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viernes, 6 de febrero de 2015

Vivir bien - ¿pero dónde?

Autor: Pedro A. Gómez Ruzzo
 
El deseo de vivir bien es muy humano; y el esfuerzo que se haga en pos de esto es muy loable. Pero en algún momento de nuestra existencia, deberíamos preguntarnos si lo importante para nosotros es ¿vivir bien es esta tierra o "vivir" bien después de morir?

Parece un contrasentido eso de "vivir después de morir”; pero todas las religiones se basan en esto, incluso nuestro cristianismo.

Cuando se habla de “vida”, “buena vida”, “vida eterna”, “vida en el Paraíso”; se está haciendo referencia a “esa vida” después de dejar este plano terrenal. El no entender esto, es la razón principal por la cual mucha gente no entiende el enfoque de un estilo de vida espiritual o incluso religioso. “Somos seres espirituales con una existencia terrenal”; no a la inversa.

Para efectos espirituales y religiosos, independientemente de lo que vivas dentro de tu experiencia terrenal; si cualquier cosa la aprovechas para aprender y programar una buena “vida eterna” (cuando estés solo en forma de espíritu), pues estará bien. Eso es lo que se espera.

¿Eso es lo que se espera? Saca la cuente: vida física-> cuando mucho 90 años... Vida “eterna”-> muchísimos más años de los 90. ¿Dónde vamos a pasar más tiempo? ¿Por cuál vida habría que trabajar más?

La respuesta que te des, condicionará la forma de vivir durante el resto de años que respires.

Al final de nuestros días, a veces llegamos a comprender que estos pocos años de vida física solo fueron de preparativos para el resto de la eternidad. Entonces, a lo mejor ya no hay tiempo; y peor aún, a lo mejor nos damos cuenta que nunca lo aprovechamos por estar enfocado en un bienestar terrenal.

Bienestar terrenal

Y no digo que el bienestar terrenal no sea necesario, por supuesto que lo es. Pero mientras se persigue, los esfuerzos deben ser consistentes también con una conquista del bienestar en la otra vida (en “la vida” de verdad).

Porque no deberíamos dañar con los pies lo que construimos con las manos. No puemos descuidar los preparativos de nuestra próxima vida en el más allá, tratando de conseguir nuestro bienestar terrenal.

Y es muy fácil descuidarse. Se suele creer que cuando “hacemos las cosas bien aquí en la tierra”, es porque estamos haciendo las cosas bien incluso para el más allá. Pues no es tan fácil; puede haber diferencias.

Al Cesar lo que es del Cesar y a Dios lo que es de Dios”. Podemos tener éxitos en nuestro plano terrenal y estar bastante débiles en nuestro plano espiritual.

El bienestar terrenal y el bienestar espiritual tiene formas diferentes de medirse.

Esperar para trabajar

Algunas personas argumentan que su parte espiritual la trabajarán cuando se mueran; cuando ya esté como espíritus. Y es una realidad que aún muertos, vamos a seguir trabajando por nuestro bienestar.

Pero el esfuerzo que se haga en esta tierra viviendo correctamente enfocado en el espíritu, va a modificar las condiciones de existencia en el más allá. El correcto enfoque espiritual que mantengamos estando en plano terrenal, van a aligerar muchísimo la carga que nos llevemos al morir.

¿Has escuchado del infierno? Puede que no exista como un lugar físico, claro que es una metáfora; pero es una representación muy clara del estado en el que puede terminar tu alma cuando al dejar tu cuerpo aún no habías limpiado o descargado suficientes cosas. Te las llevas al más allá y pesan muchísimo.

La noción de “impermanencia”

Cuando buscamos nuestro “vivir bien” en el plano terrenal, la mayoría de la veces no nos damos cuenta de que lo construimos con cosas que no-permanecen. Este plano terrenal es impermanente.

La noción de impermanencia es un término filosófico budista que resulta sencillo de comprender: es la incapacidad de no permanecer de una misma forma por siempre.

Pero la impermanencia puede verse más allá de la idea de que algo en algún momento puede acabar. Si comparamos la duración de algunas cosas con nuestros pocos años de vida, podríamos encontrar cosas que virtualmente serían permanentes para nosotros.

Por eso, suele ser más claro entender a la impermanencia como: la probabilidad de que en cualquier momento algo deje de permanecer.

Si nos sinceramos, en nuestro plano terrenal “lo único que permanece constante es el cambio” (Heráclito). Incluso en nuestro cuerpo físicos que parecen estables, sanos; todo está cambiando cada segundo; incluyendo a todas las células del organismo. Hay destrucción y construcción, muerte y renacimiento.

Si vemos a nuestro alrededor, parecería que todo esta estable; pero incluso el material plástico de tu computador se está envejeciendo y está cambiando. Los papeles a tu alrededor se están deteriorando, las bebidas y alimentos se degradan, el clima cambia, los planetas se mueven, el universo se expande. Puedes apostar por todo lo que quieras a que tu realidad completa, tal como estaba en el segundo que comenzaste a leer este corto párrafo, JAMÁS se repetirá; fue incapaz de ser permanente.

Si comenzamos a dejar nuestro plano terrenal/material y subimos a planos más altos (astral y espiritual) la impermanencia comienza a disminuir. En el plano espiritual la impermanencia es cero; quiere decir que todo permanece.

Pero aumentar la capacidad de permanecer, no implica inmovilidad. La permanencia no elimina el hecho de que pueda haber cambios. Puede haber diferentes estados, pero estos tienen a permanecer inalterables, el cambio no es lo que manda.

Si basamos entonces nuestro “vivir bien” en aspectos terrenales; la posibilidad de que “no permanezca así” es muy alta; En cualquier momento puede dejar de ser.

¿Acaso se necesita mucho para caer enfermo? Incluso puede no depender de nosotros.
¿Acaso se necesita mucho para quedar sin dinero? Incluso puede no depender de nosotros.
¿Acaso se necesita mucho para que perder a un amor? Incluso puede no depender de nosotros.
¿Acaso se necesita mucho para morir? Incluso puede no depender de nosotros.

Nuestro bienestar terrenal lo debemos buscar, claro que sí; pero quedarnos solo con él es muy triste e incierto. Ni siquiera puede depender de nosotros.

Si por el contrario, comenzamos a pensar en el “vivir bien” desde planos no tan impermanentes; no es solo que van a ser más duraderos, sino que va a depender mucho más de nosotros. ¿Acaso queremos menos?


Trabajar lleva tiempo y dedicación, no te tardes

Y toda esta reflexión muchas veces toma tiempo en echar raíces en las personas. Pero una vez que aparece, se saca el tiempo necesario y el esfuerzo de vivir comienza a valer la pena. Se estará comenzando a trabajar por un bienestar más permanente y más de nosotros (menos dependiente de los demás).

¿Alguna vez has sentido que todo tu esfuerzo no rinde frutos significativos? ¿Alguna vez has sentido que lo que haces no te llena? ¿Alguna vez has sentido que no tiene sentido lo que haces? ¿Alguna vez has sentido que todo lo que haz alcanzado se puede venir abajo de la noche a la mañana?

Pues tal vez te hayas comenzado a dar cuenta de que has estado trabajando en un bienestar que no depende de tu esfuerzo tanto como tú creías.

Lo mejor que podrías hacer es arriesgarte a cambiar tu foco de atención y comenzar a mirar para “arriba” (o a hacia “adentro”). Tal vez estés por convertirte en una persona consciente, despierta.

Si te atreves a hacerlo, el resto de la humanidad comenzará a verte como una persona desadaptada ante una sociedad netamente terrenal y mental. Y termina siendo así, porque la atención no se centra ni en lo terrenal ni en lo mental; al fin y al cabo al morir, estas dos cosas son las primeras que desaparecen.

Imagina a una persona que haya vivido su vida conquistando su realidad terrenal y defendiendo a capa y espada lo que piensa y cree desde la lógica, la razón y el control.

Pues le bastará morirse (en cualquier momento) para que se encuentre en el otro plano “bastante desnudo”, porque habrá sido poco lo que le puso a su alma y a su espíritu.

Pero esas personas conscientes, que se ocupan también de cosas espirituales, se parecen mucho a los muchachos que estudian con afán y responsabilidad. Ellos prefieren limitar sus salidas a fiestas, discotecas, encuentro con amigos; y son considerados "raros". Pero al final de todo, son los que salen mejor.

Pregúntate a ti mismo desde dónde busca “vivir bien”; pero respóndete rápido. Si resulta que estabas equivocado, puedes no tener tiempo de estudiar la noche antes. Porque tu examen final, siempre puede ser mañana.

Solemos perder la posibilidad de vivir bien de forma trascendente, intentando vivir bien nuestra terrenalidad finita; y muchas veces con poca eficiencia.

Namasté
Pedro A. Gómez Ruzzo.
Master Reiki Usui-Tibetano, Karuna Ki
Original: 06 de febrero del 2015
http://cartelesmaestros.blogspot.com/
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Palabras-claves: vivir, bien, terrenal, mental, astral, espiritual, muerte, más allá

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