Autor:
Pedro A. Gómez Ruzzo
En este artículo, lo primero a notar son las
comillas del título. Ambas frases: “buenas acciones” y “karma negativo” puede no referirse a lo
que describen.
Ya sabemos que muchas veces hay acciones que
pudiéramos catalogar como “buenas” que pueden solo ser “convenientes para
nosotros” o tener un matiz de “buena” únicamente desde nuestra perspectiva.
Esas son las “buenas acciones” a las que nos referimos aquí.
De forma similar, no existe realmente un
karma positivo ni un “karma negativo”. Simplemente hay karma; este, en el
correcto contexto espiritual, enmarca escenarios de aprendizaje. La experiencia
en uno de esos escenarios será buena o será mala dependiendo de cómo lo
asumamos y de cómo lo superemos. Pero a esa energía de karma que produce
escenarios de aprendizaje difíciles es a la que nos referimos aquí como “karma
negativo”.
En nuestra cultura occidental; y en algunas
sociedades más que en otras; la noción de causa y efecto (karma) no se
encuentra presente de forma viva. Pareciera que solo una acción produce un
efecto si alguien ve lo que se hace, o lo nota o lo siente o lo sufre.
En sociedades cada ve más mentales, lo que
no se ve o lo que no se puede explicar con lógica “no existe”. Y es una lástima
que sea así, porque en realidad suceden más cosas en planos no visibles que en
nuestra realidad palpable. De esto, uno se da cuenta cuando de forma sincera se
buscan explicar fenómenos de vida y todas las respuestas se encuentran en los
planos sutiles de forma coherente y consistente. ¿No lo crees? Es porque no has
comenzado a buscar de forma sincera.
Y es por eso por lo que muchas personas se
atreven a robar, dañar, violar las reglas; por el solo hecho de que nadie les
está viendo. Qué diferente sería el mundo si recuperáramos una visión amplia de
nuestra realidad, la cual nos hizo perder la modernidad.
En este aspecto, el karma pertenece a esos
fenómenos que “son”, “existen” y “se llevan a cabo” sin necesidad de que nadie
los vea, ni los entienda ni crea en ellos. El karma pertenece a una Ley
Universal a la cual no le importa que la gente este consciente de eso o no.
De igual forma que la luna se mantiene en su
órbita alrededor de la tierra gracias a una combinación de leyes físicas (Ley
de Atracción de Masas, Fuerza Centrífuga, etc.); ella siempre sigue en su
posición sin importarle que la gente crea que es por magia, por la mano de
Dios, por unos extraterrestres o aunque ni lo piensen.
Nuestra realidad esta llena de ese tipo de
hechos que escapan incluso a las mentes mejores preparadas. Hechos que no se
pueden explicar con las pocas leyes terrenales existentes; y que comenzar a
creerlos implicaría romper muchos esquemas mentales que resultan cómodos o “empoderadores”.
Son con estos esquemas mentales que preferimos vivir; porque creemos que los
controlamos; aunque si fuéramos valientes nos daríamos cuenta que son ellos los
que nos controlan y limitan nuestras experiencias de vida. No “creer en cosas”
que no se pueden demostrar, desechar propuestas “que no encajan con nuestra
realidad evidente”, no es claridad mental ni seriedad, sino que es ceguera mental. Es como vivir
encerrados en una jaula negándose lo extenso del universo detrás de los
barrotes.
Y el gran problema de esta ceguera mental, por
la cual no se pueden ver las Leyes que rigen al Universo (y por ende a nuestra
existencia), es que vivimos cotidianamente y de forma constante trasgrediendo
formas correctas de actuar; “correctitud” que va más allá de nuestras
conveniencias o de nuestros limitados criterios personales.
Estas trasgresiones traen inevitablemente
consecuencias negativas, las cuales al no poder explicarlas se las achacamos a
la suerte, a los astros, a las brujerías, a los muertes, a castigos de Dios, al
demonio, etc. Y por supuesto no encontramos una explicación por no poder ver el origen, “por no creer es
esas tonterías”, por esa misma ceguera mental.
Comenzaré con varios ejemplos cotidianos en
diferentes entregas, que únicamente buscan aflojar la venda de los ojos.
Quitársela dependerá de cada quien.
El
Chofer Amable
Simplemente
dibujo una escena cotidiana y explico la visión limitada con “ceguera mental” (visión
ingenua) y “visión amplia”
Hora
pico de tráfico en Caracas, comenzando la mañana. En una calle perpendicular a
una gran avenida, muchos carros esperan ansiosos el cruce de un semáforo.
Un autobús,
conducido por un chofer amable, acababa de recoger pasajeros en la parada
correspondiente cincuenta metros atrás y está de primero en la cola del
semáforo.
En la
fase verde del semáforo, el flujo de vehículos que pasaba era muy lento; y ya había
muchos vehículos que no habían podido pasar en las anteriores.
Cambia
la luz en verde; y en ese mismo instante el chofer del autobús hace el intento
de arrancar y ve a 30 metros una tierna ancianita que quería montarse.
El
chofer, con toda “su amabilidad” decide esperar y hasta que la tierna señora se
montó pasaron no menos de 30 segundos... la mitad del tiempo del semáforo, por
lo que la mitad de los vehículos que hubieron pasado en el semáforo se quedaron
para el próximo intento.
Los
choferes de los vehículos detenidos por el autobús, se molestaron al instante;
lo que produjo una reacción en cadena tocando las bocinas, y mucha
desesperación y frustración a la espera de la próxima luz verde.
Algunos
pudieron ver con exactitud lo que pasaba con el autobús y otros vehículos no.
De igual forma en ambos grupos la indignación fue generalizada.
Nota:
el autobús sí pudo pasar en el último segundo, para mayor indignación de los
conductores.
Visión ingenua
Cualquier persona desde el plano netamente mental y
probablemente no afectada por la situación, puede sentir que se le hizo un gran
favor a la ancianita; y que el chofer tiene un corazón de oro por lo cual Dios
lo va a bendecir por esa acción.
Además, el mismo chofer puede estar seguro
en su consciencia de que hizo lo correcto por la pobre ancianita y que el
problema fue de los otros choferes “sin corazón” que se molestaron.
¿Estas de acuerdo con esta visión?
Visión
amplia
La presentada es una situación típica donde
una acción realizada por una persona genera malestar en otras. No se juzga la
acción como buena o mala según la conveniencia o punto de vista de los
particulares; sino que se deben analizar los sentimientos que se despertaron en
los involucrados, gracias a dicha acción.
Aquí está actuando directamente la Ley
Universal del Karma.
Si bien ya he escrito mucho sobre karma y lo
pueden encontrar publicado, resumiéndolo mucho esta ley plantea que si una
acción realizada por una primera persona genera malos sentimientos en una
segunda persona (o en un grupo de terceras personas), esta acción (sea cual
haya sido) genera un karma negativo. Dicho karma negativo lo van a tener
tanto la primera como la segunda y todo el grupo de terceras personas; y este
va a condicionar en TODOS ELLOS situaciones difíciles de vida con el objetivo
de que aprendan lo necesario para que algo similar no vuelva a ocurrir (para
que no se hagan daño emocionalmente entre unos y otros). Si no se aprende en
las diferentes situaciones difíciles que se van a presentar, el karma negativo
se mantiene y seguirán ocurriéndoles situaciones una y otra vez.
Veamos entonces.
La “buena acción” del chofer del autobús;
generó mucho malestar en un amplio grupo de terceros (los conductores de los
vehículos detenidos), y por lo tanto se generó karma negativo.
Este karma
negativo no es solo de los conductores, sino de todos los que estuvieron
involucrados en la acción; así que todos se lo llevan en los hombros de allí en
adelante.
Ese karma negativo, generado por los
sentimientos complicados, va a condicionarles el resto de sus vidas, en mucho o
en poco medida, no importa. Lo único importante es que hubiera sido mejor no
haberlo generado.
Pero esto no se queda aquí. El karma
negativo generado en la situación y el cual todos comienzan a compartir,
TAMBIÉN va para la dulce ancianita; ya que ella fue, de alguna forma, el
verdadero origen de todo el asunto kármico.
Que ¿es injusto? Que ¿no hubo mala intención?
Las Leyes Universales no se detienen por eso. Estas son procesos establecidos
que ocurren cuando las condiciones se establecen; sin ninguna discrecionalidad
ni casos especiales.
Lo que sí es injusto es que aún estemos por
la vida sin conocer estos detalles en las interacciones humanas.
Donde sí parece haber mala intención es en
no darnos este conocimiento desde niños.
Con toda esta visión amplia, vemos
entonces que NO se le hizo un favor a la ancianita, porque la “buena acción”
del chofer, hizo partícipe a la ancianita de todo el “karma negativo” generado por
los conductores, los cuales se frustraron por culpa de ella (directa o
indirectamente).
Incluso, aunque la frustración no se
dirigiera hacia la ancianita sino hacia el conductor; la ancianita fue el
origen de todo; por lo tanto, a ella le toca también sin excusas el karma
negativo. En mi argumentación hay conceptos complicados sobre “establecimiento
de lazos kármicos” que les invito a revisar en otros de mis escritos.
Entonces ¿qué hubiera sido lo mejor?
Sencillo:
1. Que el chofer hubiera respetado las normas de solo
recoger pasajeros en los lugares establecidos; como era “lo correcto”
2. Que la viejita hubiera decidido asumir su situación y
haber caminado unos pocos metros más hacia la parada para esperar el siguiente
autobús; como era “lo correcto”
¿Son acaso absurdas estas dos simples
acciones? Con ellas, la ancianita hubiera hecho un poco más de ejercicio y
definitivamente hubiera llegado a su casa con mucho menos karma negativo. A cualquier
edad tener karma negativo que trabajar nunca es agradable.
Si bien es seguro que la dulce anciana con
su sentimiento de agradecimiento generó también un karma positivo hacia el
chofer del autobús, ¿ustedes se preguntarían cuál de los dos karmas fue más
intenso y abundante? Yo no apostaría por el de la ancianita delante de todos
los conductores rabiosos.
“Nadie
puede hacer feliz a alguien, quitándole la felicidad a los demás.” (PAGR)
Esta visión amplia parece muy de
novela, muy fantasiosa. Pero es esta misma “inconsciencia” en la que vivimos;
este “preferir no creer en cosas que no se ven”; el “desvirtuar” cosas que se
conocen y se enseñan desde la antigüedad; lo que nos hace ganar méritos para
que nuestra vida se llene de situaciones complicadas y difíciles. Después, en
los momentos difíciles, nos preguntamos: “¿Por qué a mí? ¡Dios mío!”
Y hablamos de una posible vida con más
complicaciones gracias al karma negativo; pero no les quiero contar lo que
significa morir con una carga muy fuerte de dichos karmas. Nos conviene
“ponernos serios”
Namasté.
Pedro A. Gómez Ruzzo.
Master
Reiki Usui-Tibetano, Karuna Ki, Reiki Mineral
Original:
09 de septiembre del 2014.
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chofer, ancianita, autobús, karma,
negativo, acciones, correctas, buenas, choferes, tráfico, semáforo