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sábado, 20 de abril de 2013

Aprender con un Maestro

Autor: Pedro A. Gómez Ruzzo

Este título da para mucho; podría significar aprender con un experto, o aprender en el colegio, o con un profesor particular. Pero en la tónica general de mis escritos, Maestro se refiere a un Ser (encarnado o no) que te brinda un aprendizaje “básicamente” espiritual. Entrecomillo “básicamente” porque en realidad cualquier aprendizaje espiritual debe trasladarse a todos nuestros planos, inclusive al terrenal.

Siempre lo repito, todo crecimiento espiritual debe tener la figura de un Maestro Espiritual, el cual es diferente a un maestro de escuela o de alguna terapia energética o de algún oficio.

Pero el aprendizaje con este Maestro Espiritual es algo particular, ya que no pasa necesariamente por una secuencia de instrucciones, ni un cúmulo de información o de explicaciones claras ni detallas.

Un Maestro (Espiritual) te va a enseñar a vivir tu terrenalidad desde el punto de vista espiritual; claro está, dentro de una argumentación muy clara y una enseñanza coherente y consistente (cada Maestro tiene la suya). Pero además hay algo que es indispensable, el aprendiz debe pasar parte de su vida con el Maestro.

El Maestro te va a enseñar a vivir y para esto debes “incluirlo” en tu vida. Nadie puede decir que tiene a un Maestro o se es discípulo de alguno con solo haber leídos sus libros o haber vistos sus videos o saberse algunas frases o entender algunas de las cosas que dice.

Uno de los secretos de un Maestro es el de enseñar con ejemplos en experiencias reales y cotidianas. Por tanto, es indispensable que el Maestro (o su enseñanza) estén presentes en la cotidianidad del discípulo.

Más allá de dar instrucciones, un Maestro enseña con lo que hace dentro de la vida del discípulo; y con lo que deja de hacer también. “Un verdadero Maestro te propone de forma consciente e intencionada escenarios de aprendizaje para que puedas practicar la enseñanza espiritual” (PAGR2013). “Un verdadero Maestro te deja caminar a su lado y él se debería volver una parte importante de tu realidad interna” (PAGR2013)

No solo con la palabra enseña un Maestro; un Maestro enseña también con una mirada, con una mueca, con un gesto, con un silencio, con algo que hizo o algo que dejó de hacer; a veces lo hace con un comportamiento errado, a veces lo hace de forma terrenal o a veces a niveles sutiles.

De aquí viene la costumbre de que un discípulo conviva con su Maestro por un período de tiempo; esto simplemente para aprender cómo este lleva su vida.

Pero en nuestra sociedad actual hacer eso es inapropiado. Descuidar a los nuestros o a nuestras obligaciones para incluir a un “extraño” en nuestras vidas se puede ver, como mínimo, “irresponsable”.

Pero antes, la única convivencia era la física, la de cara a cara. Ahora, en este mundo moderno hay otras formas. En la actualidad para algunas personas, muchas veces la convivencia “virtual” suele ser más intensa que la real. ¿Cuántas personas no mantienen relaciones humanas más intensas por Internet que con sus propias familias bajo el mismo techo?

Así que hoy en día la forma en la que se puede mantener ese contacto indispensable con el Maestro cambia. Aún debe ser MUY intenso, real y personal; pero no cien por ciento físico.

Un Maestro Espiritual moderno debe acoplarse a la realidad de quienes le puedan necesitar. Las interacciones hoy en día pueden ser por diferentes medios: teléfonos, mensajes de texto, correos electrónicos, Facebook, Twitter, videochats, blogs; sin desestimar el acercamiento en vivo cuando sea posible, el reconocimiento cara a cara, con la cual se puedan mirar a los ojos y descubrirse el alma.

En la antigüedad un discípulo seguía al Maestro a donde sea que fuera (campo, ciudad, cueva, a cazar, recolectar, etc.) ya que nunca se sabía dónde el Maestro iba a hacer algo que sirviera de aprendizaje. Hoy en día se debe seguir a un Maestro por Twitter, por blogs, por mensajes, por Facebook, por charlas; porque no se sabe cuándo ni dónde el Maestro vaya a “aprovechar la oportunidad para enseñar algo”; con una frase escrita, con un emoticón, con un escrito, con la palabra o simplemente con abrazo.

La idea aún se sostiene; el discípulo siempre es el que debe seguir al Maestro. Pero el “seguirlo” no es solo aplicar sus enseñanzas, sino seguir sus acciones por “cualquier terreno” (o cualquier medio de información) para aprender de su forma de vivir la vida.

A un Maestro no se le debe perder la pista.

Namasté.
Pedro A. Gómez Ruzzo.
Master Reiki Usui-Tibetano, Karuna Ki, Reiki Mineral
Original: 20 de abril del 2013
Twitter: @eReiki @EvolConsc @pagr777

martes, 16 de abril de 2013

Nivel de Consciencia


Autor: Pedro A. Gómez Ruzzo

Este puede ser el artículo más sencillo que escriba, pero tal vez sea el más claro y el más útil para los Seres que de alguna forma se identifican con algún trabajo espiritual.

Cuando pensamos en crecer espiritualmente siempre se habla de un concepto que se conoce como Nivel de Consciencia. Sin entrar en detalles de si el crecimiento espiritual es real, apropiado o efectivo; este parámetro, que tenemos todos y cada uno de nosotros, es el que debemos ir aumentando en nuestro camino de evolución.

La importancia del Nivel de Consciencia estriba en que todas las experiencias de vida que se presentan a un individuo y la forma en que este responde a ellas está de acorde a su Nivel de Consciencia. A un individuo con un Nivel de Consciencia alto no suelen sucederle cosas complicadas (en definición, intensidad o duración) y si estas les suceden, el mismo individuo con ese Nivel de Consciencia alto las afronta sin mayores traumas o secuelas.

Esta es mi concepción personal sobre qué es el Nivel de Consciencia y la utilizo dentro de mi esquema de enseñanzas espirituales. Pero esta vez me voy a permitir utilizar mi formación de ingeniero y lo voy a presentar mediante una fórmula; que si bien podremos evaluar y obtener un valor de ella (aunque subjetivo) nos va a servir para ver qué variables intervienen en el Nivel de Consciencia.

La fórmula que doy a continuación es una simplificación de lo que podríamos definir como Nivel de Consciencia; pudiendo ser en realidad más compleja. Para este escrito esta simplificación es muy útil y más que suficiente:


Podemos ver que cada variable en el numerador (parte de arriba de la fórmula) está ponderada por un valor (10, 20, 30 y 40) que indica el peso o la importancia de dicha variable sobre el Nivel de Consciencia. Esta fórmula una vez evaluada puede dar un valor entre 0 y 100.

Expliquemos cada variable.
  • Capacidad Mental
    Este valor debe estar entre 0 y 100 y representa el aspecto mental del individuo. Su expresión es la información más el pensamiento analítico y crítico. Esta Capacidad Mental a su vez incluye como mínimo a otros cuatro subaspectos: preparación académica formal, capacidad de análisis, capacidad de inferencia, capacidad de extrapolación. Estos subaspectos a su vez van a estar ponderados (algunos serán más importantes que otros), pero para este análisis no lo especificaremos. Esta variable a veces es relacionada con la Inteligencia Formal - Intelectual.

  • Empatía (Nivel de empatía o identificación con los demás)
    Enmarcado en un valor entre 0 y 100, esta variable representa la capacidad que tiene un individuo de identificarse con los sentimientos de las personas que están en su realidad (dolor, alegría, pesar, desconsuelo, felicidad). Se entienden como “personas que están en su realidad” a aquellas que se ven afectadas por su comportamiento personal, de forma directa o indirecta. Su expresión son los sentimientos y muchas veces se relaciona con la Inteligencia Emocional y con la frase “ponerse en los zapatos de los demás”.

  • Consciencia de la acción (Conocimiento de las consecuencias de nuestros actos)
    Nuestra vida está marcada por acciones y cada acción produce una reacción o lo que es lo mismo tiene un efecto o resultado. El mismo hecho de “no hacer nada” es una acción que se hace.
    Si bien podemos accionar con nuestra mente, generalmente los resultados no son evidentes. Y cuando digo que “no son evidentes”, no me refiero a que no nos enteremos o a que no importen; me refiero a que “ni nos imaginamos las consecuencias de nuestras acciones”.
    Reconociéndonos como seres integrales, cada acción específica que hagamos tiene su reacción en todos los planos. Un insulto cualquiera proferido a alguien, no solo va a hacerle daño en su parte emocional, sino que destroza nuestras partes: energética, astral y espiritual; sí, las nuestras.
    Si entendiéramos cosas como estas y supiéramos la mayoría de las consecuencias de nuestros actos, más allá de lo evidente, tendríamos una alta Consciencia de nuestras acciones y limitaríamos mucho nuestras acciones desafortunadas, aumentado por tanto nuestro Nivel de Consciencia.
    Desafortunadamente las explicaciones necesarias están en el ámbito místico. Y digo desafortunadamente porque este conocimiento muy pocos lo saben con exactitud, aún menos personas lo quieren enseñar (muchas de nuestras religiones lo han escondido) y nuestra sociedad occidental no lo avala.
    ¿Cómo se obtiene esta consciencia de la acción? Crecimiento espiritual, Leyes Universales, Maestros reales, etc.

  • Respeto a Dios
    Aunque parezca una variable insustancial, muchas religiones lo expresan como “Miedo o Temor a Dios”. Es una variable que puede tomar un valor subjetivo del 0 al 100 y que definitivamente se enmarca dentro la vida espiritual/religiosa del individuo que está siendo evaluado.
    Este valor no mide un temor irracional hacia Dios, ni indica un miedo enfermizo, ni no está condicionado por un supuesto castigo. Esta variable es más correctamente una sensación de Respeto, de Reconocimiento de la Autoridad de Dios sobre nosotros. Dios, la Divinidad, es esa consciencia máxima la cual debo tener presente en cada momento de mi vida y por tanto en cada acción.
    Una persona con un Respeto a Dios alto (lo que daría un Nivel de Consciencia alto) es aquella que no hace nada sin antes validarlo con sus enseñanzas espirituales/religiosas; que no antepone sus necesidades o miserias a lo que Dios indica como correcto y ante todo teme defraudar a Dios.
    Esta variable de Respeto a Dios debería ser sembrada y cultivada por nuestras religiones.

  • Expectativas
    Esta es la última variable de nuestra fórmula simplificada. Se encuentra en el denominador (parte baja) de la fórmula, lo que indica que mientras mayor sea este valor, menor será el resultante Nivel de Consciencia.
    Es un término que he conversado en incontables situaciones y se resume con dos frases: las expectativas son totalmente diferentes a las esperanzas (debemos aprender a erradicar las expectativas y a mantener las esperanzas); y las expectativas son los deseos de que las cosas resulten tal como nosotros esperamos que sea como consecuencia de una “acción lógica” (desde nuestro punto de vista)
    Cuando tenemos expectativas de alguna forma asumimos que somos todo-poderosos y que entendemos todos los procesos y que tenemos controladas todas las variables; por lo tanto podemos apostar a los resultados. Tener expectativas es la única condición para frustrarnos.
    Pero hay grados de más o menos expectativas; hay grados de más o menso frustraciones. Las expectativas generalmente son difíciles de reconocer cuando se evalúan al comienzo de una acción, pero el grado de frustración posterior las evidencia cuando “nuestras ganas” no son satisfechas.
    El no tener expectativas no es nunca sinónimo de abandono. Se debe trabajar por las esperanzas y no teniendo expectativa es la única forma de ver el escenario real, en grande y en detalle de cualquier situación; de esa forma podemos hacer las evaluaciones pertinentes y podemos maximizar las oportunidades de que nuestras esperanzas tengan éxito.
    En la proporción presentada en la fórmula, las expectativas toman un valor del 0 al 100, y si llegamos a tener un 100 de expectativas, perdemos el control de la situación y entramos en la probabilidad de que nuestras esperanzas se cumplan al azar (en un 50%); nuestro Nivel de Consciencia por tanto se viene a la mitad.

Esto es todo con la fórmula y la explicación que les presento de cómo se puede argumentar un Nivel de Consciencia. Es así de sencillo.

Veamos un ejemplo numérico. Una persona que teniendo su preparación formal, no tiene mucha capacidad de inferencia y actúa generalmente de forma irreflexiva (Capacidad Mental = 60); con una capacidad de “entender al otro” y de “ponerse en los zapatos de los demás” siempre y cuando piensen como él (Empatía = 30 – cuando mucho); con ninguna o muy poca Consciencia de Acción (yo le pongo un 5), porque esos temas místicos son supersticiones tontas del pasado, cuando la ciencia no existía; y sin mucho Temor a Dios, porque Dios existe cuando hay un problema e inclusive a veces ni se entiende, “porque hay muchas personas sufriendo en el mundo”... (¡uf!, regalémosle un 15 por el bautizo y la primera comunión)

Si esa persona “hipotética” habla de expectativas, pues allí si tiene un 75, ya que el se esfuerza mucho para siempre conseguir lo que quiere y … “generalmente lo consigo”... típico.

Si metemos estos valores en la fórmula tenemos:


                                                  10 x 60 + 20 x 30 + 30 x 5 + 40 x 15
Nivel de consciencia = -----------------------------------------------------------------
                                                                      100 + 75

Nivel de consciencia = 11,14 (sobre 100)

Acepto que los valores asignados son totalmente subjetivos y que la persona es hipotética; pero yo apostaría a que casi reconoces a una persona así en tu realidad.

Esta información es de vital importancia para los que se saben o se sienten “Seres de Luz”, con un compromisos de amor, justicia y lucha para con Dios (Trabajadores de Luz, Guerreros de Luz, etc.) Todos, en todo caso, tienen una única misión: la de subir el Nivel de Consciencia propio y ayudar a los demás a hacerlo, como única forma de que la realidad mejore.

Si recordamos que nuestro Nivel de Consciencia viene a condicionar nuestras experiencias de vida, podemos extrapolar toda esta información cuando encontramos situaciones que se aplican a todo un colectivo: grupo familiar, empresa, urbanización, país. Cuando estamos envueltos en situaciones país (por ejemplo), sin categorizarlas como buenas o malas (aunque generalmente no se conocen muchas buenas), se puede afirmar con mucha certeza que esas experiencias corresponden al Nivel de Consciencia promedio de sus habitantes.

En estas situaciones no podemos individualizar los casos; somos un colectivo. Y aunque esto suena duro, manejar el concepto de Nivel de Consciencia es una linea de acción extremadamente válida para los que quieren mejorar a un grupo de personas o a una situación global. Elevando cualquiera de las 4 variables en el numerador a la mayor cantidad de miembros posibles, se eleva el Nivel de Consciencia grupal y puede hacer caminar a un país hacia el futuro que se merece.

Caminar hacia un futuro”.. es un camino … en algún momento lo entenderemos, pero ojalá lo comencemos a transitar pronto.

Namasté.
Pedro A. Gómez Ruzzo.
Master Reiki Usui-Tibetano, Karuna Ki, Reiki Mineral
Original: 16 de abril del 2013
Twitter: @eReiki @EvolConsc @pagr777

lunes, 15 de abril de 2013

Por tus hijos – Lazos kármicos


Autor: Pedro A. Gómez Ruzzo

De muchas maneras se puede argumentar el impacto que tenemos los padres (papá y mamá) sobre nuestros hijos.

Es evidente que nosotros padres les trasmitimos parte de lo que somos a nuestros hijos a través de nuestra genética, a nivel físico. Podemos heredarles unos bellos ojos o una contextura esbelta, o una propensión a la diabetes o al cáncer.

A nivel mental, los padres les inculcamos a nuestros hijos nuestra forma de pensar, de ver la vida, nuestras costumbres y valores (o falta de valores). Esto generalmente lo hacemos sin darnos cuenta y a través de nuestro compartir con ellos. A veces este condicionamiento mental se expresa en nuestros miedos y en la forma cómo tratamos a los demás y actuamos en función de ellos.

A nivel emocional y energético también hay trasferencia. Nuestra capacidad de actuar con las emociones y con las energías que nos rodean, nuestros chakras predominantes; pueden responder tanto a factores genéticos (genética energética) como a condicionamientos de vida. Son sobradas las experiencias de hijos que reaccionan o actúan de forma muy similar a sus padres, a pesar de que estos hayan estado ausentes (por muerte o abandono). Lo que los psicólogos llaman el temperamento responde en mucho a esta genética energética.

Y no se puede quedar atrás el impacto que podemos causarle a nuestros hijos a nivel astral y kármico. El plano astral es más complicado de explicar y entender; generalmente porque carecemos de bases para una fácil comprensión, pero la parte kármica, en la cual quiero centrar el resto del escrito, es muy importante.

Sin entrar en consideraciones religiosas donde la idea del karma puede no aceptarse, en cualquier creencia existe el concepto de un “compromiso o deuda” que adquirimos cuando hacemos cualquier acción. Podemos ganar méritos si las acciones son buenas (definiendo “”buena desde el punto de vista general-real y no personal-conveniente) o podemos comprometer nuestro bienestar si nuestras acciones hacen daño; esto último es cometer pecado.

Ese “compromiso o deuda” ese “algo” que adquirimos y acumulamos con nuestras acciones se suele llamar “karma”. El karma se entiende más fácil si se simplifica como una energía que condiciona nuestras experiencias de vida y la cual llevamos hasta el final de nuestros tiempos. Si esta energía (karma) es sutil y pura, genera situaciones de bienestar y disfrute en nuestra existencia o por lo menos nos da la fuerza para afrontar con paz las situaciones difíciles. Pero si esta energía es muy densa, oscura, condicionará experiencias de vida donde tendremos que trabajarla para poder limpiarla. Por supuesto, las situaciones para el trabajo de esa “energía densa” de ese “karma malo” son situaciones difíciles.

Esta concepción de “karma bueno o malo” es una simplificación necesaria y suficiente (pero no exacta) para entender la Ley del Karma aquí en occidente y el cómo esta afecta a nuestras vidas. Esta ley universal es también conocida como la Ley de Acción y Reacción y lo que sí define de forma cierta es que cada uno de nosotros con nuestras acciones (acción) generamos energías (reacción) y son estas, en algún grado, las que van condicionando nuestra realidad. Es la misma noción cristiana “del pecado”, del “obrar mal”; si actuamos mal, cometemos pecado y como consecuencia nos podrá ir mal, ¡muy mal!

El karma es un asunto personal: somos responsables de nuestros actos; por nuestras (propias) obras nos condenamos o nos salvamos, pero de alguna forma nuestra salvación o nuestra condena también la compartimos con personas especiales para nosotros.

Es igualmente un hecho que esa realidad que condicionamos con el karma, nunca es una realidad en solitario. En cada momento tenemos personas involucradas en nuestro día a día, y que entre todas esas personas con las que compartimos experiencias hay algunas más cercanas (próximas) que otras.

Y al hablar de planos sutiles como el karma, la proximidad no se requiere a distancia física sino a “compromiso de vida”. Hay personas con las cuales nuestro compromiso de vida es mucho más fuerte, mucho más “obligante”. Al igual que compartimos herencia o costumbres o sentimientos con los que nos rodean, compartimos también karma.

El karma se comparte. La consecuencia de nuestras acciones, esa energía que vamos acumulando día a día en esta vida (o en vidas pasadas, si es el caso) se comparte con las personas en distintas proporciones. Al igual que el impacto emocional sobre alguien es mayor si es una persona cercana, el impacto kármico crea un concepto que es el de “lazo kármico” que se forma entre deferentes personas.

Un lazo kármico puede ser débil o fuerte y podemos imaginarlo como un tubo que une a dos o más personas y por donde se comparte la energía que se genera de una acción (karma). Es un sistema interconectado, así que el karma se puede generar en un solo punto pero automáticamente se esparce por todo el sistema.

Puede aparecer un lazo kármico entre dos o más personas por simplemente compartir experiencia de vida, por el solo hecho de interactuar y ni siquiera personalmente. Un jefe forma lazos kármicos con sus subordinados y estos con el jefe. Un gobernante forma lazos kármicos con toda la población que gobierna y estos con él.

Pero hay lazos que no se forman por la convivencia, sino que viene asignados por parentesco. A esos lazos les llamo “lazos kármicos obligantes” Estos lazos son tubos de mucho más diámetro, por donde pasa mucha sino toda la energía.

Si bien los lazos kármicos no obligantes se establecen y se pueden romper con una limpieza con el procedimiento correcto (procedimiento de crecimiento espiritual), estos pueden ser de diferentes calibres, más pequeños o más grandes. Esto define cuanto impacta el karma de una persona sobre otra.

Por el contrario, los “lazos kármicos obligantes” son conexiones de mucha capacidad, óptimas, de baja resistencia, que trasmiten la energía de forma inmejorable (para bien o para mal).

Ejemplifico para ir dejando las cosas claras. Si una persona se porta bien, si tiene acciones correctas “espiritualmente hablando”, estas acciones van a generar un karma muy ligero y benéfico, lo que va a ir alimentando sus próximas experiencias de vida. Esta energía muy sutil (karma bueno) la va a compartir entonces (de forma automática, no intencionada) con las otras personas con las que tenga lazos kármicos. Si el lazo kármico es débil (pequeño) las otras personas van a compartir esta energía pero en poca cantidad. Por el contrario, las personas con las cuales tengan lazos kármicos obligantes van a poder aprovechar muchísimo de esta buena energía.

Pero no es un compartir del karma que se entiendan como que algo se divide en partes y va un pedazo para cada uno. Es un compartir como el de una casa, un libro, como el sol, como el frio, como el calor. Si hace calor en algún lugar y hay varias personas en el mismo espacio, todos estarán a la misma temperatura; el calor no se reparte un poquito para cada uno.

Pero las leyes son las leyes. Por el mismo asunto de los lazos kármicos, si una persona comete actos que generan mucho “karma malo”, si bien él es el originador y el principal responsable, esa energía va a comenzar a afectar también a todas las otras personas con las que se tengan lazos kármicos. Si el “pecado” genera sufrimiento a quien lo comete, ese mismo pecado daña a las personas que tiene próximas, tarde o temprano.

Y aquí surge la pregunta urgente de cómo cortar lazos kármicos con personas que están actuando mal. No es el tema de este artículo, pero tampoco es cosas de una simple terapia o procedimiento sencillo. Si bien se pueden cortar lazos kármicos particulares, lo importante es comenzar a aprender a no establecer lazos con cualquiera por allí y a tener herramientas para superar el karma personal y el que nos impacta de los demás.

Pero si estamos hablando de un lazo kármico obligante, el corte es imposible (o por lo menos sumamente difícil). Un lazo de este tipo se establece, se podría decir que el mismo Dios lo hace, cuando es indispensable tratar asuntos kármicos en conjunto con otras personas y cuando nuestra existencia y crecimiento depende de ello.

Pero veamos cuales son los lazos kármicos obligantes. Estos son generalmente los que vienen por consanguinidad o por uniones espirituales o místicas. Estos tienen su grado de “fuerza” y los indico en ese orden:

  1. Padres con los hijos - hijos con los padres
  2. Hermanos (consanguíneos)
  3. Esposos y parejas: por uniones religiosas/místicas o por rutina donde se involucre el acto sexual.
  4. Maestros Espirituales con discípulos (y viceversa)
  5. Familia extendida (tíos, primos, sobrinos,etc). Los abuelos pueden estar en el 1er lugar en algunos casos.
  6. Ahijados (de ceremonias religiosas)
  7. Todas las demás personas según el grado de convivencia que se tenga: amigos de infancia, compañeros de trabajo, vecinos, conocidos, etc.
  8. Público en general.

Algunos de estos ítemes pueden variar de posición dependiendo de casos especiales, pero el que nunca se mueve y el más importante es el de padres e hijos.

De esta forma, todo lo que los padres hacemos genera una consecuencia espiritual (karma) y con esta comprometemos a nuestros hijos.

Si como padres llevamos una vida correcta (repito, no desde nuestra percepción personal limitada, sino desde la rectitud espiritual) estaremos compartiendo con nuestros hijos ese merecimiento que nos ganamos. Pero si cometemos desaciertos (espirituales), no nos estaremos condenando solos, sino que estaremos arrastrando a nuestros hijos y condenándoles a una realidad futura difícil, si ellos haber tenido la responsabilidad.

Si bien cada uno de nosotros tenemos nuestro karma personal, de alguna forma una parte de ese karma también es algo que los hijos heredamos de nuestros padres. Cuando un padre/madre genera karma negativo, no le está dando en herencia a los hijos la experiencia específica donde se generó dicho karma; lo que se hereda es esa energía oscura que podrá manifestarse en cualquier momento (en el futuro) y en cualquier situación personal de los hijos. Ese futuro puede ser en esta vida o en alguna siguiente, pero no se salvan.

De este tema se salen lo que se conocen como las maldiciones que pasan de generación en generación, que duran hasta la séptima generación, etc. Dichas maldiciones generalmente no las echan otros, sino que nos las echamos nosotros mismos con nuestros comportamientos y pasamos ese saco de generación a generación.

Bien, ahora es el momento de pensar: “¡uf!, menos mal que aún no tengo hijos”. Pero la noticia es que el karma que hayas acumulado en toda tu vida con todas tus acciones buenas o malas (inclusive vidas pasadas) lo tienes muy buen guardado para entregárselo (metafóricamente hablando) apenas tengas a tus retoños.

Si ahora corremos a limpiar el “karma malo” o a acumular “karma bueno”, estaremos también haciendo por nuestros hijos presentes y futuros. ¿Cómo se hace eso? … (Dios permita que nunca me canse de decirlo) ... asumiendo una vida con una Crecimiento Espiritual práctico y verdadero.

Desafortunadamente estos conceptos espirituales no se manejan en nuestra sociedad (¿o habría que decir que se esconden?) y podemos ver que son procesos que si los manejáramos, podríamos no solo evitarnos problemas a nosotros mismos sino evitárselos a los seres que más queremos y con los cuales la vida nos ha dado la mayor obligación; mantener este lazo kármico limpio es parte de esa obligación: no es sólo vivienda, alimentación y educación.

Por Dios, papá y mamá portémonos bien por nuestros hijos. El desconocimiento de estas leyes no te exonera de las responsabilidades.


Namasté.
Pedro A. Gómez Ruzzo.
Master Reiki Usui-Tibetano, Karuna Ki, Reiki Mineral
Original: 15 de abril del 2013
Twitter: @eReiki @EvolConsc @pagr777