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jueves, 19 de febrero de 2015

Emociones vs Espíritu

Autor: Pedro A. Gómez Ruzzo

Muchas veces me ha tocado conversar sobre la diferencia de llevar una vida con un crecimiento espiritual verdadero; o con uno acomodaticio, conveniente o engañoso.

Porque los hay. Por doquier encontramos a personas que bajo la suposición de un enfoque de vida espiritual; viven sus realidades estacionadas espiritualmente.

Y estos enfoques espirituales ficticios realmente son atractivos; ya que la mayoría de las veces vienen a suplir carencias terrenales; las cuales al sentirse satisfechas, producen bienestares notorios. Pero de espíritu, nada.

Elevación espiritual

Cuando se habla de Crecimiento Espiritual, en realidad lo que se plantea es una manifestación de nuestro espíritu (dones espirituales) en nuestras experiencias terrenales. En realidad nuestro espíritu no tiene que crecer, solo tenemos que manifestarlo hacia nuestra realidad exterior; así que lo que crece es la manifestación de este, en nuestra realidad.

Si recordamos los planos de consciencia, tendremos la consciencias Terrenal, Astral y Espiritual. Y si asociamos estas consciencias con los Planos de Existencia (desde el plano físico/inferior al plano espiritual/superior), podremos imaginar cómo nuestras consciencias van “elevándose” hasta llegar al Cielo (plano Espiritual). De aquí la metáfora eterna de que “el Cielo está allá arriba”.

Pero nos vamos elevando como un cohete de varias etapas. Cuando llegamos a cierta altitud, debemos ir desenganchando las etapas que ya se utilizaron; y no hacerlo implicaría un peso adicional que nos evitaría seguir más arriba.

En nuestro crecimiento espiritual pasa exactamente eso. Las etapas que nos componen y que debemos ir aprendiendo a soltar (o a desapegarnos) son las siguientes:
  • Plano físico (de la Consciencia Terrenal)
  • Plano mental (de la Consciencia Terrenal)
  • Plano emocional/energético (de la Consciencia Terrenal)
  • Plano astral (de la Consciencia Astral)
  • Plano akáshico/kármico (asociado a todos los planos anteriores)
El desapego a estos planos inferiores nunca significa descuidarlos, ni mucho menos deshacernos de ellos; nunca. Significa por el contrario, asumirlos con el cuidado y la atención necesaria, pero no hacerlos protagonistas de nuestras vidas.

Cuando gastamos todo el combustible en algunas de estas etapas descritas, no podemos elevarnos espiritualmente. El gasto energético generalmente sucede cuando nos ocupamos o nos preocupamos prioritaria y obsesivamente de alguna de ellas, descuidando a las demás.

Por ejemplo; no está mal honrar a nuestra parte física, o mental o emocional; pero si lo estará si no invertimos también tiempo en nuestro espíritu.

Los sentimientos como límite de gravedad cero

Lo que estoy diciendo puede crear ruido en algunas personas que ya me conocen.

Yo soy uno que invito siempre a hacer el cambio de un pensamiento mental a un pensamiento emocional/sentimental; esto con el fin de que aprendamos a “pensar con el corazón”. Y lo planteo como un requisito indispensable para crecer espiritualmente.

Pero hacer el cambio a un estilo de vida donde se esté más consciente de los sentimientos, no significa quedarse en ellos.

Si mantenemos el símil del cohete de propulsión; las etapas más difíciles de elevación son mientras se está sometido a la fuerza de gravedad terrestre; entiéndase los planos físicos, mental y un poco del emocional (en lo concerniente a las emociones dañinas). Pero se llega un punto cuando se escapa de la atmósfera y la fuerza de la gravedad decae rápidamente. A partir de allí, la elevación se lleva a cabo mucho más fácil.

En nuestro ser, ese punto de “gravedad cero” se da entre el plano emocional/energético (con emociones “iluminadas”) y el plano astral.

Pero cuidado; si esta etapa no se supera nos podemos quedar flotando a la deriva.

El peligro de la vida sentimental

Y aquí viene el problema al que muchas personas se enfrentan en supuestos crecimientos espirituales.

Imaginemos que alguien logra vencer en gran medida el apego por los asuntos terrenales. Además, logra dejar de protagonizar su vida con su mente y comienza a regir con su corazón; e incluso sanar muchos asuntos difíciles. Podrá llegar a sentirse”flotando” en un estado de libertad y de menos esfuerzo; y si nadie le dice nada, incluso puede llegar a apagar los motores y sentirse ya en el Cielo.

¿Pues saben qué les sucede a los astronautas cuando se descuidan en ese estado? Los músculos se atrofian; pierden masa muscular; se pierde masa ósea; la circulación sanguínea se altera; y todo puede terminar muy mal.

Estos mismos astronautas saben que en ese estado de “flotar” se tiene que trabajar aún más; incluso atándose arneses con elásticos para poder hacer ejercicio y mantenerse vivos.

Exactamente igual pasa cuando en nuestro crecimiento espiritual nos quedamos en ”lo bonito de los sentimientos lindos” y creemos que lo estamos haciendo bien. Podemos estancarnos cómodamente y no darnos cuenta.

En esos casos encontramos a personas que parecen “seres espirituales de luz”, pero que se derrumban cuando la vida les enfrenta a situaciones difíciles (peso adicional) de improviso.

No, señoras y señores; la vida espiritual no está exenta de cosas difíciles, no todo es “luz”; por lo menos mientras estemos aquí encarnados. Y si bien sabemos que es indispensable para llegar al Cielo tanto conocer como manejar de forma acertada nuestro plano emocional, no podemos quedarnos allí.

Muchas personas comienzan una búsqueda espiritual desde una carencia emocional o asuntos terrenales no resueltos; lamentablemente esto es la mayoría de los casos. Y cuando se consigue alguna mejoría emocional, se puede asumir que se llegó al Cielo. Nuevamente este caso, de espiritualidad real no tienen nada.

La diferencia está en que una cosa es “bienestar emocional” (que aún depende de los asuntos terrenales) y otra cosa es “inmunidad espiritual”.

La “inmunidad espiritual” se consigue desarrollando los dones espirituales con un crecimiento espiritual apropiado. En este caso, el resultado no es necesariamente la ausencia de situaciones difíciles, sino la paz interior para enfrentar a dichas situaciones.


¿Y la Biblia dice algo de esto?

Son varias las alusiones bíblicas que alertan sobre no preferir a las gratificaciones emocionales antes del verdadero trabajo espiritual (como por ejemplo en la acción de dar limosnas). Pero hay una alusión particular donde el mismo apóstol Pablo lo alerta y lo describe, dentro de la última fase de lo que se puede entender como crecimiento especial (expresión del espíritu), sobre todo “cuando ya nos queda poco tiempo”. Esto está en su primera carta a los Corintios, cito:

1 Corintios 7:29-31Nueva Biblia al Día (NBD)

29 Lo que quiero decir, hermanos, es que nos queda poco tiempo. De aquí en adelante los que tienen esposa deben vivir como si no la tuvieran; 30 los que lloran, como si no lloraran; los que se alegran, como si no se alegraran; los que compran algo, como si no lo poseyeran; 31 los que disfrutan de las cosas de este mundo, como si no disfrutaran de ellas; porque este mundo, en su forma actual, está por desaparecer.

Esta cita puede tener varias interpretaciones; pero para mi caso, sobran las palabras. Dios bendiga tu espíritu.

Namasté

Pedro A. Gómez Ruzzo.
Master Reiki Usui-Tibetano, Karuna Ki
Original: 18 de febrero del 2015
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Palabras-claves: Dios emociones, mente, atral, kármico, espiritual, espíritu, pablo, gravedad cero, cohete

miércoles, 18 de febrero de 2015

¿Evalúas a tu Dios?

Autor: Pedro A. Gómez Ruzzo
 
Alguna vez aprendimos que Dios que es:
  • Padre amoroso: te ama sobre todas las cosas.
  • Todo poderoso: puede hacer lo que quiera. incluyendo controlar todo a la perfección.
  • Todo lo sabe: no se le escapa nada de lo que sucede.
  • Está en todas partes: nunca está fuera de ninguna situación (mala o buena) y todo está bajo su mirada atenta.
¿Lo creemos? ¿Nos dejamos engañar? ¿Es mentira?

Antes de recriminar a una situación que tengas a tu alrededor, piensa que está evaluando a tu Dios; pues Él es el creador de todo lo que existe. Puedes estar echándole en cara que está ejerciendo mal sus funciones.
  • Si ves a un mundo lleno de injusticias, pues tienes a un Dios enclenque que no es capaz de controlar lo que sucede.
  • Si ves a un mundo donde el diablo tiene las manos metidas, pues tienes a un Dios débil a quien el mismo diablo le gana.
  • Si ves a un mundo donde aún pasas cosas malas, pues tienes a aun Dios distraído al que se le escapan cosas.
  • Si ves a un mundo donde hay gente mala que parece salirse con la suya, pues tienes a un Dios inepto que no es capaz de aleccionar a esas personas.
  • Si ves a un mundo lleno de pruebas casi insalvables para ti, pues tienes a un Dios tirano que no te quiere lo suficiente.
  • Si ves a un mundo donde debes esforzarte para enfrentar a las adversidades, pues tienes a un Dios flojo que espera que tú arregles el mundo por él.
  • Si ves a un mundo donde es muy difícil vivir, pues tienes un Dios indolente que no es capaz de entender lo que sientes.
  • Si ves a un mundo que aún no conoce a Dios, pues entenderás porqué Dios tuvo que mandar a Hijo para que hablara por Él.
  • Si ves a un mundo donde todo lo que pasa es voluntad de Dios, pues tienes a un Dios que te ama y que te quiere a su lado.
A lo mejor encuentras entre estos argumentos cosas que son difíciles de sostener. Pero si aún así no cerraste tu corazón, pues tienes a un Dios que está con los brazos abiertos y los dedos cruzados, esperándote que logres comprenderlo.

Namasté

Pedro A. Gómez Ruzzo.
Master Reiki Usui-Tibetano, Karuna Ki
Original: 18 de febrero del 2015
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Palabras-claves: Dios, tipos, evalúas

martes, 17 de febrero de 2015

Sálvanos Jesús - ¿Cómo va eso?

Autor: Pedro A. Gómez Ruzzo
 
Es muy fácil dudar, desestimar e incluso desprestigiar lo que no entendemos. Y nuestra creencia religiosa no se escapa de eso.

Muchos no creyentes apuntan a que alguna vez fueron cristianos y que Dios (o Jesús) les decepcionó o les falló.

Permítanme decir que el ser cristiano no es un calificativo que podamos auto-imponernos; y mucho menos lo ganamos por solo estar bautizados, repetir oraciones o ir a misa.

Somos cristianos cuando ya Cristo es una verdad en nuestras vidas; y ninguna verdad puede defraudarnos. Si alguna vez nos sentimos abandonados por Jesús, es que aún no habíamos llegado a ser cristianos.

Una de las decepciones que pueden sentir las personas en busca de Cristo, es la de sentirse “desoídos” en sus peticiones. Peticiones que un cristiano real probablemente no haría.

Entre las decepciones que Jesús parece causar, están: la existencia de guerras, hambre, pobreza, enfermedades; la discordia entre familias, hermanos, co-nacionales; las injusticias humanas; e incluso la muerte de seres queridos; entre otras.

Pareciera que nuestras peticiones en esos ámbitos deberían ser no solo escuchadas sino atendidas sin demora por Jesús (o por Dios Padre a través de Jesús); en el caso de que ellos realmente existieran.

Pero más de una vez Jesús repitió: “Mi reino no es de este mundo” (Juan 18:36). Y esto significa que la mayoría de las cosas que suceden (si no todas) en este mundo, no son de la jurisdicción directa de Jesús; por lo menos en lo concerniente a evitarlas. Cualquier cristiano entiende esto.

Pero si los asuntos terrenales no dependen directamente de Jesús, ¿de quién depende las cosas por las que solemos pedirles y que están apuntadas arriba? Pues dependen de nosotros mismos. Depende de nosotros que no haya guerras; depende de nosotros que trabajemos en conjunto en función de erradicar el hambre y la pobreza; depende de nosotros no pelearnos y tolerarnos como hermanos en Dios; depende de nosotros no anteponer nuestro propio beneficio egoísta antes la justicia igualitaria de todos; y hasta depende de nuestra propia biología terrenal el mantenernos vivos o morir; no de Jesús.

Cuando pedimos a Jesús que nos salve, o cuando repetimos la frase de que “somos salvos en Cristo Jesús”, o incluso cuando pedimos a Jesús que salve a un familiar en peligro de muerte, ¿a caso significa que Jesús no lo va a dejar morir físicamente? Si el mismo Jesús murió físicamente cuando le tocó.

La salvación de Jesús, prometida a través de sus enseñanzas, significa el bienestar de nuestro ser en un plano más allá de la muerte. Jesús promete una “Vida Eterna”; y cuando se habla de esta “Vida”, nunca se ha hablado de vida física, sino de la vida que existe más allá de nuestra existencia biológica.

Cuando entonces pedimos a Jesús “que salve a un ser querido a punto de morir”; estaremos pidiendo (o deberíamos entender como cristianos) que lo salve de una vida de sufrimiento luego que haya partido de este plano terrenal. Porque es así; nuestra existencia no se termina cuando se detienen nuestras funciones biológicas.

Estas cosas son básicas de cualquier cristiano (lo siento si no lo sabías); y asumirse cristiano y no comprenderlo trae frustración y sentimientos encontrados por el hecho de que Jesús parece no escuchar algunas de nuestras súplicas.

Pero debemos saber que hay cosas en esta vida que no les corresponden a Jesús. Jesús se encarga de cosas más importantes; y tu vida espiritual eterna, créeme que es más importante que una supuesta vida terrenal buena y eterna.

Lo que sí le correspondió a Jesús fue venir a enseñarnos cómo vivir en esta Tierra, manteniendo siempre el foco hacia una “Vida Eterna”. Pero parece que no llegamos a entenderlo. Por eso Jesús no puede vivir nuestras vidas y tampoco evitarnos lo que nos toca vivir; aún menos si no hemos seguido sus instrucciones.

No quiero decir que no podamos elevar nuestras oraciones a Dios y/o a Jesús, claro que podemos; pero una de ellas debería ser para que podamos comportarnos, cada vez más, como mejores cristianos y que nuestro ejemplo sirva para los demás.

Igual, la vida de un verdadero cristiano termina siendo una experiencia terrenal de mayor paz interior a pesar de las circunstancias; así que Jesús aún vale la pena.

Namasté

Pedro A. Gómez Ruzzo.
Master Reiki Usui-Tibetano, Karuna Ki
Original: 17 de febrero del 2015
http://cartelesmaestros.blogspot.com/
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Palabras-claves: Jesús, vida, eterna, morir, sálvanos, instrucciones, Dios