo dando” golpes a nuestra vida para amoldar los aspectos necesarios en nosotros y así permitir que Dios de verdad pueda ayudarnos. No podemos rogar a Dios y no hacer cambios en nosotros.

Es muy ingenuo pensar que Dios nos va a ayudar porque sí. La cosa es más seria que eso. Si Dios Padre envió a su Hijo y permitió que muriera para nosotros, lo mínimo que Él espera de nosotros es que hagamos el esfuerzo de cambiar. Quedarse inerte o creer que lo estamos haciendo bien, nunca le ha dado resultado a nadie.

Ya se entiende porqué tantas oraciones parecen no contestarse. Se está derramando mucho combustible por el piso porque no estamos preparados para utilizarlo. Dios quiera que no llegue a explotar. (A los curiosos, invito a que relacionen esta frase en el libro del Apocalipsis)

Namasté.

Pedro A. Gómez Ruzzo.
Master Reiki Usui-Tibetano, Karuna Ki, Reiki Mineral
Original: 23 de abril del 2014.
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Palabras claves: oración, energía, vital, espiritual, dios, mazo, cambio, gasolina, combustible, religiosidad, inmadura, mantras, virgen, maría, 

lunes, 21 de abril de 2014

A la velocidad de la Luz

Autor: Pedro A. Gómez Ruzzo

Todos los enfoquen que hablan del término “Velocidad de la Luz” definitivamente son muy “físicos”. Teóricos, científicos prácticos, tecnólogos, inclusive filósofos hablan de este tema y lo definen como el límite de nuestra realidad. Y de alguna forma tienen toda la razón; es el límite de “su realidad”.

Sin entrar en exquisiteces científicas (que podría hacer por mi formación científica/tecnológica de más de 20 años), cuando se habla de la velocidad de la luz se plantean dos aspectos importantes:

  1. Ningún objeto físico puede moverse (viajar) a una velocidad más allá a la velocidad de la luz (inclusive ni a una velocidad muy cercana)
  2. Cuando un objeto se acerca a la velocidad de la luz, el fenómeno conocido como “tiempo” deja de ser una realidad; el tiempo comienza a parecer ir más lento, hasta que pueden llegar a detenerse, y “tiempo detenido” significa un estado donde “no hay tiempo”.
Muchos científicos (aquellos que tratan con las leyes físicas) se afanan para entender estas cosas y lanzas hipótesis y fórmulas matemáticas y es hasta tema de sobremesa de muchas reuniones de amigos universitarios y eruditos.

Pero la verdad es más simple de lo que lo imaginan. Después de lo que voy a explicar a continuación, cualquier persona con una curiosidad sincera sobre este tema del “límite del espacio-tiempo”, debería volver a leer todos mis artículos con esta perspectiva en su cabeza. Probablemente entendería mucho más sobre lo que aún la ciencia busca explicar.

Los dos aspectos puntualizados anteriormente sobre la velocidad de la luz como límite para los cuerpos físicos y a la desaparición del tiempo al alcanzarse dicha velocidad, son toda una realidad; y es la consecuencia de la existencia de los diferentes “Planos de Existencia”

Antes leer esto o después de hacerlo, el lector debería revisar el artículo http://pagr777.blogspot.com/2013/03/que-significa-realmente-el-termino.html para entender mejor lo que explico; pero aquí voy a hacer las referencias mínimas necesarias.

Nuestra consciencia personal, cotidiana; la de la mayoría de las personas y sobre todo la de los científicos, está circunscrita por las experiencias de vida que podemos “medir”. Las mediciones se realizan por parámetros físicos, los cuales son producidos por fenómenos, ondas, partículas, etc., que van menos rápido que la velocidad de la luz (o aproximadamente igual). A esta forma de existencia, dominada por esa consciencia, se le denomina experiencia terrenal o “Plano (de existencia) Físico o Terrenal”.

Este plano terrenal está compuesto por nuestros “cuerpos”: físico, mental, emocional y energético vital; todos con los que, de una forma u otra, estamos familiarizados.

Ahora, si comenzamos a escaparnos de esta limitación del plano de existencia terrenal (acercándonos mucho o superando la velocidad de la luz), comenzamos a entrar (por una franja gradual no muy ancha) en un “Plano de existencia Astral”, donde se definen nuevos parámetros de existencia:

  1. La “no existencia” del “tiempo secuencial” como le conocen nuestro relojes y calendarios.
  2. Por lo tanto, la ocurrencia simultánea de pasado, presente y la infinidad de futuros posibles modificables (refiérase a: probabilidades, física cuántica, etc.)
  3. Lo material desaparece y comienza a aparecer el concepto de “escencia” en vez de “materia”
  4. La existencia en astral continúa; formada por procesos que son regidos por leyes, pero estas ya no con parámetros físicos/terrenales. La misma “vida en plano astral” es un proceso, al igual que la vida biológica lo es para el plano tierra.

Con esto quiero plantear que nuestro “plano astral” (ese mundo “imaginado por algunos”, “incomprendido y desacreditados por otros” y “malentendido y mal-expresados por muchos”) no es más que nuestra realidad, cuando las vibraciones de la misma van más rápido que la limitante velocidad de la luz.

Esos 299.792.458 m/s es lo que marca el paso del Plano Terrenal/físico al Plano Astral. Y como siempre lo he dicho no es un paso abrupto, sino que es una franja en degradé (relativamente pequeña) donde todo lo físico comienza a desarmarse y lo astral comienza a tomar forma. En esta franja, ambos mundos llegan a convivir y se producen los fenómenos de: desencarnados (fantasmas), premoniciones (futuros previstos modificables), contactos con otros seres en astral (“astralizaciones”), entre muchos otros.

Los mismos “viajes en el tiempo” tan soñados, son teóricamente triviales. Solo se debe acelerar a velocidades cercanas a la de la luz, para entrar en la franja terrenal/astral, una vez allí, como se comienza a desvanecer el tiempo secuencial, tan solo se debe relocalizar en el pasado o en el futuro previsto deseado y desacelerar para volver a la realidad tierra. Este es el mecanismo básico y automático de los “verdaderos videntes”. Pero si no se abre la mente para comenzar a creer en las cosas “fantasmagóricas y sobrenaturales” ¿cómo se van a hacer cosas que puedan ser más útiles?

¿Está interesante esta teoría? ¿Está loca? Pues esto es así y se sabe desde que el hombre es hombre; claro, para los que tiene los ojos abiertos. “El que tenga ojos que vea, el que tenga oídos que oiga”.

Es entonces normal que los científicos no crean ni avalen o a veces ni siquiera consideren este tipo de cosas “no físicas”. Todos sus instrumentos de análisis de la realidad, incluyendo sus propias mentes, pertenecen al plano terrenal, es decir, están limita limitados por la velocidad de la luz.

Y aún falta más. Estoy planteando aquí el salto del plano terrenal al plano astral (cuando nos acercamos a la velocidad de la luz); pero aun falta el paso al “Plano de existencia Espiritual” (véase el artículo referido anteriormente). Pero créanme que aquí no voy a hacer el más mínimo esfuerzo de explicarlo. Debemos primero dejar de ser seres obstinadamente terrenales y hayamos aceptado y entendido el plano astral, para tener la mínima oportunidad de entender el Plano Espiritual. Por eso se dice que Dios es una experiencia casi que imposible de entender.

¿Todo esto es una teoría? Pues no, es una realidad; solo que no es física.

Namasté.

Pedro A. Gómez Ruzzo.
Master Reiki Usui-Tibetano, Karuna Ki, Reiki Mineral
Original: 21 de abril del 2014.
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Palabras claves: velocidad, luz, astral, alma, espiritual, planos, existencia, consciencia, materia, escencia, fantasmas, astralizaciones, futuros, tiempo, físico, terrenal, 

domingo, 20 de abril de 2014

Resucitó

Autor: Pedro A. Gómez Ruzzo

El Domingo de Pascua de Resurrección, para nosotros los cristianos, es un día de muchísima importancia. ¿Pero se le da el enfoque correcto?

Aquí pretendo únicamente ser consistente con lo que he dejado escrito anteriormente sobre La Semana Santa, dentro de mi enseñanza Crística. Esta va a ser una reflexión sencilla, porque la resurrección marca el punto de llegada de un camino muy largo; de un recorrido por toda la enseñanza cristiana. La resurrección es un fin afortunado, más que necesario, para todos los cristianos. A lo mejor este artículo le sirve más a los “no-cristianos”, que a los ya comprometidos con Jesús.

Lo primero que debo puntualizar, una ve más, es la diferencia entre “reencarnación” y “resurrección”. Lo voy a hacer fácil y básico.

Si bien el proceso de “reencarnación” no es aceptado por la mayoría de las iglesias cristianas (aunque se puede inferir muy bien desde distintos versículos de la Biblia), este plantea que la parte “no-física” de un individuo (alama/esencia/espíritu), una vez que fallece y pasado cierto tiempo, vuelve a “tomar carne” para pasar nuevamente a tener vida terrenal, vida biológica.

Entonces la reencarnación es el proceso repetitivo de muerte física y nacimiento físico, las veces que sean necesarias.

Por el contrario, el proceso de “resurrección” no es repetitivo; de hecho hay uno solo y se lleva a cabo cuando el alma/esencia/espíritu de un ser humano al morir, y luego de “habérselo ganado”, puede pasar a tener la Vida Eterna (no “vida biológica” nuevamente).

En la Biblia, cuando se habla de Vida, se habla de la “Vida Verdadera” al lado del Dios Padre, en el Cielo. Y una vez que morimos a nuestra vida física y logramos entrar en el Cielo, pues no necesitamos volver a venir más; ya nos ganamos el cielo. Por eso la resurrección es un hecho único y puntual.

Resumo:

-          Reencarnación: proceso repetitivo de vida y muerte biológica donde nuestra parte espiritual puede volver a vivir en esta tierra, aunque en diferentes personas (cuerpos) y por tanto circunstancias.
-          Resurrección. proceso único donde nuestra parte espiritual, luego de habérselo ganado, nace nuevamente en el Cielo (Junto al Padre) y por lo tanto no vuelve a salir de allí (referencia a nuestra salida del Jardín del Edén del Libro del Génesis)

Si volvemos a Jesús, nuestro Señor volvió con el Padre que está en los Cielos (infinidad de referencias en la Biblia, por ejemplo Juan 14;2-4). Jesús entonces resucitó, no reencarnó.

¿Pero y esto por qué importancia tanto? Él lo logró, era de esperarse ¿pero nosotros?

Si han seguido mis reflexiones anteriores, recordarán que el cristianismo es un asunto de preparación para alcanzar esa Vida eterna a la que todos “deberíamos” querer llegar.

Jesús se cansó de repetir que “su reino no era de esta tierra”; y Él, en toda su enseñanza, nos planteó la forma de vivir para que nuestra existencia terrenal diera buenos frutos al morir; es decir para que pudiéramos llegar al Padre.

Entonces, Jesús enseñaba, predicaba, actuaba y sobre todo esperaba un desenlace que pudiera demostrarnos a nosotros que todo lo que Él decía era verdad. Ese desenlace era su propia muerte y posterior resurrección.

Más de una vez se lo recordaba a sus discípulos; la referencia que Él mismo hace con la destrucción del Templo y su reconstrucción en tres días  (Juan 2:19-22) y en los referidos versículos anteriores de Juan 14;2-4.

Así que la resurrección de Nuestro Señor Jesucristo, más allá de cualquier aspecto erudito o metafísico; viene a significar para nosotros cristianos (seguidores de sus enseñanzas) que todo lo que Él enseñaba es correcto y SIRVE. ¡A Él le sirvió actuar como enseñaba y hacer lo que decía! Es decir, que si nosotros nos comportamos como Él nos enseñó, también podemos llegar al Padre.

Imaginemos a Jesús resucitado apareciéndose de repente a sus discípulos cuando estaban reunidos pasando el luto. Él llegaría diciéndoles: “¿Vieron? Se los dije, aquí estoy resucitado; para que me crean que lo que yo les enseñé sí sirve”

Y aún así, más tarde Tomas no creería y Jesús les mostró sus llagas para que creyera... ¿Las llagas? ¿Para qué tuvo que venir con sus heridas? ¿Su parecido físico no era suficiente? ¿Nunca se lo preguntaron ustedes mismos? (Secreto de niveles superiores de La Biblia)

Agárrense fuerte. Las heridas en Jesús resucitado fueron necesarias porque era la forma en que Jesús podía  demostrar que había resucitado y no reencarnado.

En la reencarnación se asume que el espíritu vuelve en otro cuerpo (así como una vez vino Elías en Juan el Bautista - Mateo 17,10-13), pero en la resurrección se viene “igual que en su última vida”. Por esto Jesús usó las marcas de su última muerte física para que vieran que era Él y que no tuvo necesidad de tomar otro cuerpo físico para venir a ellos (Juan 20:19-20)

Todo es así de sencillo; claro, para un cristiano verdadero.

Por eso, en la Pascua de Resurrección los cristianos festejamos que toda la enseñanza que Jesús nos dio “sí sirve para llegar al Padre”; ya que Él mismo lo demostró con su resurrección.

Así que hoy, Domingo de Resurrección, es un momento especial para tomar la decisión de adoptar, retomar o reforzar nuestra vida de cristianos con todas las promesas claras y demostradas finalmente por Jesús.

Feliz domingo de resurrección.

Namasté.

Pedro A. Gómez Ruzzo.
Master Reiki Usui-Tibetano, Karuna Ki, Reiki Mineral
Original: 20 de abril del 2014.
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Palabras claves: domingo, santo, pascua, resurrección, Jesús, llagas, heridas, semana, discípulos, tomas, creer, reencarnación 

viernes, 18 de abril de 2014

Un muerto con una causa

Autor: Pedro A. Gómez Ruzzo

Cuando se tiene una “causa de lucha”, un “esfuerzo grupal” cuando “formamos parte de una idea en la que creemos y queremos sacar adelante”, nos encontramos a veces en la penosa circunstancia de que algún compañero de causa pierde la vida por ella.

Muchas veces ese hecho nos da más fuerza y valor para seguir adelante; y ya no solo lo hacemos por nosotros, sino que queremos que ese esfuerzo de vida que hizo nuestro compañero no sea en vano; queremos que “sirva” de algo su muerte.

Eso es de alguna forma muy loable y humano, sin entrar en consideraciones de que esa lucha se puede asumir de buena o mala manera.

Queridos amigos, hoy murió alguien que dio su vida por una causa; tal vez una de las más importantes y hermosas; y es la de permitirnos llegar al Cielo.

Hoy murió un hombre que de la manera más amorosa, ejemplar, sencilla, no violenta; nos enseño los pasos para ser felices, para que nuestros pecados fueran perdonados, para reconciliarnos con Dios y para que nuestra vida terrenal valiera la pena.

¿Deberíamos solidarizarnos con su muerte? Siempre y cuando lo sintamos un compañero de lucha.

Solidarizarnos con Él significaría que hoy, más que nunca, deberíamos hacer valer todas sus enseñanzas, deberíamos imitar su actuación, deberíamos darlo a conocer a todos los demás para honrar su memoria y para que el esfuerzo de entregar su vida no quede en la basura.

¿Somos tan solidarios con esta causa? ¿Nos importa de verdad esta “lucha de esfuerzo personal” para hacer un mundo mejor? ¿La estamos evadiendo porque somos débiles? ¿O nos estamos inventando otras luchas más cómodas para nosotros?

Amigos, hoy es Viernes Santo; si de verdad te importa Cristo y sientes su muerte como importante, retoma la lucha por la cual Él murió; una lucha que se libera solo “dentro de nosotros”, contra nuestras propias miserias. No es una lucha hacia afuera, hacia ningún enemigo; ya que inclusive tenemos orar por ellos y bendecir al que nos hace daño (Mateo 5:44).

Pero eso sí; si sentimos que esta lucha no es nuestra o que no nos corresponde o que no aplica hoy en día; mejor es no mancillar su nombre pidiendo su ayuda en luchas diferentes a la que Él representaba; ya que no estaremos haciendo por su causa.

Feliz próximo Domingo de Resurrección.

Namasté.

Pedro A. Gómez Ruzzo.
Master Reiki Usui-Tibetano, Karuna Ki, Reiki Mineral
Original: 18 de abril del 2014.
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Palabras claves: viernes, santo, semana, santa, cristo, Jesús, lucha, enseñanzas, crucifixión, enemigos, amar, orar, discípulos, 

miércoles, 16 de abril de 2014

Acuérdate que vamos a morir

Autor: Pedro A. Gómez Ruzzo

La muerte es todo un tema que muchas veces se trata de dejar de lado. Gran parte de los seres humanos evitamos a toda costa morir; y es lo correcto. Pero muy pocos se preparan para ese hecho inevitable a donde todos vamos a llegar.

Actualmente la muerte se ha comenzado a tratar desde muchos puntos de vistas, y si bien ya existen disciplinas médicas que ayudan al “buen morir”, para ese período final donde se pierde la vida; ¿quién o qué ayuda para “luego” de morir?

Una cosa es “morir bien” y otra diferente es “estar bien luego de morir”,

El miedo a lo desconocido es terrible; y aunque se tengan hipótesis de lo que pasa en “el más allá” la mayoría de las personas tratan de evadir esa realidad porque no están seguras. Esta evasión, más que producir calma, lo que produce es una poca preparación para cuando dejamos nuestra realidad física.

¿Pero existe un mecanismo o alguna persona que pueda ayudarnos a eso? Categóricamente digo que Sí.

Lo que llamo “Crecimiento Espiritual” nos da tanto el conocimiento como la confianza y la preparación para enfrentar “el más allá”. Y es lógico, porque cuando morimos, nuestra alma  y nuestro espíritu (son dos cosas totalmente diferentes) pasan a ser las protagonistas de esa realidad como seres desencarnados (sin carne y hueso); y lo que hayamos hecho con esas dos estando en vida, pues lo aprovecharemos en ese momento.

Pero todo crecimiento espiritual debe tener las bases en algún esquema espiritual/religioso (sea cual sea); y en nuestro caso si hablamos del cristianismo, lo tiene completo.

Pocas personas han entendido que el cristianismo te prepara para esa vida más allá del mundo terrenal. Tanto es así que muchas veces pedimos al Dios cristiano que no nos deje morir cuando nuestra vida corre peligro. Esto nuevamente no está mal; pero muchas veces las personas terminan muriéndose a pesar de las oraciones y peticiones a Dios.

¿Esto por qué sucede? Porque el ejercicio de la espiritualidad trasciende más allá de si se está vivo o no en esta tierra. La muerte es un paso natural de la vida; y si la vida se ha llevado bien, pues puede ser hasta un paso afortunado; porque tenemos una promesa de mejor vida cerca de Dios, entiéndase Vida Eterna.

¿Entonces morirse es bueno? Desde el punto de vista de nuestra “terrrenalidad” no parece algo bueno. Al morir dejamos cosas pendientes, cosas sin completar, etapas de la vida terrenal sin experimentar, dejamos dolores en nuestros seres queridos que se quedan sin nosotros, dejamos a veces a esos seres queridos desamparados sin nuestra ayuda terrenal, etc. Pero algún día va a pasar y debemos tomar las previsiones terrenales necesarias.

Pero morirse desde el punto de vista espiritual, puede tampoco ser bueno; aunque deberíamos prepararnos para que lo sea. Si pasamos nuestra vida terrenal si ocuparnos de fortalecer nuestras almas y espíritus que son las que se van a manifestar al morirnos; pues morirse sigue siendo MUUUUY malo. En ese caso de “no preparación”; no solo se van a sufrir con los inconvenientes terrenales de una muerte, sino que al pasar a ser seres desencarnados (al terminar de pasar la frontera entre la vida y la muerte) pues nos vamos a encontrar que esa existencia puede no ser nada agradable. Llegar a los “trancazos” a alguna parte, sin la previsión necesaria, sin la preparación, si las herramientas; no facilita la estadía en ese nuevo lugar a nadie.

Si leemos cualquier escritura sagrada (espiritual) desde esa óptica de que sirven para prepararnos para la muerte; se comienzan a entender muchas cosas. En Juan 14:6, Jesús explica toda esta realidad con una sola frase magistral (muy conocida y por generalmente muy mal interpretada) 
 

Juan 14:6 – “Yo soy el camino, la verdad y la vida —le contestó Jesús (a sus discípulos) —. Nadie llega al Padre sino por mí”

En esta hermosísima enseñanza encontramos el término “la vida” que suele mal interpretarse en muchas ocasiones. En la mayoría de las apariciones de la palabra “vida” en la Biblia, no se hace referencia a la “vida terrenal”, sino que se asocia a la “vida del espíritu”; a esa “vida verdadera”, a la “vida eterna”. Esa “vida eterna” es a la que pasamos una vez que morimos de este sueño que llamamos “vida biológica”; siempre y cuando nos la hayamos ganado.

Si mal entendemos “la vida” como nuestra vida terrenal; pues ningún creyente de Jesús debería morir, ya que Jesús es la vida; o en el peor de los casos, en peligro de muerte (terrenal) Jesús sería el primero que debería salir a auxiliarlo.

Pero los cristianos también se mueren (desde el punto de vista humano); tanto es así que el mismo Jesús murió a esta vida terrenal. Estonces, la referencia de “vida” en este versículo de la Biblia es correcta cuando se asocia a la Vida (a la existencia) “luego de la muerte física”.

El cristianismo no se fija como objetivo la vida terrenal, sino que la trasciende; pero sí enseña a cómo vivirla mientras estamos aquí.

Profundicemos un poco más. Jesús dice que “Él es la vida”; indicando que a través “de Él” (de sus enseñanzas) se puede llegar al Cielo (al Padre). Y esas enseñanzas son “lo único lo que hay que saber” (“la verdad”); pero que debemos utilizarlas como “un camino” para transitar por esta vida terrenal.

¡Eureka! Eso quiere decir que si vivimos nuestra vida terrenal bajo las enseñanzas cristianas correctas (no las que nosotros interpretemos a modo propio), pues podremos ganarnos una buena estadía en “el más allá” después de morir (la vida - eterna)

Esa es la respuesta. El Cristianismo, como doctrina espiritual y como práctica religiosa, no solo te va a dar una vida terrenal “menos agresiva”, “menos desgastante” y con “un poco más de paz”; sino que te van a prepara para ese momento oscuro de la muerte; y oscuro no por lo malo, sino por lo incierto.

Acuérdate que todos vamos a morir; por lo tanto mejor nos preparamos intensamente cuando aún estamos vivos; o ¿vas a seguir esperando?

Namasté.

Pedro A. Gómez Ruzzo.
Master Reiki Usui-Tibetano, Karuna Ki, Reiki Mineral
Original: 15 de abril del 2014. 
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Palabras claves: morir, muerte, vida, eterna, jesús, cristianismo, cristianos, desencarnados, muertos, plano astral, encarnados

domingo, 13 de abril de 2014

Domingo de Ramos; o “el día del burrito”

Autor: Pedro A. Gómez Ruzzo

Hoy domingo de Ramos comienzo de la Semana Santa. En la bendición de los ramos, el sacerdote de mi iglesia dijo una frase que yo voy a tomar para la reflexión que les quiero dejar en este escrito.

En la lectura de hoy se habla por supuesto de la entrada de Jesús a Jerusalén montado sobre un burrito y sobre su recibimiento con ramos de palma por la gente que estaba agolpada. Esto corresponde a Marcos 11:1-10 (NVI-CST)

Marcos 11:1-10
(NVI-CST)

1 Cuando se acercaban a Jerusalén y llegaron a Betfagué y a Betania, junto al monte de los Olivos, Jesús envió a dos de sus discípulos 2 con este encargo: «Id a la aldea que tenéis enfrente. Tan pronto como entréis en ella, encontraréis atado un burrito, en el que nunca se ha montado nadie. Desatadlo y traedlo acá. 3 Y si alguien os dice: “¿Por qué hacéis eso?”, decidle: “El Señor lo necesita, y enseguida lo devolverá.” »

4 Fueron, encontraron un burrito afuera en la calle, atado a un portón, y lo desataron. 5 Entonces algunos de los que estaban allí les preguntaron: «¿Qué hacéis desatando el burrito?» 6 Ellos contestaron como Jesús les había dicho, y les dejaron desatarlo. 7 Llevaron, pues, el burrito a Jesús. Luego pusieron encima sus mantos, y él se montó. 8 Muchos tendieron sus mantos sobre el camino; otros usaron ramas que habían cortado en los campos. 9 Tanto los que iban delante como los que iban detrás, gritaban:

—¡Hosanna![a]
—¡Bendito el que viene en el nombre del Señor![b]
10 —¡Bendito el reino venidero de nuestro padre David!
—¡Hosanna en las alturas!


La frase dicha por el sacerdote, fue la reflexión de lo que era un burrito:

“...Un burrito es un animal de yugo (de trabajo), de carga y dócil... a diferencia de un caballo purasangre, que es más para carreras, competencias...” (P.MarcosLinares)

Esta frase me pareció muy útil, esclarecedora y apropiada para escribir lo que a continuación les presento; lo cual viene a reforzar algunos escritos míos anteriores recientes sobre lo que debe ser un buen cristiano. De aquí en adelante la reflexión de este servidor.

El Domingo de Ramos se centra la mayoría de las veces en exaltar la entrada de Jesús en Jerusalén simbólicamente como rey. Esta anécdota viene a hacernos reflexionar sobre la necesidad de que recibamos a Jesús como nuestro Rey, nuestro Señor y Salvador también en nuestras vidas y en nuestros corazones. Y además, que esto lo hagamos con júbilo y con alegría; con muchos “hosannas”.

Perfecto; dicha la información, procesada y la gente trabajando en eso. Pero este es el nivel básico de la Biblia como escritura sagrada (Nivel eclesiástico --- para los que no saben a lo que me refiero véase http://pagr777.blogspot.com/2014/03/lodo-y-espiritu.html)

Profundicemos un poco más este pasaje de los evangelios para los “más comprometidos” (Nivel Místico).

A un nivel más profundo de enseñanza cristiana, las palmas no son las protagonistas en la fiesta popular del Domingo de Ramos; sino que lo es “el burrito”.

No hay duda de que para mucha gente el proceso de aceptación y alabanza de Jesús ya ha comenzado. Pero qué fácil es recibir a Jesús con alabanzas, verlo, sentirlo de cerca, dejarlo pasar mientras se aleja; y cuando se pierde de vista volver a casa y seguir viviendo igual que siempre.

El asunto para verdaderos cristianos no es solo el de “esperar y recibir” a Jesús; sino el cómo lograr que Jesús entre en Su pueblo, que la gente lo vea como su Rey y que se quede reinando en él. ¿Te interesa ser de ese tipo de cristianos verdaderos? ¡Uh! prepara las orejas.

¿Qué necesidad o condición expresó Jesús para entrar en Jerusalén? Al burrito. No pidió las palmas, ni que lo alabaran; esas fueron consecuencias de su reconocimiento. Él necesitaba al burrito.

Y Él se montó en el burrito y este cargó con TODO EL PESO DE JESÚS y lo llevó para que Jerusalén lo recibiera.

Jesús necesitó al burrito para que la gente que lo esperaba lo viera, lo recibiera y lo alabara. Gracias al burrito, Jesús lo pudo hacer.

Cuando hablamos de que hay personas que aún no son “cristianos verdaderos”, o de que hay situaciones de vida donde las enseñanzas de Jesús no se aplican a pesar de que fueran necesarias, o de que su amor parece no estar presente en algunos corazones... ¿será que Jesús necesita a más burritos para poder llegar a esos lugares y a esas personas?

La respuesta es un contundente . Jesús no quiso entrar en Jerusalén por su propio pie, por su propio esfuerzo; pudo haberlo hecho, pero prefirió que una criatura de Dios con características apropiadas lo introdujera a su pueblo. Todo con el afán de dejar oootra enseñanza.

¿Quieres tú hacerle ese favor a Jesús? ¿Quieres ser tú el Burrito de Jesús?

Pero utilicemos la frase del Padre Marcos; un burrito es;

  1. Un animal de yugo, de trabajo. Esta es una criatura de Dios que se siente obligada como con un “yugo espiritual” con Dios a trabajar sin descanso para Él. El trabajo con yugo limita los movimientos a voluntad, y los limita para hacer la tarea del dueño de burrito de forma óptima.

    ¿Estas tú dispuesto a dedicar gran parte de tu vida, de tus movimientos, de tu libertad, de tu voluntad, de tus días, de tus horas; a trabajar para Dios? Pero no como tú creas, ya que debes sentir el yugo que te da lineamientos claros que encuentras en la Biblia.

    Cuan
    do se habla “de trabajo”, “de esfuerzo”, a veces se mal interpreta como “lucha y enfrentamientos”. Cuidado, los burritos no se enfrentan en luchas porque las tiene todas a perder. Los burritos van poco a poco ayudando a construir la riqueza que sus amos necesitan; de la cual ellos también disfrutaran en su momento. Para las batallas están los caballos porque son más altos, más veloces, más rápidos; pero Jesús no pidió un caballo sino un burrito.

  1. Un animal de carga. Una criatura de Dios que no se está quejando o se frena apenas siente una pequeña carga sobre su lomo; sino que aguanta y se esfuerza por llevarla a donde su Señor la necesita.

    La carga para el Burrito de Jesús es el mismo Jesús simbolizado en sus enseñanzas. Todo verdadero cristiano sabe que comportarse como Jesús enseña no es NADA fácil en nuestra sociedad. Las enseñanzas cristianas no son una carga ligera; porque nos cae el peso de nuestras propias dudas, de no comprender la utilidad o el fin de esas enseñanzas. También nos sobrecoge la crítica de los demás, nos deja de lado con amigos y familiares, porque “actuamos como locos sin sentido” o porque “no nos interesan las cosas” o porque “estamos evadiendo y no nos involucramos”, etc. El solo hecho de “Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen...” (Mateo 5:44) es una carga MUY difícil de llevar en la vida.

    ¿Estás tú dispuesto a llevar las enseñanzas de Jesús como parte de ti, sobre tu lomo, pesen lo que te pese? No sin que te duelan, pero si sin quejarte o desfallecer.

  1. Un animal dócil. Una criatura de Dios que sabe que lo más importante es llevar la enseñanza de Jesús sobre sus hombros; a donde tenga que llegar. Un burrito es un animal que hace lo que se le encomienda; no se opone, no lucha, no pelea; y si lo hace es abandonado a su suerte en el campo, ya que dejó de ser útil.

    La docilidad también es ante las imperfecciones del camino. El burrito, como ninguno, sabe sortear los accidentes que se encuentran en el trayecto, sin detenerse y por supuesto sin perder la carga de enseñanzas de Jesús. La docilidad del burrito implica que este no se va a detener a “arreglar el camino”,  porque retardaría la entrega; sino simplemente va a buscar una ruta cercana mejor o va a tener mayor cuidado sorteándola.

    La carga y su seguridad es más importante que el camino que se recorre. ¿Estás tú dispuesto a valorar las enseñanzas cristianas sobre tus hombros más que nada en el mundo y mucho más en los momentos donde el camino se vuelve difícil?

¡Dios! hoy es el “Día del Burrito”, ese que define a los verdaderos cristianos que “deben hacer por las cosas del Señor Jesús”.

Si sientes en tu corazón este llamado y te quieres comprometer, pues Feliz “Domingo de Ramos” a ti, Burrito de Jesús. A eso me refería en un párrafo anterior con “prepara las orejas” (de burrito); yo las llevo con orgullo.

Namasté.

Pedro A. Gómez Ruzzo.
Master Reiki Usui-Tibetano, Karuna Ki, Reiki Mineral
Original: 13 de abril del 2014.
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Palabras claves: domingo, ramos, palmas, burrito, pollino, voluntad, Dios, Jesús, semana, santa, mateo, 11

viernes, 4 de abril de 2014

Las buenas intenciones no sirven



Autor: Pedro A. Gómez Ruzzo

Hay un dicho popular que reza:

"De buenas intenciones está empedrado el camino del infierno"

Y este mismo dicho, al parecer tiene sus orígenes en una frase atribuida a San Bernardo de Claraval (Francia 1091): «El infierno está lleno de buenas voluntades o deseos», según indica José María Iribarren en su libro "El porqué de los dichos" (referencia no oficial de Internet)

Sea cual sea el origen del dicho, o cualquiera de las frases descritas; todo apunta hacia la misma reflexión; la cual hay bajar de las nubes filosóficas y “aterrizarla” para que sirva de algo.

Cuando estamos viviendo nuestros “infiernos personales” o “grupales” (esta es la metáfora de “estar” o “dirigirse” al infierno) hay que evaluar si nuestra vida se está formando de solo buenas intenciones, propósitos, deseos, ideales o sueños; y no estamos haciendo lo apropiado (correcto) para alcanzarlo.

El tener la intención de hacer algo bien, no significa que lo podamos hacer bien de forma automática. Todo estudiante tiene la intención de salir bien en sus estudios, pero solo lo logran los que hacen lo correcto: estudiar. Y no estudiar por estudiar, sino estudiar de forma apropiada. Siempre se puede “estudiar mal”, “trabajar mal”, “luchar mal”, “esforzarse mal”, “amar mal”...

Y es aún más duro; una persona puede no tender ninguna intención en particular con sus acciones (por ejemplo haciendo cosas de forma desinteresada), pero si hace lo correcto, pues obtendrá buenas cosas; cosas que ni ella misma esperaba.

Esto parece “loco”, pero recordemos una parábola bíblica:

Mateo 21:28-32
Reina-Valera 1960 (RVR1960)
Parábola de los dos hijos
28 Pero ¿qué os parece? Un hombre tenía dos hijos, y acercándose al primero, le dijo: Hijo, ve hoy a trabajar en mi viña.
29 Respondiendo él, dijo: No quiero; pero después, arrepentido, fue.
30 Y acercándose al otro, le dijo de la misma manera; y respondiendo él, dijo: Sí, señor, voy. Y no fue.
31 ¿Cuál de los dos hizo la voluntad de su padre? Dijeron ellos: El primero. Jesús les dijo: De cierto os digo, que los publicanos y las rameras van delante de vosotros al reino de Dios.
32 Porque vino a vosotros Juan en camino de justicia, y no le creísteis; pero los publicanos y las rameras le creyeron; y vosotros, viendo esto, no os arrepentisteis después para creerle.


¡Uf...! A esta parábola se le pueden sacar párrafos y párrafos de enseñanzas; pero me voy a limitar a lo que nos interesa aquí.

Este texto sí pudiera ser el origen del dicho referido al comienzo. Vemos a un primer hijo que inicialmente no tenía la más mínima intención de hacer lo que el padre le pedía (por flojera, rabia, cansancio; por lo que fuera) pero al final,  por cualquier razón, termina haciéndolo lo correcto (obedecer a su padre)

Luego, el segundo hijo muy diligente con la palabra, con la mejor intención, deseo, propósito de obedecer al padre; al final no hace lo que el padre le había mandado. Este segundo hijo fue el que se llevaría la peor parte.

A la hora de recibir el agradecimiento del padre, el reconocimiento, la satisfacción de un salario, o la simple satisfacción de haber obedecido, ¿bastó con haber tenido la intención? Definitivamente no. El segundo hijo vivirá en algún momento su “infierno simbólico” por no haber hecho lo que debía.

Este dicho, que se extrae de una enseñanza sagrada, se aplica por supuesto en nuestra realidad a nivel espiritual.

¿Cuantas veces hemos sido nosotros como el 2do hijo?; y me refiero a nivel espiritual.

Asumamos que nuestro “padre” es esa figura espiritual con la cual tenemos afinidad especial: Dios Padre, Jesucristo, La Virgen María, algún Arcángel, algún santo, etc.

Muchas veces solemos actuar a la inversa de la parábola. Principalmente esperamos de estos seres especiales: asistencia, favores, ayuda, cuido, cariño, consuelo, etc., cosas todas que vendrían siendo como “el pago” o la “consideración” a los efectod de la parábola. De alguna forma esperamos que a través de “sus gracias” podamos solventar o sobrellevar situaciones difíciles; eso sería vivir lo más cerca de la paz espiritual y terrenal posible, vivir no en “el infierno” sino en el Cielo.

Pero, ¿ya estamos esperando alguna retribución o consideración especial de ellos hacia nosotros; y no nos damos cuenta cuales de los dos hijos hemos sido? ¿Hemos sido el 2do hijo, llenos de buenas intenciones pero que no cumplimos con lo que nos fue indicado? O ¿hemos sido el 1er hijo, que a pesar de nuestras situaciones, deseos, dificultades, negación, fastidios, siempre terminamos sobreponiéndose y haciendo lo que el “padre” manda?

“Jesús, te amo, te quiero, en ti confío”, “Virgencita, madre amorosa y preciosa por ser nuestra madre, ampáranos y cuídanos”, “San Miguel Arcángel, cúbrenos con tus alas y elimina a nuestros enemigos”. Pero... para pedir esas consideraciones ¿hemos hecho antes lo que Jesús mandó que hiciéramos? ¿Estamos actuando como María actuó en las diferentes situaciones, para así imitarla y honrarla? ¿Merecemos, con nuestra entrega a Dios, que un Arcángel nos venga a proteger?

Parecería que estoy divariando; pero simplemente explico las escrituras.

¿La misericordia de Dios? Misericordia no es “alcahuetería”; ya Dios Padre fue suficientemente misericordioso enviando a su único hijo para que nos enseñara y muriera por nosotros... si quieres busca en artículos anteriores.

Puede que asumamos de muy buena intención que Jesús es nuestro Señor y Salvador (por ejemplo) pero al igual que el padre de la parábola mandó a sus hijos a “trabajar en su viña”, Jesús nos mandó a: “orar por nuestros enemigos”, a “poner la otra mejilla”, a “adorar a Dios sobre todas las cosas”, a “no juzgar”, etc., etc., etc.  ¿Le hemos hecho caso, más allá de tener la buena intención inicial de hacerlo?

Somos tan parecidos el 2do hijo, que debería pensarlo dos veces antes de pedirle algo especial al Padre.

Por último, no me crean a mí; una vez nos dijeron:

Mateo 7
Y Jesús les dijo...  21. “No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos”


Las buenas intenciones no sirven de nada, más que para empedrar el camino al infierno; las obras “espiritualmente correctas” son las que cuentan.

Un poquito más de regalo de la parábola: aún aquellos que nos parece que están actuando “mal” lo pueden estar haciendo mejor que nosotros (versículo 32).

Namasté.

Pedro A. Gómez Ruzzo.
Master Reiki Usui-Tibetano, Karuna Ki, Reiki Mineral
Original: 04 de abril del 2014.
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Palabras claves: buenas, intenciones, padre, jesús, señor, deseos, virgen, maría, espiritual, correcta, correctitud, infierno, hijos, parábola