Sigue a ShaniShaktiAnanda en Facebook



jueves, 22 de noviembre de 2012

El Reiki como terapia complementaria

Autor: Pedro A. Gómez Ruzzo

Este debe ser como el quinto artículo que escribo con el mismo título pero como es tan importante y como siempre se puede argumentar lo mismo de diferentes maneras, nunca está demás volverlo a tocar.

El Reiki es una excelente terapia energética, pero puede llegar a ser extremadamente peligrosa; me explico.

Uno de los primeros errores a mi parecer que se cometen con el Reiki es catalogarlo como terapia alternativa. Alternativa generalmente se entiende como Sustitutiva y el Reiki nunca debe utilizarse como forma de atención primaria cuando se busca recuperar el bienestar  (una vez que lo perdemos). El Reiki sí es una forma EXCELENTE para mantenernos sanos; pero recuperar el bienestar es una guerra y hay que enfrentarla con las armas mas adecuadas para el campo de batalla donde se libra y por supuesto con la mayor variedad de estrategias posibles.

Si estamos librando una batalla en el desierto, no vamos a utilizar lanchas para hacer avanzar las tropas, pero sí a lo mejor para llevarlas hasta la orilla más cercana al desierto. Si estamos en montañas escarpadas no vamos a lo mejor a utilizar paracaidistas, pero si tropas terrestres que puedan escalar.

De forma similar, si nuestro problema está en plano físico no vamos a utilizar solo energía para sanarlo; la energía por supuesto que ayuda pero el abordaje debe ser en plano físico. Si el problema es emocional, claro que energéticamente puede propiciarse la estabilización emocional pero a lo mejor hay que buscar cambiar formas de ver la vida para dejar de depender de tanta asistencia externa.

Afortunadamente la energía vital (el Ki que se maneja con Reiki) está presente en TODOS los procesos que nos definen como seres vivos: procesos biológicos, mentales, emocionales, energéticos, astrales, kármicos y espirituales, de eso nadie tiene dudas. La cuestión es el impacto positivo mas o menos directo (o mas o menos rápido) que esa energía vital puedan tener sobre algunos de esos procesos.

Si nos hacemos una herida en un dedo, corremos a lavarla y desinfectarla para que no pase a mayores; actuamos con procedimientos físicos porque tanto la herida como las bacterias son físicas. ¿Que podemos quedar luego dando Reiki para que los procesos de protección inmunológica y de cicatrización se lleven de mejor forma?, claro que si (sin descuidar las atenciones físicas subsecuentes); allí la energía sí es prudente de utilizar como atención complementaria a lo que estamos haciendo.

Siempre que tengamos un mal debemos actuar con las herramientas mas apropiadas al caso, pero sin descuidar todas las otras herramientas útiles que con seguridad nos sirven; y el Reiki es una de ellas. La herramientas mas apropiadas pueden ir desde la atención médica especializadas hasta acciones personales con intencionalidad clara de mejorar.

Y esto marca lo potencialmente peligroso. El Reiki suele ser tan bueno en muchos casos (principalmente cuando la causa del malestar tiene origen energético) que se suele pensar como única herramienta en el abordaje de otros casos no directamente energéticos.

Una de las tendencias mas generales con esa idea es asumir terapias de Reiki y no hacer más nada; dejar que el Reiki – y el pobre reikista – sean responsables de la mejoría.

No, no, no, “a Dios rogando y con el mazo dando”. Cuando recibimos Reiki, recibimos Energía Vital Universal para que nuestros procesos de sanación se lleven a cabo de la mejor forma; pero debemos muchas veces promover esos procesos de sanación.

Se ve muy claro en algunos casos. Por ejemplo tenemos problemas en nuestro trabajo (o con nuestras parejas), comenzamos a recibir Reiki pero no hacemos el esfuerzo de modificar de nuestra forma de enfrentar la situación. La energía adicional SEGURO que te va a servir para que el esfuerzo que tu pongas te rinda muchos mejores frutos, pero el trabajo debes hacerlo tu.

Otro ejemplo típico, no tenemos empleo, comenzamos con Reiki, pero ni salimos de la casa a entregar nuestros currículos. La energía Reiki recibida en el mejor de los casos se utilizará en otras cosas, a lo mejor para que las uñas te crezcan mas fuertes.

Por el contrario, si le estamos poniendo corazón a sanar por cualquier medio, por cualquier terapia, por cualquier técnica; nuestro Ser estará ávido de energía adicional para hacerlo “más rápido o de forma menos traumática o de forma más duradera”. En estos casos el Reiki es inmejorable, no solo por la efectividad de la entrega y la recepción sino por lo fácil de recibir.

Si esto no se entiende, como reikistas o como receptores, el Reiki no pasará de ser una pobre terapia que a veces funciona y a veces no. El Reiki SIEMPRE funciona ("a pesar de reikistas" como dirían algunos amigos españoles) el problema es que debemos asumirlo como terapia para complementar todo el esfuerzo que estamos poniendo por estar cada vez mejor.

Un fuerte abrazo de Luz.

Namasté

Pedro A. Gómez Ruzzo.
Master Reiki Usui-Tibetano, Karuna Ki
Original: 22 de noviembre del 2012
Twitter: @eReiki

martes, 20 de noviembre de 2012

El perdón

Autor: Pedro A. Gómez Ruzzo

El perdón no existe. Debo comenzar con esta frase porque resume lo que quiero plantear en este texto. No existe por lo menos desde la forma en que muchas veces lo vemos y, claro está,.desde mis enseñanzas.

El perdón en muchas tendencias filosóficas actuales se ha presentado como algo que debemos aprender, cultivar y alcanzar. Pareciera que el perdón es “algo” que existe con forma propia y que podemos trabajarlo.

Hablando desde el punto de vista estrictamente místico/espiritual el perdón no es “un algo”, sino que es una consecuencia de otro proceso conocido como Crecimiento Espiritual. Muchas personas se esfuerzan en llegar a perdonar como una meta pero no saben el camino y creen que forzándose a sentir perdón o argumentándolo o convenciéndose, van a dar un brinco desde donde están y van a caer en esa meta. Pues esto no funciona así.

Cuando hablamos del perdón todos sabemos que no hablamos de una actitud únicamente mental, ni si quiera emocional. El perdón que muchos buscan es un estado espiritual, es algo que se debe sentir en el espíritu para que sea real.

La mente siempre puede argumentarse un estado de perdón y creérselo, aún cuando no se haya conseguido. El perdón no es olvidar, eso se llama amnesia.

De la misma manera se puede correr el riesgo de que los sentimientos a perdonar se pueden solapar con otros sentimientos y así esconderlos, saliendo a flote en los momentos difíciles.

Cuando se consigue el estado de perdón nos encontramos en un estado puro, sin procesos mentales forzados, ni sentimientos ignorados u ocultos.

Pero si el estado de perdón se consigue desde el Espíritu, ¿cuál es el proceso para alcanzarlo? ¿Qué cosas se deben trabajar para llegar a ese estado de perdón?

El estado de perdón se logra como consecuencia de trabajar algunos de los Dones del Espíritu. La definición de estos Dones es un tema continuo de meses compartiendo dentro del grupo de Evolución Consciente y escapan de las pocas lineas de este texto; pero sí vamos a acotar lo necesario.

El perdón aparece por sí solo cuando se logran desarrollar niveles adecuados de los Dones de Compasión y de Desapego. La definición de “niveles adecuados” se enmarca según lo intensa de la “situación a perdonar”. Situaciones sencillas se podrán sentir perdonadas con bajos niveles de Compasión y Desapego y en situaciones mucho mas sensibles se requerirán mayor niveles de dichos dones.

El perdón no es un Don del Espíritu, por lo tanto no se puede trabajar en un proceso de crecimiento espiritual; la Compasión y el Desapego sí. Cuando una persona alcanza algún nivel de Compasión y algún nivel de Desapego, tendrá alguna capacidad para “perdonar”.

Pero sólo decir esto puede ser confuso, porque cuando hablamos de espiritualidad la Compasión puede no entenderse como lo indican los diccionarios y el Desapego debe entenderse en este caso como el desapego a los resultados (mi política de “Cero expectativas”)

Podríamos resumir la Compasión como el entendimiento de que todas las personas, hagan lo que hagan y sean lo que sean, siempre están tratando de hacer sus mejores esfuerzos desde sus capacidades limitadas (con sus propias miserias) aunque muchas veces no logren conseguir los resultados mas afortunados para todos.

Como término la Compasión puede entenderse, lo difícil es la interiorización a nivel espiritual. Ya sabemos que el entendimiento no define el desarrollo espiritual, así que llegar a ser Compasivo es una actitud que se aprende lentamente.

Si hablamos de Desapego a lo mejor se entiende de forma mas directa. El Desapego a los resultados o “cero expectativas” en un Don del Espíritu que invita a no quedarnos esperando que algo suceda ni quedarnos enganchados a algo que debió haber sido diferente.

Por ejemplo, cuando queremos llegar al perdón de una “falta” de un tercero, generalmente no entendemos el porqué real de su actuación desafortunada para nosotros (no somos compasivos) y podemos haber esperado que lo hiciera diferente o que se disculpara (tenemos expectativas).

Si pudiéramos ser compasivos y no tener expectativas automáticamente perdonaríamos la situación, ¿se ve claro?

Pues no espero que esté claro en estas pocas líneas lo que se puede tardar años (y tal vez vidas) en aprender desde el Espíritu (recuerden que trabajo en “cero expectativas”), pero la idea se ha planteado.

Olvídense de lo que la gente llama ”el perdonar”. El perdón no es algo que se cultiva, que se pueda trabajar. En cambio debemos enfocarnos en trabajar los Dones del Espíritu, en particular la Compasión y el Desapego, para así llegar al estado de perdón de forma automática.

Por esta razón se dice sabiamente que el “Perdón sólo es de Dios”. Por lo tanto no es algo en lo que podamos trabajar de forma personal pero si conseguirlo a través de Dios; del trabajo de nuestro espíritu que es una gota misma de Dios en nosotros.

Muchas veces se lee en la Biblia la indicación de que debemos perdonar, pero mas allá del nombre que se le dé, se está refiriendo a trabajar los dones ya citados.

Mateo 6:12
Perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores.

El tener deudores es tener personas que deberían resarcirnos de algo (dinero, favores, ofensas). Por tanto el perdonarlos es simplemente dejar de esperar que nos cumplan (cero expectativas). Si lo hacen, pues bien, pero no podemos engancharnos en las deudas.

Si tenemos Compasión sabemos que nuestros deudores están haciendo todo lo posible por correspondernos y con Desapego les damos el tiempo necesario para hacerlo; entonces estaremos en el estado del “perdonarles”.

Este bello pasaje es parte de nuestras oraciones, ¿cuántas veces erramos en nuestras acciones y pedimos a Dios que tenga Compasión por nosotros, con la promesa de que nosotros también lo haremos con nuestros semejantes?

En otro pasaje leemos:

Mateo 18:21-22
21 Entonces se le acercó Pedro y le dijo: Señor, ¿cuántas veces perdonaré a mi hermano que peque contra mí? ¿Hasta siete? 22 Jesús le dijo: No te digo hasta siete, sino aún hasta setenta veces siete.

En este pasaje se recalca que una vez que hayamos desarrollado de verdad los dones necesarios para el estado de perdón; una vez que estos dones sean una fortaleza de nuestro espíritu, podremos estar en ese estado de perdón de forma rutinaria (perdonaremos todas las veces que sean necesarias) ya que se habrá convertido en algo normal. Esto confirma que el perdón es un estado del espíritu, no es algo que se hace con esfuerzo.

Nunca sanas ninguna situación con algo que se llame “perdón”; el “perdón” es un estado que aparece una vez que hayas sanado la situación. #PedroGomez

Namasté
Pedro A. Gómez Ruzzo.
Master Reiki Usui-Tibetano, Karuna Ki
Original: 20 de noviembre del 2012
Twitter: @eReiki

lunes, 19 de noviembre de 2012

Las reglas claras – El amor de Dios

Autor: Pedro A. Gómez Ruzzo

Muchas personas se separan de Dios debido a la poca comprensión que se tiene sobre Dios mismo. Cuando muchas personas tratan de buscar a Dios en sus vidas, a veces parece estar pero otras veces no; y me refiero a encontrar su bondad, su asistencia.

El argumento más trillado en el desconocimiento de Dios es la gran cantidad de “infortunios” por las que pasa la humanidad, dicha humanidad creada supuestamente por Él mismo. Una humanidad compuesta por supuestos hijos suyos, a los cuales ama a todos por igual pero que constantemente está sometida a miserias, vejaciones, calamidades y sufrimientos. Y él allí, viendo, en el mejor de los casos asegurándose de que el “castigo” se lleve a cabo de forma correcta o que le oren de forma adecuada para enviar su misericordia, además claro está del merecimiento necesario para que él actúe.

Si se tiene un poco más de fe, los argumentos anteriores se cambian por otros más inocentes, pero iguales de inciertos: “es voluntad de Dios”, “Dios sabe porqué suceden las cosas”, “Dios lo quiere así”, “Dios sabrá”, “Dios no te da peso más grande del que puedes cargar”, “más adelante se ganará el Cielo”, etc, etc, etc.

Aceptar cosas por acto de fe es algo muy importante en la mayoría de las religiones, pero esa fe se ejerce no sobre cosas que no tienen explicación, sino sobre cosas que nosotros en particular no hemos entendido; o que aún no nos han explicado.

En cualquier circunstancia y bajo cualquier argumento que se esgrima, no debemos olvidar que si algún epíteto debemos darle a Dios con certeza es el de un Dios amoroso.

En las terapias de Alineación con la Fuente trato este tema con mayor detalle y mejor argumentado, pero quiero plantear aquí una visión del Amor de Dios.

Amor no es complacencia, amor no es sobreprotección, amor no es desigualdad. Si tomamos cualquier acto desafortunado podemos hacer un análisis profundo y encontrar dualidad en él. En la mayoría de los casos el análisis es muy estricto y difícil de realizar, sobre todo porque debemos eliminar nuestros sentimientos de ellos; así podremos ver que toda situación tiene tanto negro como blanco y además tonos de grises.

Voy a poner una situación trivial y sencilla. Nos levantamos un día en el que tenemos una presentación de trabajo importante, para la cual nos habíamos preparado desde varias semanas atrás, con mucho esfuerzo. A la hora de salir nuestro vehículo no enciende, después de varios intentos, los minutos se consumen y cada vez está más lejos la posibilidad de llegar a tiempo a la reunión y cumplir con la meta. Desesperadamente llamamos a un taxi, ofrecemos pagar el doble de la tarifa si nos hace llegar a tiempo y finalmente todo va bien luego de mucha angustia.

Lo que parece una situación difícil para nosotros, a lo mejor resulta ser la respuesta a las oraciones que el taxista elevaba a Dios la noche anterior por un dinero adicional que necesitaba para su familia; o para el mecánico que nos reparó luego el carro, con ese dinero inesperado pudo completar el dinero para pagar el préstamo que estaba por vencerse; e inclusive para tu jefe luego de enterarse del inconveniente aprecia a un más tu dedicación y aumenta su consideración hacia ti.

Si bien todo esto parece un guión de película rosa, si hacemos un sincero esfuerzo en cualquier situación, quitándonos primero el papel de víctimas, podemos encontrar cosas que no son tan nefastas en situaciones que nos afecten negativamente; la mayoría de las veces puede hasta adivinarse las intenciones del Director de esta película.

Y ese es el punto. Cuando argumentamos el Amor de Dios y que ese Amor debe ser igual para todos, a veces no parece manifestárseles a todos por igual. El Amor de Dios debe poder argumentarse desde otro punto de vista. Veamos.

No hay acto más amoroso, o por lo menos debería verse así, que cuando se nos permite actuar según nuestras propias necesidades personales (libre albedrío) pero otorgádonos un entendimiento claro de todo lo que puede pasar o todas las consecuencias de nuestros actos, y más aún cuando se nos enseñan antes todas las reglas que rigen nuestra existencia.

Si supiéramos cómo funciona nuestra realidad con sus pros y sus contras, con las relaciones de acción-reacción de nuestros actos y si tuviéramos una consciencia cierta de nuestras capacidades y limitaciones (lo que llamo Autoconsciencia en Evolución Consciente) pues sería muy fácil vivir. En este caso pudiéramos entender y por tanto prever las consecuencias de nuestras acciones y escoger la forma más afortunada de vivir.

Si nuestro guardián (de nosotros simples seres amarrados a este cuerpo y a este planeta y a este universo) nos diera toda esta información de cómo funciona el Universo pues la cosa sería más sencilla. Eso si sería Amor de verdad.

No es cuestión de dar un pez, es cuestión de enseñar a pescar. No quiero migajas de bienestar, quiero poder saber cómo obtenerlas. Y eso mismo hace Dios.

Cuando se habla a nivel místico del Amor de Dios, precisamente eso es a lo que debemos referirnos. Dios ha tenido la bondad máxima para con nosotros al crear el Universo, inamovible, con todo su funcionamiento establecido, todas las reglas fijas y colocarnos en este campo de juego donde no hay casualidades, ni discrecionalidades; donde todas las reglas están claras.

La Santa Biblia nos apunta el simbolismo que Dios creó el Universo en siete días y cuando “Dios vio todo lo que Había hecho, y he aquí que era muy bueno” bendijo toda la creación y descansó al séptimo día (Génesis 1:1-2:3). Estas palabras a nivel de una ejecución de proyectos indican que todo se verificó, que todo funcionaba bien, que no se habían quedado cabos sueltos, que no necesitaba - ni necesita - ningún ajuste y “a otra cosa mariposa”.

Desde el comienzo del Universo las reglas de juego han estado claras; el Universo viene funcionando igual que siempre y así seguirá; y nosotros como parte de este universo estamos regidos por esas reglas, las conozcamos o no, las creamos o no, o las entendamos o no.

Pero con esto surge un tercer argumento en contra de Dios. Bien, no desconozco a Dios, bien, puedo no necesitar actos de fe para vivir, pero nadie aún me ha dicho cuales son las reglas que rigen mi existencia ¿o sí?

Pues lo que voy a decir casi que lo pueden adivinar. Estamos rodeados de referencias de cómo funciona el universo, y no hablo de un funcionamiento físico o químico ni hablo del espacio interestelar; hablo del funcionamiento que nos toca la vida, nuestra mente, emociones, energías, espíritu. Estas referencias o reglas de cómo funciona el universo generalmente son complejas para digerir, por lo tanto son dadas en parábolas, anécdotas, historias, mitología, ya que deben darse a conocer a TODOS y no sólo a un grupo de elegidos intelectuales. Esta tarea de difusión la han venido realizando las diferentes religiones a lo largo de la historia.

Los preceptos religiosos, las consejas, las prácticas de vida, las referencias de cómo actuar para vivir bien, son ejercicios prácticos de dichas leyes de funcionamiento del universo que afectan nuestra realidad de vida. Es más fácil educar para la vida a toda la humanidad a través de esa forma práctica, a esperar que esa misma humanidad intelectualice esas leyes antes de utilizarlas.

Y cualquiera pudiera ahora argumentar que si esto que planteo es cierto, pues las religiones han fallado en el intento de informar (aunque sea de forma práctica) estas leyes de vida. Sí, el argumento es válido, tanto como el de cualquiera que le haya ido mal en una universidad por no estudiar y diga que esa universidad es pirata. A muchas personas las religiones les han servido, y de mucho.

No es cosas ahora de buscar culpables del infortunio de nuestra humanidad. Estas leyes las manejan desde siempre las religiones oficiales, expresadas como digo en sus libros sagrados y en sus enseñanzas. Pero fuera del ámbito religioso-social y algo más oculto, esas leyes se manejan en el área del misticismo y son conocidas como Leyes Universales.

¡Pero Cuidado! En esta Era de Acuario muchos manejan el concepto de Leyes Universales y muchos las puntualizan y las recitan de memoria; pero a veces no se comprenden de forma integrada. Algunos autores dicen que son siete, otros dicen que son doscientas una, y los demás van entre esos números. Una búsqueda en el ciberespacio pueda dar cualquier cantidad de documentos sobre leyes universales y muchos de ellos son repeticiones del mismo y en algunos diferentes no hay consistencia.

Las Leyes Universales deben estudiarse dentro de un ambiente místico, guiado, consistente con otras enseñanzas que le den soporte a la información. No son cosas que sean de aplicación inmediata luego de alguna lectura de un artículo o de algún libro. Las Leyes universales deben entenderse desde un contexto integral que aborda desde el plano físico, mental, emocional/energético hasta el espiritual, ya que se aplican a TODO el Universo.

Últimamente se están haciendo bonitos intentos de dar esta información más detallada a la humanidad y no sólo quedarse con los preceptos religiosos sin explicación, pero la información aun sigue siendo complicada de asimilar.

Estas Leyes Universales son las reglas claras con las que Dios planteó el funcionamiento del Universo y debemos considerarlas sea como sea la forma en las que nos las hayan inculcado.

Si queremos entenderlas más, pues podemos siempre emprender alguna enseñanza mística seria (mas allá de la lectura de libros, asistencias a charlas o lecturas en Internet). Si no nos llama la atención ese tipo de formación pues mejor temprano que tarde debemos comenzar a abrazar alguna religión y aunque no entendamos el porqué se nos invita a actuar de tal o cual manera, debemos tener la certeza que detrás de esos consejos están plasmadas todas las reglas de juego que evidencian el Amor que Dios nos tiene.

Y sin desmeritar ninguna otra fe religiosa diferente de la mía cristiana, recordemos cuando se dice que:

Juan 3:16-17

“ 16 Porque tanto Amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna. 17 Porque Dios no ha enviado a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.”

El Amor de Dios no se centra en el hombre aquel llamado Jesús de Nazareth, sino en lo que él vino a enseñar, a sus consejos, preceptos, mandamientos, anécdotas, metáforas, aclaraciones, donde están magistralmente reflejadas todas las Leyes Universales necesarias para vivir (salvarnos en nuestras situaciones difíciles) en esta etapa de nuestra evolución. Cualquier otra doctrina seria podría decir lo propio dentro de su ámbito de enseñanza y seguramente tendría razón.


Entonces el Amor de Dios va más allá de las cosas buenas que nos puedan suceder, sino que se manifiesta en el hecho de que nos tiene viviendo en un universo invariable creado por Él , con reglas claras de funcionamiento y que más de una vez nos han sido presentadas. El punto entonces es re-descubrirlas y comenzar a considerarlas en nuestras vidas.

Esta no será la última vez que hablaremos de esto; para el año que viene (2013) plantearemos un espacio de aprendizaje para ir aprendiendo sobre Las Reglas Claras de Vida; espéralo.

Namasté
Pedro A. Gómez Ruzzo.
Master Reiki Usui-Tibetano, Karuna Ki
Original: 19 de noviembre del 2012
Twitter: @eReiki