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viernes, 12 de septiembre de 2014

Tener a Dios en nuestras situaciones difíciles


Autor: Pedro A. Gómez Ruzzo

En las situaciones difíciles debemos tener consciencia y entender conceptos básicos para que Dios pueda ayudarnos. 

La forma en que alguien debe asumir una situación difícil responde a pasos que comprenden actitudes y formar de actuar MUY concretas y extraídas de enseñanzas espirituales. Por lo tanto, termina siendo un requisito para que Dios (esa Consciencia Espiritual Máxima) se involucre activamente en nuestras situaciones difíciles.

 Lo que les presento aquí es el abordaje que a nivel de terapias de sanación espiritual les propongo  mis pacientes, cuando estos tienen “un mínimo” de consciencia espiritual despierta. Es un proceso de tres fases; donde la primera y la segunda se suelen ejecutar de forma cíclica, las veces que sean necesarias, para poder arrancar.

Primera fase:
  1. Debes saber que Dios está presente en todo lo que te sucede; incluso en tu situación difícil actual. Si quieres que Él te ayude, si quieres que Él esté en tu futuro, debes reconocerlo en "el ahora" y debes asumir que también estuvo en tu pasado. Esa es la "fe" que debes mantener.
  2. Si llegas a creer que la situación depende totalmente de ti y que lo estás haciendo bien, pues no esperes la ayuda activa de Dios.
  3. Si la situación difícil se está manteniendo, es porque Él necesita que te fortalezcas. Y por eso, va a ser muy difícil que se te exonere de la situación hasta que no te hayas fortalecido, aprendido y asimilado la enseñaza espiritual necesaria.
Segunda fase:

  1. Tener fortaleza ante una situación no significa "aguantar la situación", sino confiar en que Él esta contigo y que Él la puede resolver o te puede ayudar a superarla.
  2. Pero la única forma en que Dios tome la situación en sus manos para trabajarla es que tú la sueltes.
  3. Soltar una situación no es "dejar de hacer cosas", tampoco es ignorarla. Soltar una situación es soltar el sufrimiento que esta te trae.
  4. El sufrimiento va a comenzar a desaparecer (casi de forma automática) solamente cuando comienzas a entender que Dios tiene el control de tu vida; o cuando te hayas fortalecido con dicha situación; no antes.
Tercera fase

  1. Entonces, cuando comienzas a soltar el sufrimiento, Dios comienza a hacerse cargo de tu realidad y comienza disolver lo que provocaba el sufrimiento que soltaste. Si no sueltas el sufrimiento, siempre necesitarás a la situación difícil para que el sufrimiento (que no has soltado) tenga sentido.
  2. Pero tú siempre debes dar tu mejor esfuerzo: nunca debes decaer; nunca distraerte; es un trabajo en equipo entre Dios y tú.
  3. Entonces, poco a poco, Dios te comenzará a presentar nuevas oportunidades donde podrás estar mejor que antes. Pero tú debes tomar dichas oportunidades, debes aprovecharlas; nunca las dejes pasar porque podrías volver al inicio del problema.

En la mayoría de las situaciones difíciles, el fortalecimiento esperado o la enseñanza a internalizar, es simplemente la certeza de que Dios está contigo y que Él te puede ayudar; pero para esto se deben cumplir todos estos pasos.

A lo mejor todo lo anterior se entiende pero no es fácil de asumir. Eso no les resta valor al proceso; si lo necesitas busca ayuda.

Esto es “Humildad Espiritual” (Evolución Consciente – e-Reiki)

Namasté.

Pedro A. Gómez Ruzzo.
Master Reiki Usui-Tibetano, Karuna Ki, Reiki Mineral
Original: 12 de septiembre del 2014.
http://www.sanacioncristica.org
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Palabras-claves: humildad, sanar, momentos difíciles, sufrimiento

jueves, 11 de septiembre de 2014

La peligrosa satisfacción de entender



Autor: Pedro A. Gómez Ruzzo

Cuando una persona importante dice algo y uno se encuentra entendiendo y compartiendo su misma opinión, automáticamente sentimos una satisfacción egocéntrica que nos lleva a “avalar”, comentar, compartir o repetir dicha información. Esta persona importante puede ser: un renombrado conferencista, un profesional titulado, un autor de muchos libros, un gurú o cualquier persona famosa.

Pero muchas veces esa satisfacción se queda solo en el plano en donde nació, sin llegar a  trascender, solo nos sirve en el plano intelectual (“egocéntrico”)

Entender algo o conocer sobre algo (una charla, un libro, un taller, una conferencia, un concepto, una técnica) nunca ha sido suficiente para generar un bienestar real sostenido en nadie ni para sanar o mejorar nuestra vida.

El esfuerzo personal siempre es necesario; no solo el entendimiento.

Si vivimos de manera muy "mental", probablemente encontremos en los argumentos y explicaciones "inteligentes" que algunos exponen, casi que “iluminatorios”. 

Llegada la hora, encontraremos que aquello que entendimos no nos sirve de mucho, porque no tendremos la "fuerza interior" necesaria para salir adelante de muchas situaciones.

De hecho, probablemente esta "satisfacción intelectual" a la que me refiero en este escrito, se esté aplicando en este momento a este mismo escrito.
No solo asientas a lo que la gente dice; sino que toma acción en tu vida. Más que un "Like", un "ReTweet", un "Share" o un "Comentario"; sería bueno que esas palabras refuercen el esfuerzo personal en sanar, en conseguir la paz.

No podemos quedarnos simplemente compartiendo un "criterio" o diciéndole a todo el mundo “qué bueno es esa información” o “qué razón tiene ese autor”. Debemos hacer que ese criterio sea una realidad en nuestras vidas.

Debemos tener mucho cuidado con la “satisfacción de entender”; ya que podemos estar creyendo que eso es suficiente y podemos sentir que con eso ya vamos a arreglar nuestros problemas. Definitivamente no es así.

El entender puede ser una parte importante del sanar, pero es solo la partida. Nunca se gana una carrera con solo el primer paso; se requiere muchísimo esfuerzo personal.

Namasté.

Pedro A. Gómez Ruzzo. 
Master Reiki Usui-Tibetano, Karuna Ki, Reiki Mineral
Original: 11 de septiembre del 2014.
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Palabras-claves:  sanar, paz, entender, satisfacción, bienestar, esfuerzo, personal

martes, 9 de septiembre de 2014

Cuando las “buenas acciones” generan “karma negativo”. Parte 1: El chofer amable


Autor: Pedro A. Gómez Ruzzo

En este artículo, lo primero a notar son las comillas del título. Ambas frases: “buenas acciones”  y “karma negativo” puede no referirse a lo que describen.

Ya sabemos que muchas veces hay acciones que pudiéramos catalogar como “buenas” que pueden solo ser “convenientes para nosotros” o tener un matiz de “buena” únicamente desde nuestra perspectiva. Esas son las “buenas acciones” a las que nos referimos aquí. 

De forma similar, no existe realmente un karma positivo ni un “karma negativo”. Simplemente hay karma; este, en el correcto contexto espiritual, enmarca escenarios de aprendizaje. La experiencia en uno de esos escenarios será buena o será mala dependiendo de cómo lo asumamos y de cómo lo superemos. Pero a esa energía de karma que produce escenarios de aprendizaje difíciles es a la que nos referimos aquí como “karma negativo”.

En nuestra cultura occidental; y en algunas sociedades más que en otras; la noción de causa y efecto (karma) no se encuentra presente de forma viva. Pareciera que solo una acción produce un efecto si alguien ve lo que se hace, o lo nota o lo siente o lo sufre. 

En sociedades cada ve más mentales, lo que no se ve o lo que no se puede explicar con lógica “no existe”. Y es una lástima que sea así, porque en realidad suceden más cosas en planos no visibles que en nuestra realidad palpable. De esto, uno se da cuenta cuando de forma sincera se buscan explicar fenómenos de vida y todas las respuestas se encuentran en los planos sutiles de forma coherente y consistente. ¿No lo crees? Es porque no has comenzado a buscar de forma sincera.

Y es por eso por lo que muchas personas se atreven a robar, dañar, violar las reglas; por el solo hecho de que nadie les está viendo. Qué diferente sería el mundo si recuperáramos una visión amplia de nuestra realidad, la cual nos hizo perder la modernidad. 

En este aspecto, el karma pertenece a esos fenómenos que “son”, “existen” y “se llevan a cabo” sin necesidad de que nadie los vea, ni los entienda ni crea en ellos. El karma pertenece a una Ley Universal a la cual no le importa que la gente este consciente de eso o no.

De igual forma que la luna se mantiene en su órbita alrededor de la tierra gracias a una combinación de leyes físicas (Ley de Atracción de Masas, Fuerza Centrífuga, etc.); ella siempre sigue en su posición sin importarle que la gente crea que es por magia, por la mano de Dios, por unos extraterrestres o aunque ni lo piensen. 

Nuestra realidad esta llena de ese tipo de hechos que escapan incluso a las mentes mejores preparadas. Hechos que no se pueden explicar con las pocas leyes terrenales existentes; y que comenzar a creerlos implicaría romper muchos esquemas mentales que resultan cómodos o “empoderadores”. Son con estos esquemas mentales que preferimos vivir; porque creemos que los controlamos; aunque si fuéramos valientes nos daríamos cuenta que son ellos los que nos controlan y limitan nuestras experiencias de vida. No “creer en cosas” que no se pueden demostrar, desechar propuestas “que no encajan con nuestra realidad evidente”, no es claridad mental ni seriedad, sino que es ceguera mental. Es como vivir encerrados en una jaula negándose lo extenso del universo detrás de los barrotes.

Y el gran problema de esta ceguera mental, por la cual no se pueden ver las Leyes que rigen al Universo (y por ende a nuestra existencia), es que vivimos cotidianamente y de forma constante trasgrediendo formas correctas de actuar; “correctitud” que va más allá de nuestras conveniencias o de nuestros limitados criterios personales. 

Estas trasgresiones traen inevitablemente consecuencias negativas, las cuales al no poder explicarlas se las achacamos a la suerte, a los astros, a las brujerías, a los muertes, a castigos de Dios, al demonio, etc. Y por supuesto no encontramos una explicación  por no poder ver el origen, “por no creer es esas tonterías”, por esa misma ceguera mental.

Comenzaré con varios ejemplos cotidianos en diferentes entregas, que únicamente buscan aflojar la venda de los ojos. Quitársela dependerá de cada quien.


El Chofer Amable

Simplemente dibujo una escena cotidiana y explico la visión limitada con “ceguera mental” (visión ingenua) y “visión amplia 


Hora pico de tráfico en Caracas, comenzando la mañana. En una calle perpendicular a una gran avenida, muchos carros esperan ansiosos el cruce de un semáforo.

Un autobús, conducido por un chofer amable, acababa de recoger pasajeros en la parada correspondiente cincuenta metros atrás y está de primero en la cola del semáforo. 

En la fase verde del semáforo, el flujo de vehículos que pasaba era muy lento; y ya había muchos vehículos que no habían podido pasar en las anteriores.

Cambia la luz en verde; y en ese mismo instante el chofer del autobús hace el intento de arrancar y ve a 30 metros una tierna ancianita que quería montarse. 

El chofer, con toda “su amabilidad” decide esperar y hasta que la tierna señora se montó pasaron no menos de 30 segundos... la mitad del tiempo del semáforo, por lo que la mitad de los vehículos que hubieron pasado en el semáforo se quedaron para el próximo intento.

Los choferes de los vehículos detenidos por el autobús, se molestaron al instante; lo que produjo una reacción en cadena tocando las bocinas, y mucha desesperación y frustración a la espera de la próxima luz verde. 

Algunos pudieron ver con exactitud lo que pasaba con el autobús y otros vehículos no. De igual forma en ambos grupos la indignación fue generalizada.

Nota: el autobús sí pudo pasar en el último segundo, para mayor indignación de los conductores.


Visión ingenua 

Cualquier persona desde el plano netamente mental y probablemente no afectada por la situación, puede sentir que se le hizo un gran favor a la ancianita; y que el chofer tiene un corazón de oro por lo cual Dios lo va a bendecir por esa acción.

Además, el mismo chofer puede estar seguro en su consciencia de que hizo lo correcto por la pobre ancianita y que el problema fue de los otros choferes “sin corazón” que se molestaron. 

¿Estas de acuerdo con esta visión?

Visión amplia 

La presentada es una situación típica donde una acción realizada por una persona genera malestar en otras. No se juzga la acción como buena o mala según la conveniencia o punto de vista de los particulares; sino que se deben analizar los sentimientos que se despertaron en los involucrados, gracias a dicha acción.

Aquí está actuando directamente la Ley Universal del Karma. 

Si bien ya he escrito mucho sobre karma y lo pueden encontrar publicado, resumiéndolo mucho esta ley plantea que si una acción realizada por una primera persona genera malos sentimientos en una segunda persona (o en un grupo de terceras personas), esta acción (sea cual haya sido) genera un karma negativo. Dicho karma negativo lo van a tener tanto la primera como la segunda y todo el grupo de terceras personas; y este va a condicionar en TODOS ELLOS situaciones difíciles de vida con el objetivo de que aprendan lo necesario para que algo similar no vuelva a ocurrir (para que no se hagan daño emocionalmente entre unos y otros). Si no se aprende en las diferentes situaciones difíciles que se van a presentar, el karma negativo se mantiene y seguirán ocurriéndoles situaciones una y otra vez.

Veamos entonces. 

La “buena acción” del chofer del autobús; generó mucho malestar en un amplio grupo de terceros (los conductores de los vehículos detenidos), y por lo tanto se generó karma negativo.

Este karma negativo no es solo de los conductores, sino de todos los que estuvieron involucrados en la acción; así que todos se lo llevan en los hombros de allí en adelante.

Ese karma negativo, generado por los sentimientos complicados, va a condicionarles el resto de sus vidas, en mucho o en poco medida, no importa. Lo único importante es que hubiera sido mejor no haberlo generado. 

Pero esto no se queda aquí. El karma negativo generado en la situación y el cual todos comienzan a compartir, TAMBIÉN va para la dulce ancianita; ya que ella fue, de alguna forma, el verdadero origen de todo el asunto kármico.

Que ¿es injusto? Que ¿no hubo mala intención? Las Leyes Universales no se detienen por eso. Estas son procesos establecidos que ocurren cuando las condiciones se establecen; sin ninguna discrecionalidad ni casos especiales. 

Lo que sí es injusto es que aún estemos por la vida sin conocer estos detalles en las interacciones humanas.

Donde sí parece haber mala intención es en no darnos este conocimiento desde niños. 

Con toda esta visión amplia, vemos entonces que NO se le hizo un favor a la ancianita, porque la “buena acción” del chofer, hizo partícipe a la ancianita de todo el “karma negativo” generado por los conductores, los cuales se frustraron por culpa de ella (directa o indirectamente).

Incluso, aunque la frustración no se dirigiera hacia la ancianita sino hacia el conductor; la ancianita fue el origen de todo; por lo tanto, a ella le toca también sin excusas el karma negativo. En mi argumentación hay conceptos complicados sobre “establecimiento de lazos kármicos” que les invito a revisar en otros de mis escritos. 

Entonces ¿qué hubiera sido lo mejor? Sencillo:

1.      Que el chofer hubiera respetado las normas de solo recoger pasajeros en los lugares establecidos; como era “lo correcto”
2.      Que la viejita hubiera decidido asumir su situación y haber caminado unos pocos metros más hacia la parada para esperar el siguiente autobús; como era “lo correcto”
 
¿Son acaso absurdas estas dos simples acciones? Con ellas, la ancianita hubiera hecho un poco más de ejercicio y definitivamente hubiera llegado a su casa con mucho menos karma negativo. A cualquier edad tener karma negativo que trabajar nunca es agradable. 

Si bien es seguro que la dulce anciana con su sentimiento de agradecimiento generó también un karma positivo hacia el chofer del autobús, ¿ustedes se preguntarían cuál de los dos karmas fue más intenso y abundante? Yo no apostaría por el de la ancianita delante de todos los conductores rabiosos. 

“Nadie puede hacer feliz a alguien, quitándole la felicidad a los demás.” (PAGR) 

Esta visión amplia parece muy de novela, muy fantasiosa. Pero es esta misma “inconsciencia” en la que vivimos; este “preferir no creer en cosas que no se ven”; el “desvirtuar” cosas que se conocen y se enseñan desde la antigüedad; lo que nos hace ganar méritos para que nuestra vida se llene de situaciones complicadas y difíciles. Después, en los momentos difíciles, nos preguntamos: “¿Por qué a mí? ¡Dios mío!” 

Y hablamos de una posible vida con más complicaciones gracias al karma negativo; pero no les quiero contar lo que significa morir con una carga muy fuerte de dichos karmas. Nos conviene “ponernos serios”

Namasté.

Pedro A. Gómez Ruzzo.
Master Reiki Usui-Tibetano, Karuna Ki, Reiki Mineral
Original: 09 de septiembre del 2014.
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