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domingo, 20 de julio de 2014

El juzgar. Aclaración operativa del hecho.


Autor: Pedro A. Gómez Ruzzo
Creo que ya he escrito sobre el juzgar, pero voy de nuevo debido a algunos acontecimientos. Aquí voy simplemente a definirlo desde el punto de vista operativo; no voy a dar las razones del porqué lo hacemos, ni las consecuencias que acarrea, ni la forma de cómo evitarlo.  

El emitir juicio (o juzgar) muchas personas lo asocian de forma coloquial con la crítica destructiva. Pero en realidad es mucho más amplio que esta. 

Dentro de un ámbito espiritual/religioso, muchas personan buscan trabajar esta actitud para erradicarla de su conducta. Pero si no se entiende bien lo que significa, desde un contexto real espiritual, se puede caer en definiciones personales, subjetivas e ingenuas que llevan a trabajar otra cosa que en realidad no es el juzgar. 

Utilizaremos como siempre el contexto cristiano y La Biblia como libro de texto.  

La exhortación directa a dejar de juzgar, la hace el mismo Jesús cuando sus discípulos le preguntaban qué debían hacer ellos para ganarse este estado de paz con el que relacionamos al Cielo. El “no juzgar” sería unos de los lineamientos necesarios dictados por Jesús como mandamientos del Padre.

Mateo 7:1-5
Reina-Valera 1960 (RVR1960)

1  No juzguéis, para que no seáis juzgados.
2 Porque con el juicio con que juzgáis, seréis juzgados, y con la medida con que medís, os será medido.
3 ¿Y por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo?
4 ¿O cómo dirás a tu hermano: Déjame sacar la paja de tu ojo, y he aquí la viga en el ojo tuyo?
5 !!Hipócrita! saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás bien para sacar la paja del ojo de tu hermano.

Y aquí debería comenzar la confusión. ¿Qué significa realmente el juzgar? 

Muchos detractores de las religiones (en especial del cristianismo), apuntan a que el mismo Jesús más de una vez se molestó, echó e insultó a algunas personas que se comportaban de forma “diferente a la esperada”. Muchas palabras dichas a fariseos, maestros de la ley y otras personalidades religiosas; parecerían juicio de Jesús hacia ellas. El mismo arrebato de Jesús en el tempo, echando a mercaderes y cambistas, parecía consecuencia de un juicio de Jesús hacia ellos.

Si no se entiende de forma contextualizada toda la doctrina cristiana, es muy fácil criticarla (juzgarla) tomando partes aisladas de ella para desvirtuarla desde la ignorancia (ojo, no estoy juzgando a nadie)

Para comenzar a entender la idea del juzgar hay que tomar otra máxima espiritual general y utilizarla para poder definir:

1 Samuel 16:7
La Biblia de las Américas (LBLA)
"Pero el Señor dijo a Samuel: No mires a su apariencia, ni a lo alto de su estatura, porque lo he desechado; pues Dios ve no como el hombre ve, pues el hombre mira la apariencia exterior, pero el Señor mira el corazón."

Si planteamos que el hecho de “no juzgar” debemos hacerlo como principio espiritual; es porque el juzgar resulta impropio hacia Dios. Pero entonces, si Dios solo “mira los corazones”,  es por nuestros corazones por donde nosotros nos mostramos a Dios (lo que Dios ve de nosotros).

Con esto tan sencillo, ahora podemos darnos cuenta de que el juzgar es un acto que va más allá de las acciones (físicas o verbales), es una actitud de corazón. Eso es lo que Dios ve.


Muchas personas, sin la guía apropiada de crecimiento espiritual, tratan ingenuamente de cumplir con el precepto de no juzgar con la simple acción de no emitir palabras o incluso pensamientos hacia lo que ellos perciben como errado, equivocado o malo. Se puede estar perdiendo el tiempo. Recordemos que más de una vez se ha planteado el hecho de que un crecimiento espiritual nunca se puede llevar a cabo de forma autodidacta o por libros de autoayuda.

Cualquiera de nosotros puede hacer el esfuerzo de quedarse callado ante una situación; pero lo que de verdad le importa a Dios (lo que Él ve) no es la apariencia de sumisión o de silencio; sino lo que la persona siente en ese momento en su corazón. 

El juzgar es un proceso de corazón, no de palabras o de acciones. Si ante alguna situación o persona, sentimos en nuestro corazón algún disgusto, indignación, rabia, celos, ira; pues estaremos juzgando a pesar de estar mordiéndonos la lengua o a pesar de mirar a otro lado. Lo que sentimos en nuestro corazón es lo que mira Dios.

Esta interpretación correcta es lo que permite entender que el “no juzgar” no significa (ni ha significado nunca) desconocer que algo o alguien está actuando de forma incorrecta. Si hay alguna situación que se está produciendo de forma incorrecta, pues debemos utilizar los lineamientos establecidos para corregirla o evitarla; eso es hacer lo correcto. Pero la diferencia está en hacer un correctivo con justicia y con razón; o hacerlo con rabia, orgullo, rencor o sentimiento de venganza. En el último caso se está juzgando (desde el corazón).

Entonces, se puede actuar con mucha determinación para corregir algo incorrecto o se pueden llegar a decir palabras fuertes; para enseñar o aleccionar. Pero si dichas acciones no salen de sentimientos difíciles de corazón, pues espiritualmente no se está juzgando. Ese es el caso de Jesús.

Es importante recalcar esto siempre,  porque el “no juzgar” no significa aguantar una situación inapropiada o dañina. Debemos siempre tomar las acciones correctas necesarias para remediar lo que no debe ser, pero con un corazón lo más limpio posible. 

El hecho de no entender esto, causa que muchas veces encontremos a personas sumidas en las peores situaciones, sintiéndose muy mal de corazón, pero calladas. Ese corazón con malestar está “juzgando a gritos”; nuevamente el silencio de la voz no sirve de nada. 

El concepto mal entendido del “no juzgar”, lleva a muchas personas a solo callarse y en esa actitud la vida se les va al traste, porque no consiguen la paz espiritual que esperan. En su corazón siguen juzgando. 

Por muy molesto que a veces pareciera Jesús enseñando y dejando las cosas claras, no evitó que su amor hacia nosotros y hacia Dios le permitiera aceptar su muerte en la cruz. Si de verdad nos hubiera juzgado desde su corazón, posiblemente hubiera vuelto a ejercer la carpintería dejando todo de lado (tonterías mías) 

Es muy fácil malinterpretar las enseñanzas espirituales sin la guía apropiada y el tiempo que se pierde es irrecuperable. 

Pero finalmente, ahora bien entendido el concepto operativo del juzgar, ¿es suficiente? 

Se darán cuenta de que no basta entenderlo. Posiblemente la actitud de no juzgar tal vez sea una consecuencia de un crecimiento espiritual, más que una tarea a realizar. 

Si bien debemos seguir haciendo el esfuerzo humano de quedarnos callados y no emitir juicios innecesarios; la cosa no se puede quedar allí. 

Nuestro esfuerzo real (en el caso de nosotros los cristianos) se debe centrar en seguir, en conjunto, las enseñanzas completas de Jesucristo. 

Es en esta práctica de vida correctamente operacionalizada con la que alcanzaremos un corazón cristiano. Un corazón, que más que esforzarse, simplemente actúa correctamente. Entonces, poco a poco, nos encontraremos no juzgando. 

Pero, si bien es importante “no juzgar”, no es lo único que debemos hacer. Debemos recordar el “Sermón del monte”; hay mucho camino que andar.

Namasté.

Pedro A. Gómez Ruzzo. 
Master Reiki Usui-Tibetano, Karuna Ki, Reiki Mineral
Original: 19 de julio del 2014.
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1 comentario:

  1. Gracias Maestro por sus enseñanzas. Que Dios le bendiga por siempre y que nos bendiga para conprenderlas y aplicarlas Feliz Día! Namasté. Jacque

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