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domingo, 26 de abril de 2020

Los dos postes


Autor: ShaniShaktiAnanda

Los símiles y las metáforas siempre han sido útiles para explicar procesos que de otra forma fueran difíciles de entender.

Uno de los procesos que me atañen es el de crecer espiritualmente; en particular cuando debo explicar a las personas sobre la necesidad de desapegarse a su terrenalidad para poder ser más espirituales; además, de cómo ayuda el Maestro Espiritual a este proceso.

Para explicarlo en metáfora, voy a utilizar la imagen de dos postes de alumbrado: un poste que representa los aspectos terrenales de la vida y el otro poste que representa el aspecto espiritual. Recordemos, antes que nada, que los aspectos terrenales comprenden: lo físico/económico, lo mental/intelectual/sensorial, lo emocional/sentimental y lo energético/bienestar-humano.

Ambos postes están a una distancia, uno del otro, un poco mayor que la longitud de tus brazos abiertos. Es decir, que no llegas a agarrarte de ambos a la vez. Es bíblico, “no puedes servir a dos señores a la vez” (Mateo 6:24), no puedes estar agarrado de los dos postes a la vez.


Abrazados al poste terrenal.

La realidad es que muchas personas viven abrazadas al poste de la terrenalidad; con instantes en los que ven al poste espiritual a la distancia, sin soltarse del terrenal.

Esto representa a la gran mayoría de personas que viven en función de sus asuntos terrenales: sus metas de vida son terrenales, sus esfuerzos son hacia esas metas terrenales, sus angustias son terrenales, lo que más ansían son cosas terrenales, sus preocupaciones son terrenales; en resumen, sus vidas son principalmente terrenales. Recordemos los párrafos anteriores donde acoté cuáles son los aspectos terrenales.

Pero es cierto que esas personas cuando les va mal en sus asuntos terrenales ven hacia el poste espiritual para pedirle a Dios o a cualquier divinidad que les ayude en sus asuntos terrenales. Es decir, aún en problemas y pidiéndole a Dios, no se sueltan de su poste terrenal.

El problema de esto es que tarde o temprano, de forma inesperada, el poste terrenal desaparecerá (la persona muere), y su alma, sin ese soporte terrenal, literalmente se va a desplomar al piso (se queda en un estado de desamparo y sufrimiento que metafóricamente se conoce como los infiernos).

Y sin necesidad de que la persona muera; ese poste terrenal muchas veces se sacude o se calienta mucho y la persona, abrazada a este, no la pasa nada bien.

Este tipo de personas tienen mucho apego a sus cosas terrenales; por lo tanto, al momento de los problemas terrenales o de muerte física no le va a ir nada bien.


Estirando el brazo.

Otro grupo de personas (las más sabias y trascendentes), reconociéndose primero como seres espirituales, comienzan a buscar crecer espiritualmente.

Entonces, se atreven a comenzar a soltar una mano del poste terrenal y buscan estirar el brazo hacia el poste espiritual.

Esas personas, de forma automática, cuanto más intentan alcanzar el poste espiritual más aprietan la mano que agarra el pote terrenal. Esto se produce por la normal resistencia al cambio. Generalmente, esta respuesta que se da por miedo a lo desconocido se disfraza de precaución, de excusas, de frases como que “el tiempo de Dios es perfecto”, de “en su momento”, “ahora tengo muchas ocupaciones”, etc.

Estos intentos de ser espiritual (de agarrar el poste espiritual) se pueden repetir una y otra vez; de una forma o de otra; en un escenario o en otro; de una religión a otra; brincado de un lado para otro; sin éxito final alguno, principalmente porque se intentan hacer por sus propias fuerzas.

A pesar de todos estos intentos de estirarse solo, si de la misma manera el poste espiritual llegara a desaparecer, la persona caería a las profundidades.


La ayuda del maestro espiritual.

En cada intento explicado anteriormente de tocar lo espiritual, donde no se suelta nada de lo terrenal, las personas llegan por momentos a rozar la experiencia espiritual. Pero lo hacen con la puntas de sus dedos, sin nunca llegar a agarrarse de ese poste.

Aquí es donde llega la ayuda del maestro espiritual.

Desde el entendido de que nadie llega a ser realmente espiritual por cuenta propia; las personas que verdaderamente quieren llegar al poste buscan a alguien que ya esté en ese poste. Ese alguien, esa persona que ya está en el poste espiritual, es precisamente un maestro espiritual.

Cuando este aparece, él agarra la mano que está tratando de estirar la persona e intenta estirarle un poco más. De esa manera, la persona hace más contacto con el poste espiritual, sin llegar a agarrarlo.

Si aún con la presencia del maestro espiritual la persona sigue aferrada a su terrenalidad, ni el maestro ni nadie podrá hacer mucho. Por más que el maestro tire de la persona, existe un límite físico de su cuerpo. Aún falta un pequeño paso.

Ese pequeño paso es que la persona comience a aflojar sus dedos del poste terrenal para que el maestro pueda ayudarle.

Este “aflojar sus dedos del poste terrenal” se puede traducir en muchas cosas; por ejemplo: vencer su zona de confort; practicar “la taza vacía”; dejar costumbres que atetan abiertamente contra lo espiritual; optimizar su tiempo para que pueda participar en las actividades de crecimiento espiritual; no correr pero tampoco dormirse en los laureles en el camino que comienza a recorrer; entre otras.

Si la persona pone sinceramente de su parte, llega el momento en el que mientras el maestro lo está tirando hacia lo espiritual, un pequeño aflojar adicional de lo terrenal hace que logre asirse del poste espiritual; y es allí donde la persona comienza a ser espiritual.

Pero atención. La idea de que la persona se agarre ahora del poste espiritual no implica que abandone totalmente el poste terrenal. Es necesario que la persona siga viviendo y cumpliendo con sus obligaciones terrenales. Es importante, porque entre estos dos postes es que se crece espiritualmente.

La persona seguirá en contacto con su terrenalidad, rozándola con sus dedos, pero firmemente agarrada de su espiritualidad.

En este punto es que comienza a vencer el apego, aunque siga viviendo terrenalmente.

¿Ventajas de esto? Que si su poste terrenal se sacude, se calienta o se derrumba, la persona ya no está abrazada a él. Bastará con alejar un poco la mano y su terrenalidad no la sacudirá, no la calentará, ni la derrumbará. El poste espiritual es firme como Dios; nunca se sacude, nunca se calienta y nunca se derrumba.

¿Puede una persona estar mejor que esto mientras vive terrenalmente?

Y al morir, al desaparecer su poste terrenal, la persona no “caerá a los infiernos”, sino que se mantendrá firmemente espiritual.


Espero que este símil te haga reflexionar y te haga tomar las decisiones necesarias para que consigas es paz que buscas.

Dios te bendiga.

Namasté.
ShaniShaktiAnanda
Original: 1577 AS. (26 de abril del 2020)
Instagram @ShanisShaktiAnanda @EscuelaparaelAlma.ssa
Palabras-claves: postes, espiritualidad, terrenalidad, maestro espiritual apego desapego

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