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jueves, 7 de mayo de 2015

Al morir...

Autor: Pedro A. Gómez Ruzzo

El diálogo que voy a presentar a continuación se enmarca cabalmente en el proceso de muerte de cualquier persona.

Lo único que ustedes podrán encontrar extraño es el lenguaje utilizado. Tuve la autorización para hacerlo de esta forma, con el fin de que el mensaje llegara de forma más “coloquial” y que las expresiones malsonantes representaran a las energías que se mueven en el escenario de muerte donde se plantea la narración. Les pido que sepan disculpar, en caso de que lo continúen leyendo.

Cuando un ser humano fallece, comienza un camino hacia el Cielo; este camino pasa por lo que se conoce como el “más allá”. Es un tránsito que no es fácil, además de ser desconocido por la mayoría de las personas. Por esta causa, durante el proceso de morir, se envían a seres que se denominan "Ángeles de la Muerte" para que reciban al difunto.

Estos Ángeles de la Muerte (AngM) deben recibir al difunto y llevarlo (según sus méritos) al lugar donde le corresponda: al Cielo, a un lugar intermedio, o a lo que se conoce metafóricamente como el infierno.

La que narro a continuación es una historia totalmente verídica (y muy común), aunque la intenté parodiar con un lenguaje coloquial-vulgar, para forzar un tanto el impacto necesario sobre el lector.

Comienzo con vuestro permiso y disculpas. Les pido no compartirlo.

“Había una vez un AngM llamado Rafael, que iba al astral bajo a cumplir con su tarea de recibir a una persona que acababa de morir.

En el camino se encuentra a otro AngM llamado Confiel, amigo de trabajo. Y es aquí donde comienza todo.

- Epa! Confiel, ¿cómo va la vaina?

- Bien vale; aquí sin asignaciones.

- ¡Que bueno! Pero vente y acompáñame, que yo tengo que recibir a uno recién muerto (dijo Rafael)

Y Rafael y Confiel fueron juntos al lugar donde llegan todos los recién muertos. Y entre la multitud (mueren muchos seres a cada instante) ven a un difunto que estaba frotándose los ojos, perdido y con cara de susto por no saber qué pasaba.

Los dos AngM se acercan y escuchan que el muerto está balbuciendo:

-“mamá dónde estás, ¿qué pasa? Panitas ¿dónde se metieron? ¡Shirley! (¿dónde se habrá metido esa caraja?)

Rafael se acerca acogedoramente y le dice al difunto:

- Amigo tranquilo, yo vengo a acompañarte... no tengas miedo.

- Coño; ¿pero qué pasa? ¿Dónde carajo estoy? ¿Cómo me vine pa´cá?

- Tranquilo, lo que sucede es que te moriste.

- ¡Qué vaina es esa! ¿Cómo que me morí? Pana ¿qué pasó?

- Pues nada, que llegó tu hora. Yo te voy a acompañar a tu lugar. Y mira, traje un amigo para el viaje.

Confiel saluda:

- ¿Qué más pana? ¿Cómo está la vaina? Soy Confiel.

- Coño, ¿que cómo está la vaina? ¡Me morí!, marico... ¿cómo crees que está la vaina?

Confiel, que era de esos AngM que ya tienen estas escenas como rutina; y que además ya no las tolera mucho, responde:

- Si, verga; porque tu no te ibas a morir nunca. ¿Acaso no sabías que te ibas a morir algún día? ¿Nunca te preparaste? ¿Viviste como la mayoría de la gente pendeja que cree que nunca se va a morir?

El difunto no sabe que responder, no está razonando con rapidez. Rafael ataja la conversación:

- Tranquilo difunto, que la mayoría tiene la misma confusión;  por eso estamos nosotros... (viendo a Confiel, corrige...) bueno, por eso estoy yo aquí.

- Pero me siento extraño, como lento, medio aguevoniado; como si no pesará mucho y tampoco me puedo mover rápido

- Sí, lo que pasa es que al morir tu mente se va desapareciendo y dejas de pensar; y claro, ya no tienes cuerpo físico; por eso sientes que no te sabes mover. Pero por eso yo te voy a llevar rápido al lugar donde te corresponde.

- Verga, ya va; estoy shockeado. ¿A donde me vas a llevar? ¿Pa´l cielo?

Confiel no se aguantó:

- Jajajaja, otro aguevoniado más que cree que va directo al Cielo. Mira marico; te vamos a llevar a donde te corresponda; pero con esa cagalera que tienes, no creo que estés muy preparado para el Cielo. Si te hubieras preparado para morir, no tendrías tanto susto.

- ¿Pero donde me toca? Verga panitas, yo hice mucho en el mundo: yo estudié; me esforcé en mi trabajo; le estaba echando bolas levantando a mi familia; estaba luchando por las injusticias sociales; no robaba; me porté bastante bien; iba para misa a veces... Así que ya me gané el Cielo.

Confiel respiró profundo y miró a Rafael diciéndole:

- Coño, coleguita Rafael ¿qué vaina están haciendo en la tierra con esta cuerda de pendejos? ¿Los están mojoneando de lo lindo y estos se lo están dejando meter?
¿Es que nadie los está preparando para morir?
El pana Jesús fue, enseñó, se sacrificó, les dijo las vainas claras; y estos maricos no terminan de entender. Creen que tienen que vivir bien en la tierra; pero no se preocupan en cómo van a estar después de morir.
Luego llegan acá y vienen llorando, gimiendo. Aquí es donde yo les dijo: “jódete”.

Mira “difundito”, te voy a preguntar algo para que tú mismo te respondas:

Tú estudiaste con tu mente y lo aprovechaste; pero allá abajo. Ahora no tienes mente y lo que estudiaste no te sirve para un carajo.
Tú le echaste bolas a tu trabajo; ¿acaso te trajiste el cargo que tenías para acá? ¿No verdad? Así que te pagaron el sueldo y lo usaste allá abajo; acá arriba no te sirve de nada.
Tu familia, ¿la trajiste contigo? ¿No verdad? Aquí estas solo y vale lo que hayas hecho contigo mismo. Si la cagaste o lo hiciste bien con tu familia ya lo verá Dios más adelante, pero para este viaje no sirve.
Tus luchas sociales; ¿acaso ves acá una sociedad? Contra los que luchaste ¿dónde están? Se quedaron vivos y tú te moriste como un pendejo, ¿verdad?

Pues jódete. Todos tus esfuerzos, trabajos y luchas eran por cosas terrenales; y cuando moriste todo lo dejaste allá; así que eso no te sirve cuando subes acá.

Te pregunto: ¿cuánto te esforzaste por tu Vida Eterna? ¿Cuánto trabajaste por llegar al Cielo después de morir?

- Pero yo me bauticé, hice la primera comunión, me confirmé, me casé por la iglesia... (dijo el difunto)

Confiel se puso peor y le dijo a Rafael

- Coño colega, agárrame porque vuelvo a matar a punta de coñazos a este muertito.
Ufff... Mira difunto... ¿Supiste alguna vez quién era Jesús?

El difunto contesta con ínfulas:

- Claro, ¡Jesús era Dios!

Confiel no resiste más y prefiere callarse. Rafael retoma la situación:

- Querido difunto, primero disculpa a mi compañero; lo que pasa es que tu situación se repite cada segundo, y a nosotros nos cansa. Te explico:
Cuando tú vives en la tierra; si todo lo que haces está enfocado a las cosas terrenales y esperando recompensa terrenal; nada de eso te sirve acá arriba.
Cuando la gente se muere, descubre que lo único que le sirve es lo que hizo por su espíritu cuando estaba en la tierra. Porque cuando mueren y llegan aquí, toda su parte terrenal desaparece; ahora son espíritu.

- ¿Hacer por mi espíritu? Preguntó el difunto

- Sí. A lo mejor no lo sabes; pero lo que seres como Jesús trataron de enseñarle a la gente, eran formas correctas de comportarse espiritualmente mientras estaban vivos; para que allá en el plano terrenal fueran ganando fuerza espiritual.
Si alguien estando vivo, se esfuerza con lo que Jesús dejó dicho; pues comienza a fortalecer su espíritu; y al morir...¡pufff! pues lo llevábamos bien arriba, pegado al Cielo.
Pero si los muertos llegan aquí con un espíritu débil, sin haber trabajado las enseñanzas espirituales, sin nunca haberlas ejercitado; pues no van a llegar muy arriba. ¿Entiendes?

Confiel interrumpe hablando con Rafael:

- Verga colega, ¡estás fino predicando! La próxima vez voy a votar por ti para que te bajen a predicar; a ver si a ti si te paran bolas.

- Shhh Confiel, que el difunto está entendiendo.

Y el difunto retoma la idea que venía diciendo Rafael:

- Sí, las cosas de Jesús sí las había escuchado; y mucha gente también. Pero Jesús decía cosas que no se podían aplicar en la realidad que vivíamos. Por ejemplo era imposible amar a los enemigos, con la cuerda de desgraciados, coños de su madre que teníamos.

Confiel se vuelve a meter en la reflexión, pero un poco más calmado; y aún así, el difunto se asusta:

- Mira “difuntito”, te pregunto. Esa realidad dura que vivías, donde tú dices que las enseñanzas de Jesús no aplicaban y por lo tanto no las seguiste o las seguiste cuando te convenía, ¿cuánto tiempo te duró a ti? ¿Cuánto tiempo le dura a la gente? Con suerte ¿40, 50, 80 años?
Bueno amigo, perdiste esos 80 años... y ahora te vas a joder una eternidad ¡cabrón!

El difunto asustado le dice a Rafael:

-Cónchale vale, ayúdame; que no me insulte tu pana. De todas formas, yo escuché una vez que al morir Jesús me venía a salvar con solo llamarlo.

Confiel arremete:

- ¡Cabrón!... si nunca entregaste tu vida a las enseñanzas de Jesús; ¿cómo coño Él te va a reconocer? ¿Lo vas a llamar a donde? ¿Le vas a mandar un marico Whatsapp? Entérate que aquí no tienes ni señal de celular.

- Ya! Ya!,  Confiel por favor compórtate; siempre te endemonias cuando vienes al astral bajo.
Difunto, deja que te lleve a donde te toque y terminamos esto. Podrás vivir allí y ya se verá.

Confiel ¿nos acompañas?

- No panita, ya llegó el que me tocaba a mí; llévalo tu solo. Voy a respirar un poco; porque si no a este que viene le va a ir peor.


Fin de la historia. Disculpen lo malo.

Dios te siga bendiciendo y ponte las pilas; la historia no es ficción.
Namasté

Pedro A. Gómez Ruzzo.
Master Reiki Usui-Tibetano, Karuna Ki
Original: 25 de abril del 2015
http://cartelesmaestros.blogspot.com/
Twitters: @SanaCristica @eReiki @EvolConsc @pagr777 @AdamaConsc

Palabras-claves: Jesús, proceso de morir, ángeles de la muerte, astral bajo, difunto

martes, 5 de mayo de 2015

El rey y su reino - cuento



Autor: Pedro A. Gómez Ruzzo

Había una vez un Rey de una gran comarca. Su reino tenía muchas tierras, muchísimos súbditos y él gobernaba con mucha justicia. Eso tenía a todos muy felices. Un reino así era los que todos deseaban; y sobre todo, los habitantes de las comarcas cercanas.

Un día, llegó a los oídos del Rey la noticia de que una comarca cercana estaba muy mal. Las personas que la habitaban no eran nada felices; vivían en constante desazón y nadie apostaba por su futuro.

El Rey quiso ver si podía hacer algo para llevar un poco de las riquezas que su reino tenía. Entonces, preparó varias carrozas; asignó a varios de sus consejeros; se acompañó de varios de sus guerreros; y junto a muchos de sus sirvientes emprendieron el viaje.

Después de tres días de camino llegaron a la comarca vecina; y si bien la caravana nunca se detuvo; el Rey se bajó de su carroza y acompañándose de algunos pocos de sus consejeros y sirvientes, comenzó a caminar entre la gente.

El Rey observaba con dolor cómo los aldeanos no vivían, sino que sobrevivían. Eso les llevaba a discutir, pelear e incluso asesinarse entre ellos. Los miembros de una misma familia no confiaban entre sí; los hijos engañaban a sus padres; lo padres abusaban de sus hijos.

Esos aldeanos habían aprendido a desconfiar de todo, incluso de la vida misma. Aún, a su propio vecino lo sentían como su peor enemigo. Y el único objetivo que tenían era el de seguir vivos al día siguiente: sentían que no tenían futuro.

El Rey caminaba entre ellos y muchos le agredían; porque nunca habían visto a un Rey. Otros, que sí sabían que era importante, se le acercaban entre sollozos pidiéndole que ayudara a la comarca.

“Querido Rey, te lo rogamos; ayuda a nuestro pueblo; cubre nuestras necesidades; manda a construye nuestras casas; danos oro;...”

Y el Rey solo les respondía:

“Les soy sincero: este no es mi reino. No me pidan nada para acá, porque de no soy rey de esta comarca y no puedo hacer nada.
Si lo desean vengan conmigo; mis consejeros les dirán qué hacer para unirse a mi caravana. Al final de mi viaje, volveremos a mi reino y allí podrán vivir en paz para siempre; únicamente con ser mis vasallos.”

Algunos aldeanos no querían dejar sus miserables vidas y pertenencias; porque tenían miedo de quedarse sin nada. Simplemente no confiaban en la palabra de ese rey al que no reconocían.

En cambio, otros aldeanos sí se interesaron y esperaban las instrucciones del Rey. Este les dijo:

“En mi caravana deben llevar solo lo que sus cuerpos puedan cargar. Las cosas que no les pertenecen, deben dejarlas. Los sentimientos hacia los demás que les hacen daño deben dejarlos; el juicio no cabe en las carrozas. Despídanse con bien de los que están molestos con ustedes antes de subir; y prométanme que me harán caso en todo los que yo les diga. Así podré ser su Rey y rodearles de bienestar en mi Reino.”

Pero a la mayoría de los aldeanos, estas peticiones del Rey les parecieron muy duras; por lo que se quedaron en sus aldeas. Muy pocos las aceptaron y pudieron emprender el viaje con el Rey.

Ya cuando faltaban pocas horas antes de volver al reino; uno de sus consejeros le preguntó al Rey:

“Mi Señor, por qué este pueblo está a la deriva; sin futuro; con tanta incertidumbre; y sin la más mínima justicia.”

Y el Rey con su sabiduría le respondió a su consejero:

“Buen consejero; cuando una comarca no tiene un Rey que sea poderoso y justo; y que no haga diferencia entre sus súbditos; el pueblo pierde el rumbo.
En esas comarcas, cada quien se cree dueño de su vida; y por lo tanto defiende sus propios intereses. No saben trabajar juntos; nadie piensa por los demás, más allá de su propio beneficio.
En estas comarcas sin Rey; se erigen personas con autoridad que solo piensan por sus grupos; y entonces las luchas se hacen más fuertes.
Nadie respeta a nadie; porque no hay la figura necesaria de un Rey benevolente y poderoso para todos.

Pero ya es hora de irnos, hemos estado un día y nueve horas caminando por estas calles.”

Pero el consejero le pide:

“Pero Mi Señor, no podemos abandonarlos a su suerte; tú eres misericordioso y está en ti darle las oportunidades que necesiten.”

El Rey miró al consejero agradeciéndole su bondad y le dijo:

“Tienes razón, buen consejero; nosotros siempre seremos el reino de al lado. Toma algunos pocos consejeros y quédate en esta comarca.
Si algún aldeano despierta, ustedes deben darles las instrucciones para llegar a nuestro Reino.
Pero sean severos; instruyan solo a los que estén dispuestos a abandonar sus miserias de este lado; y a honrar sobre todas las cosas, a la otra vida que tendrán.

Ahora sí, recojan a los que se vienen ya con nosotros y ustedes esperen aquí; que vendremos de vez en cuando para relevarles y para traerles provisiones. En cada viaje podremos llevarnos a los que se hayan convencido.”

Y el consejero lleno de amor le dijo al Rey:

“Así se hará Mi Señor; aquí quedaremos para tu servicio.”

Y allí quedaron pocos consejeros; con días difíciles pero cumpliendo con su labor. Siempre estaban disponibles cada vez que alguien despertaba preguntándose si podría haber una vida mejor.

Entonces, los consejeros les hablaban del Reino de al lado y del Rey que lo gobernaba. Algunos pocos se enamoraban de la idea y emprendía el camino a ese nuevo Reino.


Namasté

Pedro A. Gómez Ruzzo.
Master Reiki Usui-Tibetano, Karuna Ki
Original: 05 de mayo del 2015
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Palabras-claves: cuento, rey, reino, caravana, gobernante, miserias

lunes, 4 de mayo de 2015

El agua y la roca - cuento



Autor: Pedro A. Gómez Ruzzo
 
La roca sólida, dura, inflexible; el agua tranquila, maleable, sin fortaleza aparente delante de la roca.

Como es en el Cielo así es en la Tierra; macrocosmo, microcosmo. Debemos recordar siempre que este universo trabaja con leyes inexorables; y que las mismas se aplican a toda escala. Si en un plano aprendemos sobre ellas; sin ninguna duda las podremos extrapolar en planos diferentes.

Los sabios de la antigüedad sabían que aprender cómo funciona la naturaleza podría ayudarnos a vivir; e incluso a llevarnos al Cielo.

¿Cuántas veces no nos hemos sentido en situaciones duras o delante de adversarios poderosos como una roca? Y que por más que tratamos de disolverlas o vencerles; terminamos agotados y llevándonos la peor parte.

Podemos sentirnos como un chorro de agua golpeando a una roca gigante; sin hacerle nada.

¿Es que acaso el agua puede vencer a una roca?

No me refiero a la erosión de una corriente de agua sobre una piedra; que dependiendo del material de la piedra y con muchísimo tiempo, la puede llegar a horadar.

En situaciones que enfrentamos duras como una roca, no disponemos de mucho tiempo ni de mucha agua; necesitamos resultados más rápidos.

Aquí les dejo el cuento; Dios quiera les sirva de reflexión.

---o---

Había una vez una gran roca que dominaba el paisaje en una montaña. Ella sentía que tenía el poder, la solidez y la fuerza que nadie podía vencer.

La roca había comenzado a entorpecer el flujo de un río en formación; y las gotitas de agua le decían:

“Señora roca, por favor se puede mover un poco de lado para que nos deje seguir avanzando”

La roca, que se sentía la dueña de todo, le contestaba:

“No, gotitas de agua; este es mi lugar y yo controlo el paisaje. Yo soy lo más importante; y ustedes deben supeditarse a mí.”

Muchas veces las gotitas intentaron amablemente pedirle a la roca que se quitara; pero la roca, con su altivez, nunca cedió.

Muchas gotitas molestas se lanzaron violentamente contra la roca caliente por el sol; desintegrándose y evaporándose. Además de su fuerza, la roca estaba muy caliente en pleno día.

Otras gotitas trataron de rodear a la roca, pero en ese camino más largo ellas se perdían y desaparecían.

Afortunadamente había una gotita de agua muy sabia, que aconsejaba a las demás. Esta les decía:

“Hermanas gotitas; no sirve de nada ser violenta contra quien es más fuerte que nosotras, porque de forma natural nos desintegraremos y moriremos.

Tampoco sirve que algunas de ustedes intenten rodearla, porque se perderán y las pocas que lleguen al otro lado no podrán formar el río.

Seamos pacientes; y en la noche, la Madre Naturaleza actuará”

Ante un consejo así, muchas gotitas (de las violentas) se molestaron con la sabia; y las aventureras que buscaban rodear la piedra, la llamaron ingenua, tonta y loca.

Pero llegó la noche; y muchas gotitas de agua seguían luchando y muriendo; y las que no, se terminaban perdiendo.

Pero la gotita sabia convenció a una pocas y les pidió ayuda:

“Gotitas amigas, todo el mundo ve a esa roca como dura, firme y compacta; pero no saben que por muy sólida que parezca, tiene pequeñas fisuras internas en su estructura que no se ven. Ni la misma roca, por su altivez, sabe que las tiene.

Yo les pido que ahora que cae la noche, ustedes gotitas amigas se cuelen muy en silencio y con mucha suavidad en las fisuras de la roca. No se muevan mucho para que no se calienten; hagan que la misma roca les sienta a ustedes parte de ella.

Pero recuerden, es muy importante que no se alboroten mucho, no traten de ser heroínas. Simplemente estén allí y hagan lo que la Madre Naturaleza espera que ustedes hagan.”

Así lo hicieron; y las gotitas amigas penetraron en los minúsculos espacios vacíos de la roca, hasta el punto en que la misma roca se sentía agradada.

Pero entrada la noche en la montaña, la Madre Naturaleza, sin ninguna mala intención, comenzó a hacer lo que le tocaba. Y comenzó a bajar la temperatura; y bajaba más y más; cuanto más noche se hacía, más fría se volvía.

La gotita sabia gritaba bajito a sus amigas:

“... no se muevan; solo estén allí haciendo lo que la Madre Naturaleza espera: solo congélense.”

Las gotitas amigas no entendían para qué ni cómo eso iba a ayudar, pero confiaban en la sabia. Y en cada minuto que pasaba se iban congelando; y cuando se congelaban crecían un poquito; se dilataban, engordaban.

Y entonces, no fueron muchas las gotitas de agua que se habían colado dentro de la roca en el frío de la noche; y haciendo únicamente lo que tenían que hacer, generaron tal presión interna, que antes del amanecer la roca simplemente se fracturó, estalló.

La roca se partió en muchos pedazos más pequeños que ya no entorpecían al río; y muchos de los cuales se fueron con el mismo río.

Todas las gotitas de agua, se alegraron mucho; mientras que la gotita sabia les intentaba explicar la lección:

“La violencia forzada nunca ha partido ninguna roca; pero la paciencia activa, haciendo únicamente lo que corresponde hacer, puede vencer a cualquier obstáculo. Cuando nos ayudamos con fuerzas naturales más grandes que nosotros mismos, todo se resuelve mucho más rápido de lo que imaginamos.”

Mientras la gotita sabia trataba de que la oyeran, las gotitas violentas y las gotitas aventureras ya iban río abajo. Bueno... hasta la próxima roca.

---o---

Y recuerda: “Tanto la salvación (para las gotitas) como la perdición (para la roca) viene siempre de nuestro interior” (PAGR).

Namasté

Pedro A. Gómez Ruzzo.
Master Reiki Usui-Tibetano, Karuna Ki
Original: 04 de mayo del 2015
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Palabras-claves: cuento, roca, agua, violencia, paciencia activa, salvación, perdición.