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lunes, 16 de marzo de 2015

El debido recato

Autor: Pedro A. Gómez Ruzzo
Yo no puedo decirme puritano, ni por formación, ni por cultura, ni por práctica; partiendo del hecho de que como terapeuta/sanador lo menos que puedo hacer es horrorizarme del comportamiento humano; porque entonces pudiera ayudar muy poco.

Pero en esta misma función y aún más si abordo la sanación a un nivel espiritual; lo primero que sí tengo que hacer es llamar a las cosas por su nombre; y por eso debo hablar claramente de algunas actitudes de vida que nos pueden “traer problemas”. Sin juicio: “al Cesar lo que es del Cesar y a Dios lo que es de Dios”.

El recato, o la forma de vida recatada; se aconseja en todas las prácticas religiosas y espirituales. Y no hablo de la correcta actitud con la comida, con el dinero o con los placeres; hablo de cosas que parecen más triviales como son la forma de vestir o de llevar la ropa y la forma “provocadora” de comportarse.

Pero casi siempre sucede lo mismo; las religiones exigen, proponen, aconsejan y condenan, pero no explican. Eso me está tocando a mí. Como sanador no me sirve que la gente vaya por allí dañando su vida por desconocimiento; yo lo explico, por mí que no quede pendiente.

Pero créanme que esta vez entiendo a las religiones; porque es muy grande el contexto espiritual que se requiere para entender la importancia del recato. Yo voy a tratar de resumirlo.

Voy a utilizar un ejemplo y de allí ustedes extrapolaran a otras situaciones de vida.

Imaginemos a una dama (se aplica igual para los hombres), que gracias a su buena figura física utiliza vestimentas con las cuales logra llamar la atención a los hombres que la ven.

No solo hablo de vestimentas que exaltan un buen cuerpo; pudiera ser una actitud “provocadora” (nada recatada) que despierte un “interés particular” en el sexo opuesto.

No pareciera nada “tan malo” si eso se queda hasta allí. Estamos solo hablando de “provocación” hacia el sexo opuesto. Pero debemos comenzar a enfocar el asunto y quitarnos los tapa ojos del desconocimiento.

Lo voy a decir rápido:

  1. El deseo sexual que se despierta hacia una mujer poco recatada es un proceso energético.
  2. Este proceso de “deseo sexual” se maneja con nuestro centro energético llamado ”chakra base”
  3. Cuando una persona siente por otra un “deseo sexual medianamente intenso”; su chakra base comienza a tratar de “conectarse” energéticamente con el chakra base de la persona deseada.
  4. Esta conexión energética no implica ningún tipo de contacto entre las dos personas, Solo el deseo de una de las dos basta.
  5. Si la conexión se completa en totalidad y el chakra base de la personas deseada resuena con la primera; aparece el “flechazo de cupido”, el “amor a primera vista”... nada que ver con el corazón.
  6. Pero en el intento de conexión de ambos chakras base, aunque no se complete y aunque el otro no resuene, siempre hay intercambio de energía entre ambos chakras.
  7. Y... esa misma energía de chakra base está asociada con los “karmas” de las personas.
  8. Entonces; cuando hay atracción sexual de una persona a otra, se realiza una interconexión de los chakras bases de ambas y como consecuencia “un contagio kármico”.

A estas alturas deberíamos saber suficiente sobre el karma, pero resumo lo mínimo necesario para entender este escrito:

  • La energía del karma (que se asocia con tu chakra base), condiciona las cosas que te pasan en la vida, en todos los aspectos: salud, “suerte”, relaciones interpersonales, pareja, bienestar en general, etc.
  • El karma puede tener una “connotación negativa” cuando esa energía tiene la cualidad de condicionar situaciones de vida difíciles (“karma negativo”). A más karma negativo, vida más complicada.
  • Podemos generar karma por nosotros mismos o adquirirlos por contagio. El mecanismo es muy complejo para explicarlo aquí.
  • El karma de una persona, una vez que se adquiere (por generación personal o por contagio), se almacena y se puede activar en algún otro momento. Es muy fácil perder la correlación entre las situaciones difíciles que vivimos y el momento en el cual se adquirió el karma.
  • Un karma (negativo) se llega a sanar luego de mucho esfuerzo personal.

Entonces, si una mujer poco recatada despierta deseo sexual en un hombre, la mujer se va a contagiar del karma de ese hombre. Y esto sucede con solo el deseo sexual de ese hombre; la mujer no tiene que hacer nada más que mostrar sus atributos físicos o su actitud.

Entonces, si el hombre tiene “karmas negativos”, pues pasarán a la mujer. Gracias a estos karmas, ella comenzará a sufrir, tarde o temprano, situaciones difíciles que pueden no corresponder con todo lo bien que había llevado su vida (más allá de la inocencia de solo vestirse provocativa).

Una vez que la mujer se haya contagiado de karma, se va a requerir de “Dios y su ayuda” para limpiarlo. Y lo digo literalmente, porque una vida enmarcada en preceptos espirituales correctos es el mejor mecanismo para sanar todos los karmas, los propios y los contagiados. Cuidado con las terapias que aseguran limpiar karmas.

¿Que esto no lo sabías?

1 Timoteo 2:9-10
Nueva Versión Internacional (NVI)

9 En cuanto a las mujeres, quiero que ellas se vistan decorosamente, con modestia y recato, sin peinados ostentosos, ni oro, ni perlas ni vestidos costosos. 10 Que se adornen más bien con buenas obras, como corresponde a mujeres que profesan servir a Dios.

¿Que ese párrafo era para monjas? En ese entonces no existían las monjas. El servir a Dios es un llamado a un estilo de vida, para todos lo que queremos que alguna vez Dios nos auxilie. No tiene nada que ver con religiosos, mojas, sacerdotes, etc.

Deuteronomio 5:21
Reina-Valera 1960 (RVR1960)

21 No codiciarás la mujer de tu prójimo, ...

porque vas a llenarla de karma, a ella y a su esposo; y el karma de ellos será tuyo también. Esto debería decirlo entre lineas.

Si, claro, no lo dije. El hombre que desea sexualmente a una mujer, también se llena del karma de ella; y como ella ya se contagió del karma de todos los que le han codiciado, pues el pobre hombre “emocionado” termina lleno del karma de quién sabe qué cantidad personas. Si, toda una orgía kármica.

Y como estas citas, se encuentran muchas otras referencias bíblicas que aconsejan sobre el recato. Y a lo mejor me veo ingenuo diciendo que la peor consecuencia no es que la vida se vuelve un desastre; sino que se retarda muchísimo la llegada al Cielo. Si bueno, tenía que decirlo aunque me llamaran fanático.

Debo destacar que esto que acabo de describir no es ni un castigo divino, ni una maldición; es un proceso totalmente natural y automático que se rige por la Ley de Karma (Ley de Acción y Reacción o Ley de Causa y Efecto). Es una ley y por lo tanto ocurre aunque no se conozca o no se crea en ella.

Pero una vez que los karmas se comienzan a activar y el bienestar se comienza a deteriorar; no es cosa de asumir un recato obsesivo para “ver si el proceso se revierte”; no. El karma que ya se adquirió hay que asumirlo y hay que sanarlo, no hay vuelta atrás. Pero claro que lo mejor será no seguir contagiándose más; el recato era necesario y siempre lo será.

Todo esto que apunto no implica que las mujeres deban ocultar su belleza (como hombre no me gustaría); pero se deben asumir compostura con el debido recato, dónde y cuándo sea necesario. Una cosa es que digan que una mujer “es bella” y otra muy diferente es que “ESTÁ BUENA!!!”

Algunas de ustedes, gentiles damas, pueden identificarse con la incomodidad que sienten a veces cuando “las miran de cierta forma” (las “bucean”). Pues sepan que esa sensación es de “autodefensa kármica”; es una reacción de alerta del mismo chakra base, que no quiere ser contaminado.

¿Que a algunas mujeres no le importan? Si, las patologías de chakra base existen.

Ir por la vida levantando pasiones en extraños, no es nada prudente kármicamente. Uno no sabe a que “bicho kármico” le podemos parecer atractivos. Nuestra vida ya puede ser suficientemente complicada como para comenzar a sufrir el karma negativo de los demás.


Finalmente, muchos pseudofilósofos apuntan a que el recato es un concepto sin sentido inventado por el ser humano; y que por lo tanto es una tontería plantearlo. Y apelan a la naturaleza y al poco “recato” que parecen tener los animales hacia la desnudez y hacia el sexo.

La ignorancia es la madre de muchas filosofías modernas. Ellos deberían saber que el recato es un asunto espiritual y no humano; y es por esto las religiones se meten en el asunto. Además, deben ignorar que los animales, al no tener un espíritu individual sino solo una noción de alma grupal; no tiene un karma personal que cuidar. Así que la precaución con “el recato” no aplica a ellos, pero a los seres humanos, como seres espirituales que somos, sí.

Puse el ejemplo con una dama, pero exactamente pasa con los caballeros. En lo que se refiera a karma no se hace distinción entre masculino o femenino.

Ah, y por cierto colegas caballeros; si me expliqué sabrán que pudieron haberse contagiado del karma de “la bella” dama de la foto, al comienzo de este artículo. :-)

Namasté

Pedro A. Gómez Ruzzo.
Master Reiki Usui-Tibetano, Karuna Ki
Original: 15 de marzo del 2015
http://cartelesmaestros.blogspot.com/
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Palabras-claves: karma, recato

martes, 10 de marzo de 2015

Formas de ver el perdón

Autor: Pedro A. Gómez Ruzzo 
Siempre lo digo y en el año 2012 lo expliqué por escrito: el perdón no existe. Pero por mucha explicación que dé, nunca está de más alguna adicional; ya que estamos sumergidos en una cultura egocéntrica donde la norma es ponernos como víctimas u ofendidos y por lo tanto debemos “perdonar” a los “seres inferiores y malignos” que nos hacen daño.

Pero la razón espiritual de la no existencia del perdón ya está argumentada desde entonces. Ahora quiero bajar un poco el nivel; y manteniendo el concepto, voy a plantear tres formas o niveles de ver a eso que se suele llamar el perdón. Estoy seguro de que una vez planteadas, ustedes podrán ubicar el nivel cuando escuchen dicho término.

El perdón humano (Nivel 1)

En nuestras interacciones humanas, surge la necesidad del “perdón” cuando se plantea una situación donde existe una ofendido y un ofensor; una victima y un victimario.

Más allá de pagar las consecuencias de la ofensa que se haya establecido en los casos correspondientes; parece que aún existe la necesidad de perdonar.

El escenario básico (pero no único) es que la persona ofendida no puede “soltar el sentimiento que le produjo la ofensa” y debe utilizar el argumento del perdón para poder “sanar”.

El primer abordaje del perdón humano no aguanta ni una pequeña brisa. La mayoría de las veces se suele “perdonar” olvidando, dejando de lado, haciéndose la vista gorda, evadiendo, etc. Simplemente, si me alejo del ofensor o de la ofensa, pues dejo de sentirla tan fuerte y eso permite no engancharme en la situación; por lo tanto siento que llego a “perdonar” en algún grado. Mientras no lo tenga presente, parece que perdoné.

Pero apenas la brisa traiga a la ofensa, al ofensor o siquiera el recuerdo de ellos; los sentimientos que estaban ocultos se destapan; y entonces nos damos cuenta que “no estaban tan perdonados como creíamos”

Pero hay un segundo enfoque del perdón humano de mayor nivel (aún triste pero más elevado que la evasión). Este enfoque es el de utilizar el perdón como forma de “sanar”.

¿Sanar qué? Generalmente ese mal llamado “sanar” no es más que un buscar “elevarse moral y pseudo espiritualmente” sobre el ofensor y con “esa capacidad divina del perdón”, llegar a “perdonar al que obró mal”. Es simplemente “elevarse sobre el mal recibido”.

Esto es irónico cuando hablamos de verdadera sanación; ya que sanar debe comenzar siempre por un asumir y enfrentar la responsabilidad que tenemos en todo lo que nos sucede; aunque esa responsabilidad no la tengamos clara.

En este segundo enfoque, el “perdonar” es más “crearse un sentimiento de superioridad” ante el agresor; y por tanto es una manifestación de egocentrismo y soberbia.

Aun así, estos enfoques del perdonar humano producen un bienestar real y suficiente para la mayoría de las personas que lo consiguen. Pero tienen una desventaja: en el primer enfoque, inclusive el recuerdo vuelve a herir; mientras que en el segundo bastará que ocurra algo similar para que la víctima vuelva a sentirse ofendida y deba intentar de nuevo perdonar. Podemos llegar a vivir perdonando compulsivamente; pero eso no será vivir sino intentar constantemente sobrevivir.

Esta forma humana del perdón no conquista ninguna fortaleza que permita ganar inmunidad ante los embates de la vida; esto quiere decir que no llega a sanar nada en realidad. En el mejor de los casos lo que logramos es salir del paso.


El perdón religioso (Nivel 2)

Cuando comenzamos a subir el nivel espiritual y salimos de nuestra vida terrenal/mental/emocional, el concepto del perdón comienza a variar; y empieza a estar más acorde con la idea espiritual de la no existencia del perdón.

Si lo reflexionamos desde la práctica de nuestra espiritualidad estando aquí en la tierra (esto significa práctica religiosa), encontramos muchas alusiones sobre el perdón en las escrituras sagradas. Y definitivamente algo de cierto debe tener cuando se nos invita a perdonar como forma de llegar al Cielo, o cuando se hace referencia de que Jesús perdonaba los pecados (en nuestro cristianismo).

Pero aquí enfrentamos otro problema; y es que leemos trozos aislados de escrituras sagradas y creemos que lo entendemos todo. Este es un tema muy extenso y ya lo he abordado en diferentes escenarios y no veo prudente extenderme aquí; pero si debo resumir que cuando se lee sobre “el perdón” este puede significar: compasión, humildad, tolerancia, desapego, exoneración, entre otras acepciones. En toda escritura sagrada, cualquier frase, cualquier pasaje, se debe contextualizar con la enseñanza espiritual completa; así, se logra entender sin ambigüedades.

Pero sí hay un factor común que se presenta a nivel religioso; y que diverge del enfoque del perdón humano.

En el enfoque religioso se comienza a reconocer la responsabilidad personal en las cosas que nos suceden; y entonces comienza a cambiar la idea de “perdonar a los demás” por el hecho de que “nosotros somos los que necesitamos ser perdonados”.

Esta diferencia es increíblemente brillante y afortunada; porque plantea el verdadero enfoque de un proceso real de sanación: yo no necesito perdonar a nadie; sino que los demás (incluyendo a Dios) me deben perdonar a mí.

Claro está; si estamos viviendo de forma muy mental (nada espiritual), lo que acabo de decir habrá comenzado a causar “mucho ruido”. Comienzan a aflorar experiencias, situaciones, contra ejemplos, que desarman el argumento de que somos nosotros quienes necesitan ser perdonados. Contra esas barreras mentales, no puedo hacer nada ahora; simplemente continuar.

Una de los preceptos mas hermosos del cristianismo referidos al perdón, está dentro de Sermón del Monte, y dice así:

Mateo 5:23-26
Nueva Biblia Latinoamericana de Hoy (NBLH)

23 “Por tanto, si estás presentando tu ofrenda en el altar, y allí te acuerdas que tu hermano tiene algo contra ti, 24 deja tu ofrenda allí delante del altar, y ve, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda.
25 “Ponte de acuerdo pronto con tu adversario mientras vas con él por el camino, no sea que tu adversario te entregue al juez, y el juez al guardia, y seas echado en la cárcel. 26 En verdad te digo que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último centavo.

De estos pocos versículos se pueden sacar muchas enseñanzas; pero voy a destacar las que necesito. Me permito parafrasear.

Presenta la ofrenda al altar” puede hacer referencia simbólica a “solicitar bendiciones/favores de Dios”, “alabar a Dios” o simplemente “hablar con Dios”. Y se establece que antes de lograr un efecto en eso, debemos lograr que cualquier persona que tenga algo contra nosotros “se reconcilie” con nosotros; “nos perdone”.

Debemos fijarnos que la necesidad del perdón ante cualquier hecho transciende al mismo hecho que hayamos cometido. La urgencia de necesitar ser perdonado se plantea “si alguien tiene algo contra nosotros”; sin importar si se molestó con razón, sin razón, a propósito, sin querer, justificado o injustificado; eso no importa.

Debemos lograr el perdón hacia nosotros para poder llegar al Cielo. “Todo verdadero cristiano debe buscar y preferir que lo perdonen, antes de él pretender perdonar. Lo primero es humildad, lo segundo es soberbia espiritual” (PedroAGómezRuzzo)

Ni siquiera se nos invita a perdonar (entendido desde la forma humana) a los que nos dañan, la actitud que se espera de nosotros es otra:

Mateo 5:39-44
Dios Habla Hoy (DHH)

39 Pero yo les digo: No resistas al que te haga algún mal; al contrario, si alguien te pega en la mejilla derecha, ofrécele también la otra. 40 Si alguien te demanda y te quiere quitar la camisa, déjale que se lleve también tu capa. 41 Si te obligan a llevar carga una milla, llévala dos. 42 A cualquiera que te pida algo, dáselo; y no le vuelvas la espalda al que te pida prestado.
43 »También han oído que se dijo: “Ama a tu prójimo y odia a tu enemigo.” 44 Pero yo les digo: Amen a sus enemigos, y oren por quienes los persiguen.

Sin comentarios; pero perdón humano soberbio no es.

El perdón espiritual (Nivel 3)

Pude haber dicho más sobre el perdón religioso, pero es más divertido este tercer (y verdadero) tipo de perdón: el perdón espiritual. (10marzo10:10)

Aquí vuelvo: el concepto del perdón como algo espiritual no existe.

Cuando nosotros llegamos a tener una altura espiritual suficiente para dejarnos de sentir víctimas, entonces dejaremos de necesitar utilizar el argumento del perdón.

Y esa altura espiritual necesaria la conseguimos cuando nuestro espíritu comienza a manifestar dos de sus dones: la compasión y el desapego (buscar mi artículo anterior titulado “El perdón”)

¿Por qué y cómo se logra esto?

Cuando vamos creciendo en espíritu, comenzamos a entender que todo lo que sucede en esta vida tiene una razón. Aunque estas razones escapen de nuestro entendimiento, son conocidas y permitidas por Dios. Claro está, debemos tener la concepción de un Dios que “todo lo puede”, que “todo lo sabe”, que “está en todas partes”; y que por supuesto que nos ama.

Así que si Dios mismo permite que todo pase, incluso por razones que puedo desconocer; ¿a quién debo perdonar yo? Pues a nadie.

Esto se llama Humildad espiritual.

Pero no podemos comenzar a argumentarnos cómo es posible esto. La humildad espiritual no se entiende, ni se cultiva, ni se aplica, ni se acepta desde nuestra mente.

La humildad ante Dios se ejerce automáticamente desde nuestro espíritu. Pero para eso debemos ver a nuestra realidad terrenal con los ojos de nuestro espíritu. Lo que sucede es que solemos vivir nuestra vida de forma muy mental, sobre-argumentada según nuestras conveniencias, sesgada y limitada. De esa forma, es imposible entender que el “perdón no existe”.


Solo cuando asumimos que Dios está involucrado en todo lo que pasa en nuestras vidas, aunque no lo entendamos; será entonces cuando dejaremos de sufrir y por tanto dejaremos de necesitar perdonar. Pero tan alta manifestación de nuestro espíritu en nuestra realidad, sólo se consigue con un camino de crecimiento espiritual.

Que Dios te bendiga.
Namasté.

Pedro A. Gómez Ruzzo.
Master Reiki Usui-Tibetano, Karuna Ki
Original: 10 de marzo del 2015
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Palabras-claves: perdón

sábado, 7 de marzo de 2015

Pseudo-sentimientos

Autor: Pedro A. Gómez Ruzzo (v1.3)
 
En estos tiempos que corren nos hemos convertido en seres muy “mentales”, muy “lógicos”: Hay mucho que aprender, hay mucho a lo que debemos estar atentos a nuestro alrededor, debemos controlar muchas cosas y debemos actuar según convenga; si no lo hacemos podemos dejar de ser “adecuados” o “convenientes” para nuestro medioambiente.

En esta necesidad de tener el control, nuestra mente muchas veces se toma atribuciones o acciones que no le corresponde, para lo cual no fue creada ni preparada; y como en toda usurpación, los problemas comienzan a aparecer porque las actividades usurpadas no salen correctamente.

Una de esas actividades que nuestra mente suele atribuirse sin permiso es la de “sentir”, refiriéndome como “sentir” al reconocimiento, manejo, control y expresión de nuestros sentimientos.

Ha sido siempre una verdad en el ámbito realmente místico y lo está siendo cada vez más para la ciencia moderna, que los sentimientos (a veces decimos emociones) condicionan nuestro bienestar; entendiéndose nuestro bienestar como integral, pasando por la salud física, mental, emocional, energética, espiritual y hasta kármica.

De hecho, cuando asumimos con seriedad cualquier terapia de sanación (holística) o cualquier camino de crecimiento personal/espiritual, debemos asegurarnos que se trate de la forma más directa posible a nuestras emociones/sentimientos; pero a las emociones/sentimientos reales. Aquí nace la noción de “pseudo-sentimientos”

Los “pseudo-sentimientos” entonces son aquellos sentimientos que aparecen en nosotros pero como resultados de procesos mentales; es la usurpación de nuestra mente. Estos “pseudo-sentimientos” presentados por nuestra mente tienen como materia prima sentimientos reales (alojados en nuestros corazones); pero el producto final puede ser diametralmente opuesto a los sentimientos reales originarios.

Un ejemplo sencillo puede ser un sentimiento de “rabia” hacia nuestro “jefe” (figura de autoridad). Esta “rabia” parece un sentimiento válido a tratar y desterrar; pero con un sencillo análisis se puede descubrir que esta rabia puede originarse de un sentimiento real de “miedo a la crítica”, a ser corregido por nuestro jefe, a que descubran nuestras debilidades. Estos sentimientos originarios, mediante procesos mentales, se manifiestan como un rechazo hacia el jefe.

Con este ejemplo pareciera ser fácil inferir en otras situaciones, pero no lo es. Si con cualquier terapia tratamos de sanar la “rabia” descrita, descubriremos que los resultados son desalentadores o en el mejor de los casos lentos. Esta “rabia” es un pseudo-sentimiento y pudiera estar disfrazando, por ejemplo, un sentimiento real de miedo. Este último es el que deberíamos sanar.

Cuanto más mental y lógica sea una persona en su vida, más difícil puede ser para ella diferenciar un “pseudo-sentimiento” de un sentimiento real; discernimiento este que puede estar ligado a lo que se conoce como Inteligencia Emocional.

Entonces, el problema comienza a surgir cuando el terapeuta o la persona tratan los sentimientos que están causando malestar sin tener la capacidad de diferenciar si estos son reales o son “pseudo-sentimientos”. Se estarán dando golpes a ciegas.

Afortunadamente hay técnicas de sanación que no hacen mucho hincapié en el origen del malestar (Reiki, EFT, meditación, entre otras) y son las mejores para muchas personas. Pero está claro que si podemos ser más precisos en el abordaje, los resultados pueden ser más rápidos, eficientes y efectivos.

Si no hablamos ya de terapias sino de prácticas de vida, como pueden ser todo lo concerniente a procesos de Ley del Atracción (LDA) y a Crecimiento Espiritual; el reconocimiento de la emoción/sentimiento real es MUY necesario.

Las técnicas que se basan en LDA son siempre muy rápidas y efectivas; y por eso vale la pena el esfuerzo de aprender a distinguir a los sentimientos reales y no centrarse en los “pseudo-sentimientos”.

Y si hablamos de Crecimiento Espiritual, dejar la mente fuera de este proceso y comenzar a trabajar con los verdaderos sentimientos es simplemente indispensable.

Generalmente yo utilizo una frase que en algunas personas causa mucho desconcierto, duda o compasión hacia mi forma de pensar y es la que dice “Para poder VIVIR y no solo sobrevivir, debemos aprender a pensar con el corazón”.

Cuando oyen esta frase, algunas personas automáticamente apuntan que debemos también ser racionales, porque si actuamos solo con “el corazón” podemos salir heridos. Generalmente este es el caso de personas que han sufrido decepciones sentimentales, porque han “actuado de corazón” y no se han sentido correspondidas (amor, amistad, entrega familiar, compañerismo, etc.)

En caso de que yo esté actuando como terapeuta con una persona que haya argumentado a mi frase anterior, debo comenzar el abordaje planteando que probablemente ese “actuar con el corazón” que la persona menciona, pudo no haber sido tal.

Una de las formas en la que podemos diferenciar sentimientos (reales) de “pseudo-sentimientos” es precisamente mediante el reconocimiento de las expectativas que estos últimos mantienen.

En las situaciones donde nos “involucramos sentimentalmente” y salimos heridos, lo más seguro (me atrevería decir que el ciento por ciento) es que hayamos actuado desde un “pseudo-sentimiento” de amor.

Este “pseudo-amor”, con mucha seguridad, fue originado de sentimientos reales no reconocidos, como pueden ser: el miedo a quedarse solo/a, la necesidad de recuperación de autoestima, el de conveniencia, el de rebeldía a nuestros padres, la inconformidad con nuestra vida (para lo cual busco una nueva vida)... y todos estos sentimientos reales se tradujeron gracias a de procesos mentales (generalmente inconscientes) en “amor” (en realidad “pseudo-amor”).

De hecho, podríamos jurar que estamos enamorados; a lo que en verdad deberíamos decir que estamos “pseudo-enamorados”.

Eso no quiere decir que el amor por alguien no se pueda sentir. Como seres energéticos y seres emocionales, vivimos nuestra realidad experimentando sentimientos/emociones constantemente. Y sí, nos enamoramos (¡constantemente!) pero nuestro cerebro siempre intercede para “protegernos”, según él y las vivencias que le haya tocado vivir.

Aquí comienzan a tener valía conceptos reales como: Amor Incondicional, Compasión (diferente de lástima), Agradecimiento Incondicional, etc., todos ellos que debemos aprender y cultivar; y que reconocemos como sentimientos (energías) sanadores.

Por el contrario, los sentimientos reales no generan expectativas; los mentales (“pseudo-sentimientos”) sí lo hacen. Y es normal, porque la mente entiende de lógica, de acción y de reacción; y por lo tanto es “lógico” que si hacemos o damos algo, esperemos recibir lo que corresponda.

Y no pretendo desacreditar a nuestra mente, pero “zapatero a sus zapatos”. La mente es indispensable para percibir a nuestro mundo 3D (y un poquito más allá) y desde allí ofrecer posibles acciones; pero en el sentir, debemos hacerle caso al corazón.

¿Recuerdan? “El corazón tiene razones que la razón no entiende”

Namasté
Ing. Pedro A. Gómez Ruzzo.
Master Reiki Usui-Tibetano, Karuna Ki
Original: Junio, 05 del 2011
Última corrección: Octubre, 01 del 2012
Última corrección/ampliación: Marzo, 07 del 2015
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