Sigue a ShaniShaktiAnanda en Facebook



viernes, 4 de abril de 2014

Las buenas intenciones no sirven



Autor: Pedro A. Gómez Ruzzo

Hay un dicho popular que reza:

"De buenas intenciones está empedrado el camino del infierno"

Y este mismo dicho, al parecer tiene sus orígenes en una frase atribuida a San Bernardo de Claraval (Francia 1091): «El infierno está lleno de buenas voluntades o deseos», según indica José María Iribarren en su libro "El porqué de los dichos" (referencia no oficial de Internet)

Sea cual sea el origen del dicho, o cualquiera de las frases descritas; todo apunta hacia la misma reflexión; la cual hay bajar de las nubes filosóficas y “aterrizarla” para que sirva de algo.

Cuando estamos viviendo nuestros “infiernos personales” o “grupales” (esta es la metáfora de “estar” o “dirigirse” al infierno) hay que evaluar si nuestra vida se está formando de solo buenas intenciones, propósitos, deseos, ideales o sueños; y no estamos haciendo lo apropiado (correcto) para alcanzarlo.

El tener la intención de hacer algo bien, no significa que lo podamos hacer bien de forma automática. Todo estudiante tiene la intención de salir bien en sus estudios, pero solo lo logran los que hacen lo correcto: estudiar. Y no estudiar por estudiar, sino estudiar de forma apropiada. Siempre se puede “estudiar mal”, “trabajar mal”, “luchar mal”, “esforzarse mal”, “amar mal”...

Y es aún más duro; una persona puede no tender ninguna intención en particular con sus acciones (por ejemplo haciendo cosas de forma desinteresada), pero si hace lo correcto, pues obtendrá buenas cosas; cosas que ni ella misma esperaba.

Esto parece “loco”, pero recordemos una parábola bíblica:

Mateo 21:28-32
Reina-Valera 1960 (RVR1960)
Parábola de los dos hijos
28 Pero ¿qué os parece? Un hombre tenía dos hijos, y acercándose al primero, le dijo: Hijo, ve hoy a trabajar en mi viña.
29 Respondiendo él, dijo: No quiero; pero después, arrepentido, fue.
30 Y acercándose al otro, le dijo de la misma manera; y respondiendo él, dijo: Sí, señor, voy. Y no fue.
31 ¿Cuál de los dos hizo la voluntad de su padre? Dijeron ellos: El primero. Jesús les dijo: De cierto os digo, que los publicanos y las rameras van delante de vosotros al reino de Dios.
32 Porque vino a vosotros Juan en camino de justicia, y no le creísteis; pero los publicanos y las rameras le creyeron; y vosotros, viendo esto, no os arrepentisteis después para creerle.


¡Uf...! A esta parábola se le pueden sacar párrafos y párrafos de enseñanzas; pero me voy a limitar a lo que nos interesa aquí.

Este texto sí pudiera ser el origen del dicho referido al comienzo. Vemos a un primer hijo que inicialmente no tenía la más mínima intención de hacer lo que el padre le pedía (por flojera, rabia, cansancio; por lo que fuera) pero al final,  por cualquier razón, termina haciéndolo lo correcto (obedecer a su padre)

Luego, el segundo hijo muy diligente con la palabra, con la mejor intención, deseo, propósito de obedecer al padre; al final no hace lo que el padre le había mandado. Este segundo hijo fue el que se llevaría la peor parte.

A la hora de recibir el agradecimiento del padre, el reconocimiento, la satisfacción de un salario, o la simple satisfacción de haber obedecido, ¿bastó con haber tenido la intención? Definitivamente no. El segundo hijo vivirá en algún momento su “infierno simbólico” por no haber hecho lo que debía.

Este dicho, que se extrae de una enseñanza sagrada, se aplica por supuesto en nuestra realidad a nivel espiritual.

¿Cuantas veces hemos sido nosotros como el 2do hijo?; y me refiero a nivel espiritual.

Asumamos que nuestro “padre” es esa figura espiritual con la cual tenemos afinidad especial: Dios Padre, Jesucristo, La Virgen María, algún Arcángel, algún santo, etc.

Muchas veces solemos actuar a la inversa de la parábola. Principalmente esperamos de estos seres especiales: asistencia, favores, ayuda, cuido, cariño, consuelo, etc., cosas todas que vendrían siendo como “el pago” o la “consideración” a los efectod de la parábola. De alguna forma esperamos que a través de “sus gracias” podamos solventar o sobrellevar situaciones difíciles; eso sería vivir lo más cerca de la paz espiritual y terrenal posible, vivir no en “el infierno” sino en el Cielo.

Pero, ¿ya estamos esperando alguna retribución o consideración especial de ellos hacia nosotros; y no nos damos cuenta cuales de los dos hijos hemos sido? ¿Hemos sido el 2do hijo, llenos de buenas intenciones pero que no cumplimos con lo que nos fue indicado? O ¿hemos sido el 1er hijo, que a pesar de nuestras situaciones, deseos, dificultades, negación, fastidios, siempre terminamos sobreponiéndose y haciendo lo que el “padre” manda?

“Jesús, te amo, te quiero, en ti confío”, “Virgencita, madre amorosa y preciosa por ser nuestra madre, ampáranos y cuídanos”, “San Miguel Arcángel, cúbrenos con tus alas y elimina a nuestros enemigos”. Pero... para pedir esas consideraciones ¿hemos hecho antes lo que Jesús mandó que hiciéramos? ¿Estamos actuando como María actuó en las diferentes situaciones, para así imitarla y honrarla? ¿Merecemos, con nuestra entrega a Dios, que un Arcángel nos venga a proteger?

Parecería que estoy divariando; pero simplemente explico las escrituras.

¿La misericordia de Dios? Misericordia no es “alcahuetería”; ya Dios Padre fue suficientemente misericordioso enviando a su único hijo para que nos enseñara y muriera por nosotros... si quieres busca en artículos anteriores.

Puede que asumamos de muy buena intención que Jesús es nuestro Señor y Salvador (por ejemplo) pero al igual que el padre de la parábola mandó a sus hijos a “trabajar en su viña”, Jesús nos mandó a: “orar por nuestros enemigos”, a “poner la otra mejilla”, a “adorar a Dios sobre todas las cosas”, a “no juzgar”, etc., etc., etc.  ¿Le hemos hecho caso, más allá de tener la buena intención inicial de hacerlo?

Somos tan parecidos el 2do hijo, que debería pensarlo dos veces antes de pedirle algo especial al Padre.

Por último, no me crean a mí; una vez nos dijeron:

Mateo 7
Y Jesús les dijo...  21. “No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos”


Las buenas intenciones no sirven de nada, más que para empedrar el camino al infierno; las obras “espiritualmente correctas” son las que cuentan.

Un poquito más de regalo de la parábola: aún aquellos que nos parece que están actuando “mal” lo pueden estar haciendo mejor que nosotros (versículo 32).

Namasté.

Pedro A. Gómez Ruzzo.
Master Reiki Usui-Tibetano, Karuna Ki, Reiki Mineral
Original: 04 de abril del 2014.
Twitters: @SanaCristica @eReiki @EvolConsc @pagr777 @AdamaConsc
Palabras claves: buenas, intenciones, padre, jesús, señor, deseos, virgen, maría, espiritual, correcta, correctitud, infierno, hijos, parábola

domingo, 30 de marzo de 2014

Jesús, un asunto también de muerte



Autor: Pedro A. Gómez Ruzzo

Es notorio y muchas veces lo he escrito, que las enseñanzas de Cristo Jesús suelen ser incomprendidas o muy difíciles de seguir. De hecho, se suele vivir una cristiandad a conveniencia, aplicando lo que es fácil de seguir y alegando y dejando de lado lo que parece ilógico o insensato en nuestra realidad.

En cuanto a nuestra vida cotidiana, la mayoría de la gente vive “de su cuenta”. A veces se acuerdan de alguna enseñanza de Jesús, pero siente y actúa como si su vida dependiera únicamente de sus esfuerzos personales (actitud que es, por demás, poco cristiana).

Pero en muchos casos esta actitud de vida no dedicada a Jesús no es criticable; ya que encontramos “promesas sobreentendidas” que parecen no cumplirse. Tenemos personas con vidas complicadas que no parecen tener recompensas evidentes y manifiestas con el comportarse medianamente correcto desde el punto de vista cristiano. Y aún más, tenemos vidas que terminan abruptamente y hasta trágicamente en personas con una entrega a Jesús y con un compromiso manifiesto de su fe espiritual.

Entonces cualquiera puede preguntarse: la dedicación de una vida cristiana ¿no trae “necesariamente” consecuencias  positivas en esa vida?

La respuesta debería ser que sí; que sí trae consecuencias positivas. Y la consecuencia principal está en un cambio de óptica cuando percibimos algunas situaciones terrenales. No es lo mismo una interpretación de un hecho de vida de una persona no cristiana a la de un cristiano comprometido (real). Pero más allá de esa visión diferente de la vida, las cosas difíciles parecen no estar exentas a ninguno.

Entonces ¿para qué tanto esfuerzo intentando cumplir con lo que Jesús decía? Imagínate, ¿“bendecir a nuestros enemigos” para que después nos traten peor? ¿Tener tanta confianza en Dios, para después morir de improviso?

Estoy poniendo ejemplos extremos, ya que en realidad sí le va mejor a cualquier cristiano en relación con el que no lo es (desde la simpleza de que se mete en menos problemas); pero el cuestionamiento sigue siendo válido.

Y la pregunta a reflexionar es: “el ser cristiano, ¿debe tener un impacto directo sobre nuestra vida terrenal (situaciones terrenales)?”

Veamos que dijo Jesús:

Juan 18: 35-36
(Reina-Valera 1960)

35 Pilato le respondió: ¿Soy yo acaso judío? Tu nación, y los principales sacerdotes, te han entregado a mí. ¿Qué has hecho?
36 Respondió Jesús: Mi reino no es de este mundo; si mi reino fuera de este mundo, mis servidores pelearían para que yo no fuera entregado a los judíos; pero mi reino no es de aquí.

Jesús como Rey y Señor nuestro, fija las leyes de vida necesarias, las reglas, las normas, pero para un mundo que no es este que conocemos, sino uno “fuera de este mundo”, Estas normas, como todas, hacen que ese mundo funcione en armonía, funcione bien, para que todos los que allí viven puedan disfrutar de felicidad eterna.

Juan 18: 35-36
(Reina-Valera 1960 )

1 No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí.
2 En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros.
3 Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis.


Si solo dejara la reflexión hasta aquí, la reflexión que puede surgir espontáneamente es: “entonces si las reglas son del más allá, pues las cumpliré cuando llegue a ese lado”.

Suela lógico, pero el punto necesario a pensar luego sería: si ese lado del “más allá” es el “verdadero”, la “vida eterna”, ¿para qué entonces estamos vivos en esta “vida falsa”?. Al final igual nos morimos después de muchas cosas buenas o malas y entonces no nos llevaríamos nada.

La respuesta es que estamos en “esta vida” para prepararnos para “la eternidad”. El mismo hecho de que Jesús, el Rey y Señor de “ese mundo eterno”, viniera a este plano “hecho hombre” (como un ser terrenal), es porque Él vino a traernos en persona esas reglas de vida que debemos cumplir en “estado humano” para prepararnos para cuando debamos entrar en su reino.

Es por esto mismo que algunas de sus enseñanzas (“poner la otra mejilla” por ejemplo) no parece tener sentido en nuestra realidad humana; pero júrenlo que hacerlo trae ganancia, preparación y merecimiento para poder estar mejor al morir, para poder entrar en el Reino de los Cielos.

¿Que no te quieres morir? Es lo único que tenemos seguro. Mejor y nos preparamos, ya que tarde o temprano presentaremos el examen que nos calificará en ese reino.

No puedo discutir la sensación humana de que nuestra realidad terrenal depende mucho de nosotros y de lo que hacemos; y por tanto se tiende a actuar sin muchos consejos cristianos; ¿pero y la muerte?

Asumiendo que la muerte te importe (y nos damos cuenta desde el mismo instante que ponemos todo el empeño en mantenernos vivos) ¿estás preparado para ese momento inevitable pero que tratamos de retardar al máximo?

Al igual que intentas controlar tu vida terrenal: ¿podrás controlar tu muerte o lo que pase en el más allá una vez que llegues? ¿Sabes siquiera qué vas a encontrar al morir?

Mejor es prepararse para ese momento; y está claro con esta reflexión que las enseñanzas de Jesús no son solo un asunto de vivir bien, sino que es un asunto también de muerte; de llegar a ese plano del más allá de la mejor manera posible.

Así que siendo buen cristiano cultivarás tu estadía en la eternidad. Entonces y solo entonces, la muerte se convierte efectivamente en un paso a una mejor vida.

Namasté.

Pedro A. Gómez Ruzzo.
Master Reiki Usui-Tibetano, Karuna Ki, Reiki Mineral
Original: 30 de marzo del 2014.
Twitters: @SanaCristica @eReiki @EvolConsc @pagr777 @AdamaConsc
Palabras claves:

Confiar en Jesús


Autor: Pedro A. Gómez Ruzzo

La confianza que solemos tenerle a Jesucristo muchas veces es acomodaticia. Solemos gritar a los cuatro vientos que “confiamos en Jesús” y que “en Él ponemos toda nuestra confianza”; que Él es “nuestro Señor” y que “estamos seguros de que no nos defraudará”.

Pero si situamos en contexto estas expresiones de confianza, nos damos cuenta de que se enmarcan siempre en la creencia (o la esperanza) de que Jesús se va a ocupar de nuestras propias luchas; de que nos va a ayudar a cumplir con lo que queremos o necesitamos; de que Él nos va a complacer y a colaborar con nuestras metas. ¿Cierto?

¿Pero esto es lo correcto? Si, no está mal; pero debemos ser consistentes y confiar plenamente.

La verdadera confianza en Jesús no se basa en lo que Él puede hacer por nosotros, sino en lo que ya hizo.

Si tú confías en alguien lo primero que haces es creer en lo que dice, en lo que predica. Y si confías verdaderamente, pues ni siquiera dudas o lo cuestionas, sino que aceptas todo lo que dice como cierto y actúas en consecuencia. En el momento en que comienzas a cuestionar lo que ese alguien dice, pues significa que dudas de él, ya que dice cosas que a lo mejor no te sirven; a lo mejor no aplican, o son mentira, o no se puede hacer.

Para confiar en que Jesús te puede ayudar, debes comenzar creyendo que Él tiene el poder; y si Él tiene el poder, Él dice las cosas correctas; y si las cosas son correctas, debemos someternos a ellas sin cuestionarlas. Eso sí es confianza; no hay otra forma.

Si tú confías DE VERDAD en Jesús, debes dar como cierto todo lo que decía y actuar en consecuencia tal como enseñó. No puedes decir que confías en Él pero no seguir sus instrucciones de cómo hacer las cosas.

Jesús daba instrucciones de vida como por ejemplo:

-          “Bendice a tus enemigos”: ¿crees que eso sirve para algo? ¿lo haces?

-          “Pon la otra mejilla”: ¿lo haces? ¿Jesús estaba loco?

-          “Ama a Dios sobre TODAS las cosas” ¿más que a cualquier cosa? ¿actúas así?

-          “Haz las paces con los que tienen algo en contra de ti” ¿te atreves?

-          “No resistas a los que te quieren robar el manto, dale también tu túnica” ¿lo sigues?


Si respondiste alguna de las preguntas con algo diferente de un “Sí”, pues tu confianza en Jesús no es total; solo crees en lo que te resulta fácil hacer, o en lo que entiendes, o en lo que te sirve.

Si tienes a ese personaje que dijo cosas tan “inservibles” o “inoperantes”, ¿Aún te atreves a decir que confías en Él? ¿A quién engañas?

“Confiar en Jesús” es someterse a sus enseñanzas por el solo hecho de creer en Él. Hay que CONFIAR en que lo que dijo es lo correcto, en que nos va a traer el bien; y debemos hacer lo que nos indicó aun cuando no veamos claro el porqué ni el cómo. Si hacemos por “su causa”, Él hará por la nuestra.

Namasté.

Pedro A. Gómez Ruzzo.
Master Reiki Usui-Tibetano, Karuna Ki, Reiki Mineral
Original: 30 de marzo del 2014.
http://www.sanacioncristica.org
http://www.AdamaConsciente.org.ve/
http://www.evolucionconsciente.org.ve
http://pagr777.blogspot.com/
http://www.reiki.org.ve
http://e-reiki.ning.com
Twitters: @SanaCristica @eReiki @EvolConsc @pagr777 @AdamaConsc

Palabras claves:cnfiar, jesús, fe, mandamientos, lineamientos,